BA-Metropolis am Brandenburger Tor el pasado 12 de febrero 2010

Berlín, ciudad de película

por • 17 febrero, 2017 • Cine, CULTURA, Festivales, ImprescindiblesComentarios (0)11508

Fotogramas de la capital alemana

La historia de Berlín, la historia de Alemania, aunque desconcertante, terrible, latente y desgarradora es fuente de inspiración para muchas disciplinas del arte entre las que se cuenta el cine. Servir de inspiración al arte es lo más hermoso que le puede pasar a los sucesos desafortunados que anegan la historia. Algunas películas de la cinematografía alemana que se han rodado o han convertido en protagonista a Berlín a través de unos escenarios a veces fácilmente reconocibles. Empieza la sesión.

BERLIN IS IN GERMANY

Producida en 2001 y premiada por el público en la sección Panorama de la Berlinale, es la primera película del director Hannes Stöhr (1970), uno de los más jóvenes y frescos del cine alemán actual también director de One day in Europe (2005) y Berlin Calling (2008, reflejo actual de la vorágine de la música electrónica en las noches y días de Berlín). Año 2000. Martin Schulz (Jörg Schüttauf), un berlinés del este, acaba de salir de la cárcel de Brandeburgo después de once años en presidio debido a un homicidio involuntario. El muro ha caído, el mundo ha cambiado. Incluso las calles de su Berlín ya no tienen el mismo nombre. Su dinero no vale. Su experiencia no cuenta.

Martin confronta el viejo y el nuevo Berlín viendo desde su burbuja cómo se perfila una nueva geografía mutante. En alguna parte tiene un hijo. Incluso una esposa que ha rehecho su vida. Poco más. Una tragicomedia realista que muestra un Berlín efervescente en continuo estado de ebullición arquitectónico. Un Berlín en construcción con muchas obras y grúas visto por un exconvicto sin oficio ni beneficio que se enfrenta al drama de la unificación alemana en busca de un empleo luchando por salir de la cápsula del tiempo en la que ha estado sumergido. Asistimos al drama real de un hombre sencillo mientras reconocemos la Fernsehturm, Frankfurter Tor, Pankow o la East Side Gallery desde el Trabis (coche prototipo de la RDA) de su amigo.

CORRE, LOLA, CORRE

1998, Tom Tykwer (1965). Éxito de taquilla en Alemania. Lola (Franka Potente), joven rebelde de padres ricos, tiene veinte minutos para conseguir los 100 000 marcos que su novio traficante de piedras preciosas, Manni (Moritz Bleibtreu), necesita para saldar una deuda pendiente y salvar su vida. Está rodada en tres bloques de veinte minutos, tres comienzos parecidos; tres finales completamente diferentes promovidos por pequeñeces, diferencias de detalles que transforman el desenlace. Efecto mariposa. Alle gute Sachen sind drei. Lo realmente excitante de la película no es el guion, sino su ritmo cinematográfico con poder de estimulación, una banda sonora acelera-pulso y un montaje frenéticamente perfecto.

Una contrarreloj combinada con pasajes de animación que agita el ritmo cardiaco mientras nos conduce por las calles de Berlín, aunque el itinerario, físicamente, no tenga sentido alguno. Lola sale de su casa en Albrechstr. (Mitte), corre por debajo de las vías de la línea U1 del metro (Kreuzberg), nos lleva a Oberbaumbrücke (Friedrichshain) para aparecer en Kochstr. y Gendarmenmarkt (Mitte), antes de llegar al Deutsche Bank Transfer (Museumsinsel) donde trabaja su padre, en realidad, a pocas manzanas de donde vive. En el plano sociológico, la película muestra muy bien estratos sociales muy vivos en Berlín a través del Penner (vagabundo) o el atuendo harapiento y descuidado de Lola.

CHRISTIANE F.

1981, Uli Edel (1947). Drama sobre los estragos de las drogas en la adolescencia. Del porro a la heroína. La película narra las peripecias de Christiane F. (Natja Brunckhorst), hija de un hogar roto, en la noche berlinesa, una ciudad todavía partida en dos. Arrastrada por la pasión (y las adicciones) de su novio chapero Detlev, termina enganchada a la heroína a finales de los setenta —apenas tiene catorce años—, cuando se ve obligada a prostituirse en los alrededores de la estación Zoologischer Garten para poder costearse el vicio.

El personaje está inspirado en la vida real de una chica nacida en Hamburgo, Christiane Vera Felscherinow, y residente, más tarde, de Gropiusstadt, Berlín. Una antiheroína enganchada a la droga homónima. Christiane acude a conciertos de David Bowie, a la discoteca Dschungel —emblemática de la época, foco de la escena glam-rock— y a los aledaños de la estación Zoo en busca de algo de dinero rápido con el que poder sufragar sus chutes diarios de heroína. La novela biográfica primero y la película equivalente después significaron un hiriente reflejo de los problemas sociales que germinaron en Gropiusstadt. En la calle donde se prostituyen los personajes de la película —Jebenstr.—, hoy casi limpia, está la Fundación Helmut Newton.

GOOD BYE LENIN!

2003, Wolfgang Becker (1954). Entre drama y comedia. Premio Ángel Azul a la mejor película europea en la Berlinale 2003. Oda a la Ostalgie y a los Plattenbauten en las inmediaciones de Karl-Marx-Allee y Alexanderplatz, donde viven los protagonistas. Otra vez el truco de desaparecer y aparecer en un nuevo mundo. Antes y después de la caída del muro. Octubre de 1989. La madre de Alex Kerner (Daniel Brühl), simpatizante activa de la RDA (a la sazón dirigente del Partido Socialista Unificado), se desploma y entra en coma cuando descubre a su hijo entre los disturbios de una manifestación anti-Honecker.

Cuando despierta, ocho meses después, el muro ha caído. Su salud es delicada y debe evitar sobresaltos. Alex intenta salvar a su madre haciéndole creer que todo sigue igual en Alemania oriental a pesar de los neones de Coca-Cola o la retirada del monumento de Lenin ante sus narices. Su apartamento sigue siendo una isla donde el comunismo permanece vivo. El padre huido y ahora con nueva familia, el affair entre Alex y la enfermera rusa de su madre, los falsos telediarios y la mentira piadosa efecto bola de nieve conforman la trama. Esta historia de adaptación primaria a un cambio brutal lleva banda sonora de Yann Tiersen, con música repetida de Amélie.

LA VIDA DE LOS OTROS

2006, Florian Henckel von Donnersmarck (1973). Ganadora de un Oscar a la mejor película extranjera en 2007. Asistimos a los últimos años de la RDA en Berlín Oriental —filón histórico para las artes cinematográficas— donde y cuando la Stasi tiene un poder sobrecogedor, ya corrompido. 1984. La Stasi (Ministerio de Seguridad Nacional que hace las veces de policía secreta) lo sabe todo sobre la vida de los otros. Detrás de cada interruptor hay un micrófono; detrás de cada puerta, un espía.

La película muestra el control de la Stasi en los círculos intelectuales de Berlín. Wiesler (convencido comunista y capitán de la Stasi, agente HGW XX/7) se alimenta de la vida de los otros, por eso es destinado a vigilar al escritor Georg Dreyman, afín al régimen, tan solo porque el ministro de cultura se ha encaprichado de su novia, la actriz Crista-Maria Sieland, quien cede a sus caprichos por miedo a desaparecer de los escenarios. Una confabulación que permite descubrir a Wiesler que su sistema está descompuesto, lo que le empuja a proteger a quien debe vigilar.

Así, el capitán de la Stasi se humaniza como un personaje literario malvado en el punto de giro de las novelas. La operación Lazlo se complica cuando un amigo de Dreyman sin esperanzas de volver a trabajar en su profesión en la RDA, se suicida. Dreyman escribe un artículo anónimo que pone de relieve el secretismo de la RDA respecto a la alarmante tasa de suicidios. Una película rodada en el corazón de Friedrichshain (es en Wedekinstr. donde vive Dreyman) que habla de ideales y convicciones rotas donde todavía hay lugar para algunos hombres buenos. Una película que muestra los entresijos abominables de la Stasi.

EL CIELO SOBRE BERLÍN

1987, Win Wenders (1945), mejor director en Cannes por esta película en 1987. Está calificada como poesía sobre la humanidad, para quienes sepan y puedan apreciarla. Damiel (Bruno Ganz) y Casiel (Otto Sander) son dos ángeles —solo perceptibles a la vista de los niños— que, como otros ángeles, escuchan los pensamientos de los mortales. Damiel, hipnotizado y seducido por las emociones que no puede sentir, por la sensibilidad humana, enamorado de una acróbata del circo Alekan, se convierte en humano renunciando a la inmortalidad angelical.

Rodada en blanco y negro (punto de vista de los ángeles) y color (visión humana), este drama poético ofrece travellings aéreos del Berlín de la RFA de finales de los ochenta. La Funkturm, Gasometer Schöneberg, Goldelse (símbolo de la película), el edificio de Zoologischer Garten con neón de Mercedes Benz en la azotea, el muro, la Biblioteca Estatal de Potsdammer Str. 33, fuente de conocimiento donde se instalan otros ángeles. Es la realidad de la RFA enfrentada a la historia de Alemania en un mundo donde los humanos son simplemente extras en una película. Es preciso destacar el cameo de Peter Falk (alter ego de Colombo) haciendo de sí mismo y a la vez de un ángel que ahora es mortal, mientras rueda una película de contenido nazi en Berlín. Reflexiones sobre la vida, la muerte, las tribulaciones del ser humano, lo banal, lo profundo, lo sensitivo, lo racional.

CABARET

1972, Bob Fosse (1927-1987). Ganadora de ocho premios Oscar. Aunque no es una película alemana, merece una mención especial. Musical americano, basado en el de Broadway, a su vez basado en los relatos de Christopher Isherwood, Goodbye to Berlin (1939), que recrea la realidad política y la decadencia nocturna del Berlín de 1931, cuando la sombra aciaga del nacionalsocialismo, en pleno auge, empieza a extenderse por la ciudad y el país.

Sally Bowles (Liza Minelli), una americana que se gana la vida como artista de cabaret en el Kit Kat Club —donde Joel Grey es el maestro de ceremonias y cuyo escenario sirve para ironizar sobre la espeluznante realidad social— que sueña con la fantasía infantil de ser una gran actriz, es en realidad una megalómana insegura, desconsiderada e inestable que dedica todos sus esfuerzos a llamar la atención; Bryan Roberts (Michael York), doctorado en filosofía por Cambridge, británico de ambigua sexualidad que trabaja en Berlín dando clases de inglés; y Maximilian (Helmut Grien), aristócrata bisexual, protagonizan un triángulo amoroso con final agridulce.

«Así soy yo, corazón. Sitios raros, amores raros. Soy una persona peculiar y extraordinaria», Sally dixit. Frivolidad de los personales ante la seriedad de la Historia. Porque la frivolidad es siempre necesaria. Se usan los acontecimientos históricos en detalles, carteles de propaganda, exaltación en himnos o elementos visuales (esvásticas) como pretexto político para la trama amorosa de la película. Cabaret quiere insinuar una ambigüedad sexual y una despreocupación noctámbula muy propias, todavía hoy (u hoy otra vez), de Berlín. Y aunque el Kit Kat de esa época ya no existe, nos quedamos con la letra de la canción que cierra el film: «¿De qué te sirve quedarte solo en tu cuarto? ¡Ven a escuchar la música en vivo!». Porque de la cuna a la tumba no hay una distancia tan larga.

EL GABINETE DEL DR. CALIGARI, EL ÁNGEL AZUL, METROPOLISESTANDARTES DE LOS ESTUDIOS UFA

El Gabinete del Dr. Caligari (1920, Robert Wiene) es junto con Metropolis (1927, Fritz Lang) —la película muda más cara de todos los tiempos y fracaso de taquilla que por poco hunde a sus productores— dos películas mudas rodadas en los antiguos estudios UFA —los más importantes de Alemania—, exponentes del expresionismo de los años veinte que caló hondo en Alemania, cuando este cine estaba tan equipado y avanzado como el de Hollywood, del cual fue serio competidor. Ahí también se rodó El Ángel Azul (1930, Josef von Sternberg), primera película sonora del cine europeo, plataforma de Marlene Dietrich. Sin embargo, la propaganda nazi y la Segunda Guerra Mundial acabaron con el esplendor de los estudios UFA; muchos cineastas como Fritz Lang o estrellas como Marlene Dietrich se exiliaron en Estados Unidos.

BERLÍN Y EL CINE

El primer rodaje de los hermanos Lumière —padres del cine— se estrenó en Berlín ante 1500 espectadores en sesión pública y comercial. Fue en el Wintergarten Varieté Theater, el 1 de noviembre de 1895. Los Estudios Babelsberg, antes UFA, (hoy abiertos al público junto al parque de atracciones temático Filmpark) no tenían nada que envidiar a los de Hollywood en los años veinte y treinta en cuanto a infraestructura e innovaciones técnicas. Después de la guerra llegaría La Berlinale —que este año celebra su 67.ª edición—: una de las muestras de cine que goza del prestigio de ser de las más significativas de Europa junto a Cannes, Venecia o San Sebastián.

El nuevo cine alemán de los setenta y ochenta unió en el Manifiesto Oberhausen (1962) a los cineastas alemanes Rainer Werner Fassbinder (Berlín Alexanderplatz, 1980), Werner Herzog, Win Wenders o Volker Schlöndorff (El tambor de hojalata, 1978, ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 1979 y basada en el best seller homónimo del premio Nobel alemán Günter Grass), para reanimar la cinematografía del país con un nuevo cine de autor: diferente, atrevido, ecléctico, con conciencia social que, en algunos casos, tomaba de musa a la ciudad de Berlín. Hoy, con la caída del muro casi digerida, el relevo del cine alemán está en manos de otros como el turco-alemán Fatih Akin (Gegen die Wand, Oso de Oro en 2004) o Hannes Stöhr. Berlín es sin duda una ciudad ideal para cinéfilos gracias a sus dos filmotecas: Arsenal (Potsdammer Str. 2) y Filmkunsthaus Babylon (Rosa Luxemburg Str. 30). Sin olvidarnos que siempre es posible viajar a la trastienda del cine en el Filmmuseum Berlin e incluso en el Museo de Cine de Potsdam.

Más en:

www.filmmuseum-berlin.de
www.filmmuseum-potsdam.de

Redacción Berlín Amateurs © 2010, revisado febrero 2013
© CAI

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