Entre las vías del tren y los antiguos edificios industriales de Lichtenberg se esconde uno de esos lugares que muchos berlineses conocen, pero que pocas personas han recorrido realmente. Detrás de una discreta verja en Kaskelstraße se encuentra BLO Ateliers, una comunidad creativa levantada sobre las instalaciones del antiguo depósito ferroviario Berlin-Lichtenberg Ost, del que toma su nombre. Desde 2004, este espacio acoge talleres, estudios, locales de ensayo, proyectos comunitarios y actividades culturales en un recinto de más de 12.000 metros cuadrados.
A primera vista podría parecer otro conjunto de ateliers para artistas. Sin embargo, basta pasar una tarde allí para entender que BLO es mucho más que eso.
Un pequeño universo detrás de las vías
El recinto no está formado por un único edificio, sino por varias construcciones repartidas entre jardines, caminos y antiguas infraestructuras ferroviarias que todavía conservan huellas de su pasado industrial.
Actualmente, alrededor de 90 personas desarrollan aquí su trabajo en disciplinas muy diversas: desde escultura, fotografía y diseño hasta construcción de bicicletas, metalurgia, escenografía, música, carpintería o producción audiovisual.
Pero limitar BLO al ámbito artístico sería quedarse corto.
Entre sus edificios también conviven asociaciones culturales, colectivos migrantes, proyectos vecinales, músicos, artesanos y organizaciones comunitarias. Durante nuestra visita encontramos desde un coro vasco de reciente creación hasta asociaciones culturales, creadoras latinoamericanas y espacios dedicados a actividades abiertas al barrio.
La comunidad hispanohablante, de hecho, tiene una presencia especialmente visible en distintos rincones del recinto.
De ruina ferroviaria a espacio comunitario
Cuando el colectivo que hoy gestiona BLO llegó al lugar hace más de veinte años, la situación era muy diferente.
Gran parte de las instalaciones se encontraban abandonadas y muchos edificios estaban deteriorados. A lo largo de los años, quienes trabajan allí han ido rehabilitando los espacios poco a poco, invirtiendo tiempo, recursos y trabajo voluntario para convertir una antigua infraestructura ferroviaria en uno de los espacios culturales independientes más singulares de Berlín.
Un ejemplo reciente ilustra bien ese esfuerzo. Tras un informe técnico que detectó problemas de seguridad en las instalaciones eléctricas, varios edificios tuvieron que cerrar temporalmente. La reforma necesaria ascendía a unos 180.000 euros. Parte de la financiación llegó a través de ayudas públicas y otra parte fue asumida por la propia asociación gestora.
Para quienes forman parte del proyecto, esta inversión demuestra algo importante: BLO no es un espacio abandonado que simplemente ocupa un vacío urbano, sino un lugar que ha sido cuidado, mantenido y desarrollado durante décadas por su propia comunidad.
El gran interrogante: 2027
Sin embargo, el futuro sigue siendo incierto.
El terreno pertenece a Deutsche Bahn y el contrato actual finaliza en mayo de 2027. Aunque recientemente se alcanzó un acuerdo que permite la continuidad temporal del proyecto, todavía no existe una solución a largo plazo.
La preocupación no afecta únicamente a quienes tienen allí un taller o un estudio.
La posible desaparición de BLO abre una pregunta más amplia: ¿qué ocurre con Berlín cuando desaparecen los espacios culturales asequibles?
En los últimos años, la ciudad ha visto cómo aumentan los alquileres, desaparecen espacios independientes y resulta cada vez más difícil encontrar lugares donde desarrollar proyectos culturales, asociativos o comunitarios fuera de los circuitos comerciales.
Por eso, para muchas personas, la discusión sobre BLO no tiene que ver únicamente con un conjunto de ateliers. Tiene que ver con el tipo de ciudad que Berlín quiere ser en el futuro.
Un verano para abrir las puertas
Quizá por esa incertidumbre, este verano BLO ha decidido mostrarse más que nunca.
El recinto seguirá acogiendo conciertos, exposiciones, talleres, encuentros vecinales y actividades organizadas por las distintas comunidades que lo habitan. La histórica Kantine —antiguo comedor ferroviario reconvertido en espacio cultural— continúa siendo uno de los puntos neurálgicos del proyecto, con conciertos, proyecciones y eventos de todo tipo.
Además, el 13 de junio celebran su jornada anual de puertas abiertas bajo el lema Tag der offenen Zukunft (“Día del futuro abierto”), una invitación a recorrer los talleres, conocer a quienes trabajan allí y descubrir todo lo que ocurre detrás de estas antiguas instalaciones ferroviarias. La programación incluye arte, música, talleres, actividades infantiles, comida y visitas a distintos espacios del recinto.
Desde Berlin Amateurs hemos querido acercarnos a esta comunidad para conocerla desde dentro. Durante las próximas semanas publicaremos una serie de entrevistas con algunas de las personas que desarrollan aquí sus proyectos, entre ellas la artista chilena Rommy González, Miri de The Allers, el artista venezolano Zoltan Kunckel y otras voces que forman parte del día a día de BLO.
Porque más allá de los edificios, las vías y los talleres, la verdadera pregunta sigue siendo la misma: ¿qué perdería Berlín si espacios como este dejan de existir?







