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Tag des Sieges: Día de la Victoria en el Memorial de Treptower Park de Berlín

El 9 de mayo es el día grande de Rusia en Berlín. Hace 73 años que la Alemania nazi firmó finalmente la rendición incondicional ante la Unión Soviética y los aliados. Fue el 8 de mayo a las 22:43 hora europea y a las 0:43 hora de Moscú. La jornada se conmemora en el Memorial de Treptower Park, donde yacen los restos de 5000 soldados del Ejército Rojo presididos por uno en bronce que protege a una niña y sostiene una espada sobre una esvástica destruida. La escultura tiene 12 metros de altura y pesa 70 toneladas. Es la contundencia con la que la propaganda soviética quiso recordar al mundo su papel de libertador.

Rusia fue el primer país en número de víctimas a causa de la Segunda Guerra Mundial con 26 millones de muertos. Algunos cayeron durante la batalla final en Berlín, al máximo agónica, destructora, y hasta suicida por culpa de la prohibición de rendición de Hitler. Por ello, la jornada conmemorativa es cada año una multitudinaria y sentida fiesta. Suena chocante que tenga lugar muy céntrica, en las narices de los propios alemanes: nietos o hijos de los derrotados, también muertos, o cercanos a tantas mujeres víctimas de salvajes violaciones, por unos soldados tan embrutecidos como borrachos de victoria.

Decoran la celebración canciones, del frente o patrióticas, en un karaoke de mujeres, claveles y rosas rojos, banderas de antaño con la hoz y el martillo o de la Rusia putiniana; discursos antibelicistas o incluso sobre teorías bizarras de la conspiración; abueletes vestidos de coronel, niños de soldado raso, fotos de los familiares desaparecidos y combatientes; y hasta algún chupito de vodka con arenque sobre pan y un cigarro, mimosamente depositados en las escaleras bajo las botas de la escultura.

Hay conciertos antifas y mucho romántico de la idea comunista, familias de pícnic con su ensaladilla de pepino, y algún que otro huevo de Fabergé, glorificados por los zares de Rusia como símbolo del poder imperial. Antes de hacer la cola para entrar a la sala del mosaico patriótico bajo el soldado de bronce, se alzan tributos de coronas oficiales de embajadas de la extinta URSS (excepto la ucraniana), del estado alemán e incluso de la asociación nacional de judíos.

Hicimos fotos a las bellas rusas residentes, muchas madres, alguna bailarina, hijas o esposas de un alemán, estudiantes de paso por Berlín, o incluso con pinta de finas y nuevas ricas, amantes del lujo y un escote al estilo de la Quinta Avenida. Nostalgias aparte, ese ideal fallido que fue el socialismo de Stalin se supera hoy, tal y como muestran las imágenes, con una celebración de estética variopinta y, sobre todo, muy pacífica.

Texto: Lara Sánchez para BA © mayo 2016, revisado 2018
Fotos: Paco Neumann para BA © mayo 2016
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