Yuli - Pelicula de Iciar Bollain - Carlos Acosta

Estreno de «Yuli» en Alemania: entrevista con Icíar Bollaín, directora del film

por • 17 enero, 2019 • Actualidad, Cine, CULTURA, ImprescindiblesComentarios (0)1140

La directora española Icíar Bollaín ha visitado la capital alemana para presentar su última película, Yuli, sobre la vida del bailarín cubano Carlos Acosta. Nos reunimos con ella para hablar de la película, el talento y el arte.

Berlín Amateurs: Al ver la película nos da la impresión de que el éxito de Carlos Acosta es un éxito agridulce…

Icíar Bollaín: Igual la película da esa impresión. Lo que pasa que se centra mucho en la relación con su padre y luego hay toda una carrera profesional de éxitos que aparece en cinco minutos de baile en los que se resumen veintitantos años de vida profesional. Él es una estrella en el Reino Unido, tiene su propia fundación, su propia compañía, una escuela… O sea, que es un hombre que cuando le han preguntado esto en las ruedas de prensa, si valió la pena, él dice que sí, lo que pasa que es cierto que tuvo una infancia muy dura.

Hay cosas trágicas en la historia de Carlos, pero era un niño muy querido y él recuerda su infancia, seguramente idealizándola, porque era un momento en los ochenta en Cuba en el que había poco pero para todos, una gran solidaridad con los vecinos… Nosotros hemos hecho hincapié para contar una historia, en lo que ha marcado a la persona, el amor de su padre, pero también la violencia de su padre, el amor por Cuba, aunque también situaciones tristes que vivió su familia.

Creo que es una película luminosa que pone en valor muchas cosas también. Se incide mucho en el sacrificio, pero las películas de éxito son mucho teatro lleno, pero cómo se llega allí, se ve el salón de ensayos, el sudor y otra manera distinta de contar las cosas.

BA: ¿Qué te movió a hacer una película sobre su vida?, ¿por qué él?

IB: En realidad, el proyecto le llegó a Paul Laverty. Carlos y la productora británica llevaban tiempo con ganas de hacer una historia, había un guion, pero no les gustaba y entonces llamaron a Paul, con quien había quedado en hacer la próxima película juntos después de El olivo. Entonces Paul les propuso que entráramos yo en la dirección y él en el guion; les pareció muy bien y leímos la biografía de Carlos. Me pareció que era un personaje muy peculiar por tantas cosas; no había razones para no hacerla, toca muchas cosas.

Siento una relación con Cuba muy cercana. A Paul le pillaba más de lejos, pero a él le deslumbró ese viaje de ese bisnieto de esclavos que acaba en el corazón de Londres bailando el primer Romeo negro. Las historias humanas con política detrás a Paul le pareció alucinante. Ese padre camionero, se autoenseñó porque él comenzó a trabajar a los nueve años, en medio de ese barrio, donde lo más improbable del mundo es que quisiera que su hijo bailara; hay cosas en la vida de Carlos que son muy especiales.

BA: El padre vive en su pasado, en su historia mezcla de mito, leyenda, verdad. Hay una parte de la película en la que se ve cómo la historia desdibujada, aún sin saber cómo fue de verdad, tiene ese valor de realidad, y eso es muy típico de la oralidad. La historia que no escribieron, sino que se contaron…

IB: Sí, es la que se contaron… hay muy pocas escritas. Paul y yo leímos un libro impresionante de un esclavo que había vivido la esclavitud y la liberación, impresionante, en su propia voz. Historia de un cimarrón. Creo que es una larguísima entrevista con un cimarrón que vivió la esclavitud y se escapaba y tiene un lenguaje que cuesta leerlo de tan cerrado, cubano, con tantas expresiones de época, que habla de las distintas razas dentro de los esclavos, de cómo se consideraban a unos y a otros. Entre sí, tampoco se entendían; venían de distintos lugares de África.

BA: Has utilizado la mitología en Te doy mis ojos. ¿Querías aprovechar el nombre del guerrero Yuli para indicar la idea mitológica de que no puedes escapar de tu destino? A Acosta la condición de obligación que tiene su destino se convierte en un camino al que pertenece, como de aceptar el destino que uno tiene…

IB: Sí, pues la verdad es que no lo había pensado en esos términos. La mitología en Te doy mis ojos me llamó la atención porque está llena de violencia hacia las mujeres, todo son cuadros como El rapto de las sabinas, la violación de no sé qué… Todos son dioses que quieren tirarse a las diosas, las semidiosas o las mortales, a todo lo que se le pone por delante y lo hace muchas veces con engaños, con violencia, y me dije que ya llevábamos con esa violencia muchos siglos.

En este caso, más que el destino, creo que es el talento, que puede ser como una especie de condena. A mí me gusta mucho cuando dice “el maldito talento que me sacó de mi casa”. Es curioso porque cuando alguien tiene talento todo el mundo le dice que tiene que hacer algo con ese talento, pero a veces la persona quiere hacer otra cosa. Entonces el talento como que te obliga, pero también hay una historia muy bonita en la historia de Carlos que intentamos mostrar en esa escena de Carlos niño bailando bajo la lluvia donde él hace clic.

Porque yo le decía a Carlos que por mucho que te obliguen a hacer algo, hay un momento en que tú quieres o eso no ocurre. Y él me dijo que fue allí, en Pinar del Río, donde se dio cuenta de que no era bueno en nada. En lo único que era bueno era en el baile, y se lo llevaban diciendo años ya. A mí lo que pareció bonito es que a pesar de estar solo sin su familia, lo cual era una cárcel, lo convirtió en su refugio, y él lo dice en su libro. Yo creo que el arte es muy terapéutico; tanto hacerlo como verlo.

BA: Has tocado mitología, pintura, danza, música, eres multidisciplinar… ¿Bebes de todas las artes?

IB: El cine tiene una cosa que es todas las artes juntas. Los directores de fotografía hablan de pintura para hablar de luz o de pintura. El cine roba eso, el cine lleva música, lleva movimiento. Nunca había tocado el baile, y ha sido alucinante. Al contar la historia de un bailarín, y al ver a Carlos con su compañía, quisimos contar algo con baile también. Fue algo muy nuevo para todo el equipo.

BA: Has hablado del sacrificio del talento. Como creadora, ¿has pasado por procesos dolorosos para crear tus películas?

IB: Sabes qué pasa, que yo no me siento artista; yo me siento trabajadora. Tal vez soy artista, no lo sé (risas). Este es un trabajo muy delicado, muy sutil a veces. A veces funcionas con intuición; otras con certeza, otras de oficio, porque ya llevo unos años en esto. Pero sobre todo con rodearte de buenos profesionales. En esta película hay unos profesionales espectaculares, y al final es un trabajo de equipo. La guía, la dirección, la llevo yo, pero estoy haciendo un trabajo de equipo con una gente como Alberto Iglesias, María Rovira, el director de fotografía Alex Catalán… que tú tienes que dirigir, pero que todo el mundo está aportando un montón. Supongo que somos artistas, pero me parece una palabra un poco presuntuosa.

BA: Alguna vez has dicho que te sentías sola en la industria del cine como mujer. Has comentado que te sale natural crear. ¿Qué le dirías a las mujeres que tienen pocas referentes y que no saben por dónde empezar?

IB: Pues le digo lo mismo que a los chicos. Lo único que las mujeres tienen que ser más pesadas todavía que los chicos. Para dirigir tienes que ser muy pesao, porque en realidad no pasa nada si no diriges. La vida sigue, el mundo no se cae. Entonces tienes que empeñarte mucho, tienes que perseguirlo y tienes que hacerlo, y esa es la otra cosa, que tienes que hacerlo.

Hay una idea de que tienes que hacer un largometraje en el cine, y hay mil maneras de contar historias más pequeñas. Y ahora es más fácil incluso que cuando yo empecé, porque antes hacíamos cine de película, de negativo. Necesitabas una cámara, el carrete, revelarlo… Y ahora mismo es mucho más fácil, basta con el mismo móvil. Hay mucho más medios, puedes abrirte un canal de YouTube y por lo menos a tu familia se lo puedes mostrar (risas).

Antes tenías que alquilar un cine para ver un corto. La única manera de aprender a hacer cine es haciéndolo, y yo empecé haciendo cortos entre amigos con una pequeña productora y en equipo porque es la manera de hacer cine. Si quieres contar cosas, cuéntalas. Y con eso como tarjeta de presentación, aunque sea breve, podrás abrirte camino para contar cosas más largas.

BA: ¿Cuál es tu relación con esta ciudad, con Berlín?

IB: Tengo una relación indirecta pero muy presente en mi vida porque tengo una hermana gemela que vivió once años en Berlín. Entonces yo no, pero como lo ha hecho mi gemela, tengo la sensación de que tengo mucha familiaridad con Berlín; he venido a visitarla a lo largo de los años. Ella estudió aquí canto y dirección de escena y trabaja de ello; es profesora. Ahora ha vuelto a España. Venía hoy andando por Kreuzberg y pensaba: «Qué valor tuvo mi hermana que se vino aquí con veintipocos años, ella sola a esta ciudad y se echó palante».

Ahora hay muchos más españoles; en aquella época había muy poquitos. Berlín me parece una ciudad fascinante. Al darme una vuelta por Kreuzberg he dado con el museo Topografía del Terror. Me ha impresionado que en muchos carteles que rememoraban la acción de la Gestapo, el Tercer Reich, ponía: “Esto no habría sido posible sin el apoyo de los ciudadanos”. Aquí se revisa la historia con el mea culpa. En España lo tenemos todo sepultado y me parece alucinante cómo se afronta aquí.

YULI, EN CINES DESDE EL 17 DE ENERO

www.yuli-der-film.de

Belén Lucas para BA © enero 2019

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