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El Berlín que desaparece III (2026)

Puentes cortados, clubs desalojados, parques vallados. No es solo gentrificación. Es otra cosa.

Berlín se nos escurre entre los dedos. Cada semana nos despertamos con una nueva noticia que parece sacada de un manual sobre cómo asfixiar a una ciudad. Ya no hablamos solamente de gentrificación; hablamos de cambios sin sentido, de destruirtejido urbano sin ni siquiera mejorarlo. La última: el inminente cierre de los puentes ferroviarios de Görlitzer Park.

Llevamos años escribiendo sobre el Berlín que desaparece. Lo hicimos en 2017, cuando la batalla por la Volksbühne puso en evidencia la fractura entre la ciudad creativa y la ciudad administrada. Lo hicimos en 2018, cuando Kreuzberg y Friedrichshain empezaban a parecerse demasiado a los barrios que la gente huía antes de llegar aquí. Ahora es 2026 y ya no podemos decir que va lento.

En los últimos meses se ha acelerado algo que lleva tiempo gestándose y que resulta difícil de nombrar con una sola palabra. No es solo gentrificación. No es solo especulación inmobiliaria. Es una mezcla de todo eso con desidia institucional, falta de visión y una incapacidad crónica para entender qué hace que esta ciudad funcione, y por qué tanta gente sigue eligiéndola para vivir a pesar de todo.

Un puente de unión

Esta semana ha salido a la luz algo que lleva meses cocinándose sin demasiado ruido mediático. La Deutsche Bahn ha cancelado el contrato con el Bezirksamt Treptow-Köpenick para las Görlitzer Bahnbrücken, los antiguos puentes del ferrocarril de Görlitz que conectan Görlitzer Park con Alt-Treptow. El contrato finaliza el 30 de junio de 2026.

Esos puentes los usa todo el mundo desde hace décadas. Quien va en bici de Kreuzberg a Treptow, quien lleva al niño al parque, quien vuelve a casa tarde, quien simplemente quiere cruzar sin subirse a un bus. Son un paso cotidiano que mucha gente da sin pensar, precisamente porque siempre ha estado ahí. Pues bien: van a cerrarlo.

La justificación es económica y técnica. El estado de los puentes, el coste del mantenimiento, la falta de acuerdo sobre quién paga y quién es responsable. Nada nuevo bajo el sol berlinés. Se han celebrado reuniones y se llegaron a ciertos acuerdos menores, se habló de estudios y de plazos, pero ahora llevan meses sin responder a las peticiones concretas de los distritos.

Mientras tanto, una iniciativa vecinal y Los Verdes organizan una manifestación y un pícnic el 28 de junio, y piden lo más básico: que no cierren el paso antes de tener clara la alternativa, que cualquier reforma se haga sin interrumpir el uso, con financiación garantizada y un calendario real.

No es un caso aislado: es un patrón destructivo

El drama de los puentes del Görli es otra gota más de las que colma el vaso, pero forma parte de un engranaje mucho mayor que lleva años operando. Es imposible no atar cabos y ver cómo las instituciones y los grandes propietarios están jugando con los espacios que dan color y vida a Berlín.

La amenaza de la Deutsche Bahn no es nueva y en la actualidad tiene en vilo a la comunidad artística y de artesanos en los BLO Ateliers.

El caso de RAW Gelände

En Friedrichshain, en Revaler Str., está RAW Gelände, un terreno de 85.000 metros cuadrados que fue el Reichsbahnausbesserungswerk, antiguo taller de mantenimiento de los ferrocarriles del Reich. En los últimos veinte años se ha convertido en uno de los centros culturales más conocidos del barrio: clubs, bares, un skatepark, un rocódromo, ateliers, proyectos de educación artística, colectivos de base. Más de un millón de personas lo visitan al año. Más de 80 proyectos trabajan allí.

El propietario de la mayor parte es Kurth Immobilien GmbH, que lleva años intentando construir: oficinas, un rascacielos, viviendas. Desde enero de 2026, varios clubs recibieron prohibiciones de funcionamiento: Cassiopeia, Weißer Hase, Crack Bellmer, Zum Schmutzigen Hobby, Lokschuppen. En junio las negociaciones entre el Senat y la Kurth-Gruppe colapsaron definitivamente. Algunos operadores recibieron notificaciones para desalojar antes de finales de mes.

El 19 de junio, miles de personas salieron a la calle desde Ostkreuz al RAW bajo el lema RAW FÜR ALLE Clubkultur erhalten, Freiräume schützen. La demo la organizó Slust e.V.; la apoyaron Die Linke, SPD y Los Verdes en el distrito. Una open air y una protesta al mismo tiempo (en Berlín esas dos cosas a veces son lo mismo).

La pregunta que nos hacemos muchos es simple: ¿para qué queremos más oficinas en plena crisis laboral? Berlín tiene uno de los mercados laborales más precarios de las grandes ciudades alemanas. Los salarios llevan años estancados. Los despedidos, los recortes en startups, la incertidumbre del sector tecnológico. ¿A quién están pensando alojar en esas oficinas? ¿Y para qué un rascacielos más?

Zirkus Mond y Jonny Knüppel

En Prenzlauer Berg, junto a las vías del S-Bahn en la Greifswalder Str., hay una parcela que durante años fue tierra de nadie. La encontró el colectivo del Jonny Knüppel, que había tenido que irse de Kreuzberg, y poco a poco se fue llenando: un club, el Zirkus Mond, ateliers, el Disko Babel. Ocho años de circo contemporáneo, de colectivos que no tendrían sitio en ningún otro lugar, de fiestas solidarias y funciones para niños los domingos.

A finales de año tienen que irse. El propietario, Christian Gérôme, compró el terreno hace unos diez años por 800.000 euros –hoy una cifra que parece de broma– y quiere construir 400 apartamentos, una tercera parte con protección social, el resto entre 15 y 20 euros por metro cuadrado.

Max Mohr, director del Zirkus Mond, lo dice sin dramatismo: no es un casero malvado, es simplemente alguien que quiere construir. El problema es que no hay alternativa. El distrito no tiene parcelas disponibles. La ciudad tampoco busca ninguna.

El Zirkus Mond quiere irse a Tempelhofer Feld, ese otro espacio en permanente amenaza. Pero eso ya es otro artículo.

Y no solo eso, a veces es simplemente abandono tras la destrucción. Hacen desaparecer lugares y ni siquiera es para ofrecer algo mejor. El mítico Watergate cerró sus puertas tras su última Nochevieja. Hoy, en lugar de un club de largo recorrido y reconocimiento a orillas del Spree, lo que queda es un rincón que se deteriora a pasos agigantados, acumulando basura y sirviendo de refugio precario para personas sin techo.

No hace falta ser fan del techno para entender lo que significa ese edificio vacío. Hace falta ser vecino de esta ciudad para que te pese.

El fiasco político frente a las necesidades reales

Mientras perdemos nuestras rutas y espacios culturales en los barrios, el Senado de Berlín y las autoridades derrochan recursos en batallas estériles. El mejor ejemplo reciente es el bochornoso fiasco de la valla del Görlitzer Park: una inversión millonaria de dinero público y energía política para intentar tapiar un problema social por las noches, solo para que la justicia acabe paralizando el despropósito.

No es solo gentrificación.

La gentrificación tiene una lógica, aunque sea dura: llega el dinero, sube el precio, se van los que no pueden pagar. Es injusta, pero al menos tiene una coherencia interna.

Lo que está pasando ahora en Berlín es diferente. Es más confuso y, en cierta forma, más desolador.

Es gastar dos millones de euros en una valla que luego tienes que dejar abierta por orden judicial. Es dejar que la Deutsche Bahn –empresa pública– cierre puentes que usa todo el mundo desde hace décadas y pase meses sin responder a los distritos. Es dejar que los espacios que cerraron se deterioren sin un plan alternativo. Es dejar que colectivos construyan durante años lo que la administración no es capaz de hacer –espacios culturales, comunidad, tejido social– y luego no mover un dedo cuando tienen que irse.

¿Para quién se está rediseñando esta ciudad? No es para nosotros. No es para los vecinos que apenas llegamos a fin de mes, ahogados por una inflación creciente, una precariedad cada vez más notoria y unos salarios que llevan años estancados. Se levantan pisos de lujo inalcanzables y oficinas innecesarias mientras se nos arrebatan los espacios verdes y lugares que conectan y dan forma a los barrios.

Berlín para los berlineses, sean de donde sean

Quienes habitamos Berlín estamos cansados. No queremos más “proyectos de revalorización” que nos expulsan. Queremos facilidades, queremos comunidad, queremos calidad de vida. Queremos seguir teniendo esos espacios por los que un día vinimos a esta ciudad y por los que decidimos quedarnos. Al fin y al cabo, somos los ciudadanos quienes le damos color a Berlín y quienes la hemos convertido en lo que es hoy, pero las políticas actuales nos están dejando sin aire.

Queremos facilidades, no obstáculos. Queremos comunidad, no especulación. Queremos calidad de vida real, no promesas de desarrollos urbanísticos que solo benefician a quien ya tiene dinero.

La plataforma ciudadana por la salvación de los puentes del Görli exige transparencia, una sanación estructural con el puente abierto y un concepto de financiación interdistrital. Desde aquí nos sumamos a su demanda: es una cuestión de voluntad política. El tejido social de Berlín tiene que plantarse. Es hora de salir, ocupar nuestros espacios y recordarles que esta ciudad es, y debe seguir siendo de todos sus habitantes.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

🔥 “¡RAW para todos!” – Manifestación contra el cierre del RAW Gelände
Cuándo: Miércoles, 24 de junio de 2026 a las 14h.
Dónde: Frente a las oficinas del Grupo Kurth (Kurfürstendamm).
Detalles: Músicos, políticos e iniciativas culturales exigen que Cassiopeia y los demás espacios sigan vivos bajo el lema “RAW für alle”. Habrá programa de conciertos en directo.

🌳 Picnic Reivindicativo – ¡Salvemos los puentes del Görli!
Cuándo: Domingo, 28 de junio de 2026.
Dónde: Görlitzer Bahnbrücken (entre Görlitzer Park y Alt-Treptow).
Detalles: Una jornada de ocupación pacífica y vecinal para exigir al Senado que el paso peatonal y ciclista no se cierre.

🎪 Zirkus Mond sigue actuando los viernes, sábados y domingos en Prenzlauer Berg, mientras pueda.

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