Pelicula Neruda - Cartel

«Neruda», la última película de Larraín llega a los cines

por • 20 febrero, 2017 • Actualidad, Cine, CULTURAComentarios (0)3033

Neruda, la última película de Pablo Larraín, se estrena en las pantallas alemanas el 23 de febrero de 2017. A su paso por Berlín tuvimos la oportunidad de charlar con él y uno de sus protagonistas, Gael García Bernal

Acostumbrados como estamos a biopics que relatan eventos y la vida de una persona con  minuciosidad y realismo, Neruda resulta, de primeras, bastante desconcertante. Su director, el chileno Pablo Larraín, y uno de sus protagonistas, el actor Gael García Bernal, visitaron la capital alemana para presentar la película sobre el poeta chileno.

Poeta, amante de la cocina y el buen vino, aficionado a las novelas policiacas… y miembro activo del partido comunista, quizá sea imposible capturar la enormidad de un personaje que ya a los veinte años era un escritor de masas. De hecho, cuenta su director que al principio del proceso se dieron cuenta de «que a Neruda dentro de una película no le puedes meter». Por ello, este biopic no trata sobre la persona si no sobre su universo: “Es una película neurodiana, sobre su cosmo”, aclara Larraín.

Interpretado en la película por el actor chileno Luis Gnecco, la historia narra los meses de la persecución política y la época en clandestinidad del poeta tras ser desaforado como senador tras sus críticas al gobierno de González Videla en 1948. En la película, Neruda es perseguido por el policía Óscar Peluchoneau, al que da vida el mexicano Gael García Bernal. La historia gira a través de su mirada, a través del punto de vista y de la voz en off de este personaje.

La primera vez que yo escuché a Neruda recitar un poema suyo… es un bajón. Realmente a mí me sacó un poco de onda. Fue gracias a Youtube. No lo puedo creer, esa voz tan aguda, esa cosa que hacía…
Gael García Bernal

Es ese esqueleto, ese guion escrito por el dramaturgo Guillermo Calderón, el que lleva el peso de la película. Menciona Larraín que piensa en el rodaje y se cansa. Y es que su cámara no para de moverse persiguiendo diálogos rápidos y monólogos interminables; nos muestra las debilidades y los traumas, las esperanzas y las ansias tanto del poeta  como de su perseguidor. Se mueve al ritmo y la fuerza de Canto General, la obra poética que compuso durante ese periodo. Pero, sobre todo, sus paradojas. La lírica de Calderón va adentrando al espectador en un juego del ratón y el gato, en esa especie de romance entre sus protagonistas en el que uno acaba perdiéndose y del que acaba, como ellos, sintiéndose un simple peón de la lírica y de la imagen: de esta ficción y de la poesía transformadora de Neruda.

En el discurso que dio al recibir el Nobel de Literatura, el poeta chileno dedica una parte importante a ese viaje de escape por los Andes, a ese periplo que no sabe si lo vivió o lo escribió, si fue verdad o poesía. La puesta en escena también nos transporta a la manera de entender el mundo de ese poeta. «No hay reglas, hay una escena en la que tiene lugar una erupción narrativa a partir de elementos que son más inconscientes y que en el fondo le dan una lectura más literaria a lo que está pasando”, comenta Larraín, quien añade que «además pasa otra cosa, que es maravillosa, que es que cuando tú repites mucho la escena y los actores se cansan. Y no hay nada mejor que un actor cansado porque le da naturalidad, belleza a las palabras: porque se despreocupa de ellas, se hacen mas frágiles». Como es habitual en las producciones de Larraín, la luz también adquiere protagonismo: la película está bañada por el color lila en referencia a los dos tonos más importantes para el poeta: el azul —del mar— y el rojo —del comunismo—.

Y además fue  un poeta que capaz de describir una región que quizá ha sido definida por nuestros poetas mejor que por nadie más. Cuando te das cuenta de que esa enormidad del personaje no lo vas a poder capturar, dado lo vasto y extenso, es muy liberador hacer una película así. Es como ir a casa de Neruda y jugar con sus juguetes
Pablo Larraín

Pero hay más. Neruda es además una metaficción. En palabras de su director: «Es una película sobre películas». Y también un film que ha generado controversia, sobre todo en su tierra natal, debido a la visión que la película presenta sobre el poeta, hasta el punto de desmitificarlo. Y aunque su director comenta que esa no es su intención y que lo que le interesa es «navegar con esos materiales y ver cómo esos materiales son trabajables desde el cine», lo cierto es que su filmografía se centra en realidades complejas de la sociedad chilena, con un fuerte componente político pero tomando un punto de vista narrativo aún no explorado. «Creo que nosotros lo que queremos es cambiar ciertas cosas, queremos tener un mensaje pero lo que hacemos es esconderlo en la película. Queremos que la película exude ese mensaje», añade su creador. O como lo explica Gael García Bernal, quien ya trabajó anteriormente con Larraín en No: «El cine de Pablo es el de la reconciliación. Porque hace las preguntas terribles y también expone esas preguntas. Te obliga como espectador  a involucrarte en la creación de esa respuesta, en la que caben  todos los puntos de vista».  Y Neruda, al final es eso.

Ana Galán para BA © febrero 2017

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