Admiralbrücke berlin

10 puentes imprescindibles de Berlín

por • 15 febrero, 2019 • Aire libre, Arquitectura, CULTURA, Historia, ImprescindiblesComentarios (0)17741

Una selección

En la concisión de un puente reposa cierta o bastante ambigüedad. Un puente puede usarse tanto para conectar como escindir. Los puentes de Berlín han servido para unir y también para separar. Han sido utilizados de enlace y de barrera. En una ciudad multicultural como la que nos ocupa, hoy en día Berlín vale para sus gentes igualmente de conexión como de frontera, donde a veces los únicos puentes que enlazan culturas son solamente aquellos que comunican sus barrios por encima de ríos, canales, calles o vías de tren.

En Berlín hay unos 1700 puentes. Más que en Venecia, se jactan en proclamar desde el departamento promotor de la ciudad. Las renovaciones más sonadas se llevaron a cabo a mediados de los ochenta, para que la culminación de las obras coincidiera con el 750.º aniversario de la ciudad, en 1987. La versión de los puentes de Berlín que conocemos hoy es fruto de aquella iniciativa.

Si buscas un rincón de la ciudad propicio para reducir tus pesares a sus elementos más escuetos; ideal para un pícnic, un suicidio, un asesinato, un accidente mortal o una declaración de amor sellada con un candado grabado con dos iniciales; para hacer rebotar piedras sobre el agua tipo Amélie Poulain en el canal Saint-Martin; para atenuar los temores que por todas partes te acosan o simplemente para alongarte y ver tu reflejo en diferido, este es tu artículo.

1. Oberbaumbrücke

Su origen se sitúa en 1732, cuando era un pasadizo a base de troncos de madera, de ahí el nombre. Acabado en 1896, este puente diseñado por Otto Stahn une y separa a Kreuzberg de Friedrichshain. Dos barrios, un distrito. Oberbaumbrücke, el puente más hermoso, más largo (160 metros) e importante de Berlín, encierra atrocidades vinculadas al horror, a la aberración y a la muerte: durante la vigencia del muro constituía uno de los pasos fronterizos. Checkpoint Oberbaumbrücke solo podía ser cruzado a pie. Ahora es apto para vehículos, peatones y tren suburbano. Incluso Lola corrió por aquí en la película homónima.

Restaurado en 1994 por Santiago Calatrava, Oberbaumbrücke —de estilo gótico y apariencia de puerta amurallada— es hoy flanqueado por clubs de culto como Watergate, la discográfica Universal, MTV y la East Side Gallery. Supone un verdadero símbolo de la unidad. Lo atraviesa una calzada de doble dirección con dos carriles cada una, y por encima, la línea U1 del U-Bahn. Una instalación de neón (piedra-tijera-papel, de Thorsten Goldberg) denuncia la arbitrariedad de las autoridades en materia de inmigración durante la Guerra Fría. Abierto al tráfico peatonal en 1994, sobre Oberbaumbrücke realizan sus primeras actuaciones músicos callejeros mientras un público aleatorio aprovecha que nadie mira para mear en cualquier recoveco, atraído por el aroma de otros pioneros en menesteres tales.

2. Admiralbrücke

Antes conocido como Badbrücke, es el puente de hierro de estilo modernista más antiguo del Landwehrkanal, Kreuzberg. Por aquí llegó a pasar el tranvía a principios del siglo XX. En estos 19 metros de largo transcurren las escenas veraniegas más pintorescas, poéticas y grotescas de la ciudad: gente sentada bebiendo al sol, casi interrumpiendo el tráfico con su concurrencia; la improvisación de grupos musicales igualmente improvisados; gaznates sedientos de cuerpos lánguidos y aletargados a lo largo y ancho del puente; parias recogiendo cascos de botellas vacías en pos del codiciado Pfand; las terrazas abarrotadas como la del mítico restaurante Casolare; los cisnes; los chicos guapos haciendo jogging que, estratégicamente, siempre cruzan precisamente por aquí (sehen und gesehen werden…); los barcos y la puesta de sol.

Finalizado en 1882, conecta Fraenkelufer con Planufer y además está conservado como monumento. Las farolas del medio simulan los candelabros naturales con los que contó en sus inicios. Las frecuentes quejas contra el bullicio propiciaron una ordenanza que, desde 2010, obliga su desalojo a partir de las 22 horas y que no muchos respetan.

3. Gerickesteg

Al ver desde el S-Bahn las maxifarolas que flanquean las cuatro esquinas de este puente, inevitablemente uno recuerda el modelo de Albert Speer que cualquiera reconoce en Karl-Marx-Allee. Quien no haya considerado bellas o al menos curiosas estas farolas, definitivamente ha sido privado de la sensibilidad de la que presumen los verdaderos estetas. Farolas que antes de la guerra eran modernistas y de gas, sustituidas después por estas más sencillas y modestas. Es una pasarela peatonal sobre el Spree que cuenta con cinco metros de ancho y 52 de largo.

Gerickesteg data de 1915 y lo firma Bruno Möhring. Reconstruido después de la segunda debacle (1950), fue uno de los cuatro puentes que se crearon para conectar Bellevue con los accesos al S-Bahn. En un principio se llamó Bellevuesteg hasta que en 1926 se lo bautizó con el nombre que tiene hoy, que honra la memoria de Wilhelm Gericke, director de orquesta austriaco. Tanto en su escalinata de acceso construida en cemento y granito como en las orillas adyacentes, lo mismo pega leer una de esas novelas escuetas —culpables de cinismo— de Amélie Nothomb como cualquier cosa tétrica de Henry James.

4. Moltkebrücke

Más que un puente, parece una fantasía extravagante a la que es muy difícil resistirse. Este puente de piedra permite el acceso entre la Estación Central (Hauptbahnhof) y la Cancillería (Bundeskanzleramt) después de recorrer sus 77,6 metros por encima del Spree. A pie o en coche. Usado como trinchera en la Segunda Guerra Mundial, fue reedificado en 1947 y hace ya algún tiempo que alcanzó el rango de monumento. Levantado entre 1888-1891, conmemora a Helmut von Moltke, jefe del Estado Mayor Prusiano, y también es autoría de Otto Stahn.

La expresividad y ese aire de cómic trágico de sus característicos busto-relieves en piedra roja-casi-rosa solo es comparable a los mosaicos de mármol del Duomo de Siena. De hecho, se les denomina joyas esculturales de la era Guillermina (Skulpturenschmuck), que incluyen retratos de Moltke en el medio. Las esculturas de metal que abrazan sus farolas son dignas de observación y deleite. De aquí zarpan y atracan los tours en barco que van a Nikolai Viertel y vuelven. Otra vieja reliquia del pasado turbulento de la ciudad. Ocupa lo que antiguamente (hablamos de 1850) fue el Unterspree-Brücke, un puente de madera que ligaba a pie la Hamburger Bahnhof con la Potsdamer Bahnhof.

5. Modersohnbrücke

Dicen y se cree que las mejores puestas de sol obtienen mejor perspectiva desde aquí. Permítanme que discrepe. Si entre tanta mugre y morralla el puente de Warschauer Str. tuviera al menos una pizca de hermosura, sin duda, compartirían podium ex aequo. Constituye la continuación de la calle Modersohn, homenaje a Friedrich Wilhelm Otto Modersohn, pintor paisajista alemán de influencias expresionistas. Enlaza a Kreuzberg con Friedrichshain. Construido en 1914 con hormigón fundido, sus 69 metros de longitud y casi 12 de ancho fueron demolidos en 1999 por desgaste.

Para la reconstrucción, Hans-Günther Rogalla pensó en una zona para peatones. Ganó entonces (2002) algunos metros aquí y allá. Una hora antes de la puesta de sol, ya están todas las localidades vendidas. Es un decir. Y todo para ver cómo el sol se oculta tras los Plattenbauten de Ost Bahnhof. Menudo horizonte. Eso sí, con refresco, cerveza o botella de vino en mano. Un puente grácil cuyo nombre y fecha de remodelación se ensartan en el entramado de la estructura metálica, justo encima de la calzada. Por debajo de este puente no pasa ningún río, sino vías de tren a las que la gente tira sus desperdicios urbanos con disimulado desdén: colillas, botellas, latas, pañuelos de papel, compresas, tampones, condones.

6. Anhalter Steg

Se trata de una pasarela peatonal sobre el Landwehrkanal, entre Möckernbrücke y Schöneberger Brücke. Desde 2001, comunica el Technikmuseum con la antigua estación Anhalter. Reciclaron hasta convertir en propias las columnas del viaducto que quedó destrozado en la Segunda Guerra Mundial. Ya en los ochenta, se pensaba en la construcción de este puente, pero la falta de liquidez se interpuso hasta que DaimlerChrysler hizo posible la inversión a cambio del permiso de desarrollo urbanístico de Potsdamer Platz.

Diseñado por el arquitecto alemán Benedict Tonon, consta de 25 metros de largo. Los extremos están escoltados por dos monolitos de hormigón en los que se lee «Anhalt» y «Berlin» a cada lado. La sensibilidad de este puente queda rota por otro puente que hace posible el paso del U-Bahn por encima de los peatones. Una belleza contrastada para los amantes de los idilios arquitectónicos irreconciliables. Los cimientos de la estructura, al otro lado de Hallesches Ufer, son aprovechados por skaters que hacen allí sus virguerías habituales. O por lo menos, lo intentan.

7. Abteibrücke

Romanticismo hecho puente. El puente del cuento de hadas. El estado de turbación se vuelve aquí inmensurable, si uno tiene la sensibilidad que el momento requiere. Fue uno de los primeros puentes de Alemania construido en acero y hormigón. Terminado en 1916, sustituyó al ferry que los visitantes del parque necesitaban para atravesar el río. Tiene 76 metros de largo y casi cuatro de ancho. Lo encontramos en medio de Treptower Park, y acerca al viandante del parque a la Isla de la Juventud (Insel der Jugend), conocida antes como la Isla de la Abadía (Abteiinsel), pues allí reposaban los restos de una antigua abadía gótica.

La isla fue una especie de club, cuartel general juvenil (de ahí su nombre actual) en los tiempos de la RDA. En verano es el turno de raves, fiestas y conciertos al aire libre que aquí se celebran hoy por hoy. Saneado entre 1992 y 1994, en este lugar las fantasías lastimosas y los recuerdos odiosos se borran de un brochazo, dando paso al tipo de emoción en el que se ponen ciertas esperanzas.

8. Jungfernbrücke

Comunica las calles Friedrichsgracht y Oberwasser. El puente más antiguo de la ciudad está situado en Berlín-Mitte, tiene 28 metros de longitud y 4,5 de anchura. Construido a finales del siglo XVII en tiempos del elector Federico Guillermo y llamado en un primer momento Spreegassenbrücke, se cree que lo concibió Martin Grünberg. Sus contrafuertes de hierro y madera posibilitaban el alzamiento para permitir el paso de barcos. Después de la guerra, lo ampliaron tres metros y desde entonces es únicamente peatonal. El origen del nombre del Puente de la Virgen tiene varias teorías; nos quedamos con la del asesinato de una mujer joven en o cerca del puente. ¿El móvil? Los celos. La novedad es que este puente adopta una tradición muy parisina: la de insertar un candado en los eslabones de sus cadenas, símbolo de parejas que sellan su amor en el Pont des Arts, antes de tirar las llaves al río. Los candados del amor llegan a Berlín. Como estar en un sueño.

9. Glienicker Brücke

O el puente de los espías. Se construyó para conectar las cortes de los Hohenzollern entre Berlín y Potsdam, salvando el río Havel en las inmediaciones de Glienicke. El actual puente, después de cuatro remodelaciones y reconstrucciones, data de 1907, aunque necesitó auxilio en la posguerra. Es la última parada del tranvía 93 de Potsdam o la primera, según se mire; según se vaya. El bus 316 desde Wannsee también viene a parar aquí. Se especuló que Estados Unidos y la Unión Soviética utilizaban este puente para el intercambio de espías capturados durante la Guerra Fría en un punto aislado donde confluía el territorio ocupado por EE. UU. en el oeste de Berlín y en el que se posicionaba la URSS en Potsdam, Alemania del Este.

Fue inicialmente de madera, pero en 1834 Schinkel concebía en su lugar un puente de piedra con un mecanismo corredizo para que pudieran pasar los barcos. Los nazis lo destruyeron en 1945, hacia el final de la guerra como parte de la operación Nerón, cuyo fin era dificultar la llegada de aliados o soviéticos a Berlín. Tras la reconstrucción en 1949 se lo denominó «puente de la unidad», una paradoja que luego se topó con la Guerra Fría. Glienicker Brücke era punto de paso para diplomáticos y fuerzas de la ocupación. Algo curioso es que la RFA y RDA no se pusieron de acuerdo en el tono del verde; dos gamas que todavía hoy se aprecian en este puente.

10. Berliner Luftbrücke

Los puentes de Berlín no son solo físicos, sino también simbólicos. Se entiende por puente aéreo una operación militar en un área amenazada, ahora tomada y protegida, que permite el aterrizaje de nuevas tropas. Entre el 24 de junio de 1948 y el 12 de mayo de 1949, Estados Unidos y sus aliados occidentales establecieron un puente aéreo en Tempelhof para abastecer a la ciudad de Berlín, cuyas comunicaciones terrestres habían sido bloqueadas por los soviéticos. Las pretensiones de control soviéticas eran situar sus alimentos y combustible en el mercado de la parte occidental de la ciudad, pero no lo consiguieron. A través de las fuerzas aéreas de Estados Unidos y Gran Bretaña, este puente aéreo abasteció a Berlín por aire lo que duró el conflicto que finalmente se saldó con la configuración de las dos Alemanias que ya sabemos. Más de 200 000 vuelos en un año. Suministro de 4700 toneladas diarias de comida y fuel sin que la resistencia se viniera abajo.

Paco Arteaga para CAI © Berlín Amateurs – agosto 2011, revisado julio 2014,  abril 2015 y diciembre 2016

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