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Berlín me quiere, Berlín no me quiere, Berlín me quiere…

por • 17 enero, 2013 • Imprescindibles, SociedadComentarios (0)2295

Berlin does not love you. Berlin hates you…

Berlin doesn’t love you. Berlin hates you. Hace ya unos meses que estas pegatinas-mensaje pretendieron sembrar el terror entre los turistas, quienes sin embargo, pronto empezaron a coleccionarlas como paradigma cool de unas vacaciones perfectas. El turista feroz, que lo fagocita todo…, mientras el berlinés se autoparodia ante el mundo entero.

Y todo porque, según cifras provisionales, Berlín registró en 2012 un 10 por ciento más de turistas que el año anterior; más de nueve millones de personas pasaron por Berlín ese año, de los que un 38 por ciento eran extranjeros. En 2011 –no hay cifras definitivas de 2012- los turistas se gastaron más de 10.000 millones de euros que contribuyeron a sustentar el empleo de 275.000 trabajadores del sector, y que al mismo tiempo supusieron el ingreso de algo más de 1.000 millones de euros en impuestos para las cajas municipales.

Provincianismo sorprendente

Estas cifras pillan al berlinés de a pie muy a contrapelo. Acostumbrado a sus Kneipen de barrio y a la tolerancia -que no a la convivencia- del vecino turco como experiencia exótica culminante, el berlinés se siente hoy arrinconado frente a ese ente social desconocido: el turista. Misteriosa criatura que habla lenguas incomprensibles y camina por el lado erróneo de la acera (léase carril bici). Y es que, dejemos algo claro de buen comienzo, el berlinés odia las novedades a priori.

No se trata aquí, no me entiendan mal, de alabar las bonanzas de las últimas barbaridades a costa del skyline de la capital alemana, ni de alegrarnos de la subida de los precios del alquiler, pero culpar al modesto turista de clase media que viaja de puente en puente de todos los males de la ciudad me parece de un provincianismo sorprendente.

En maneras, Berlín desde luego tiene mucho que aprender de otros vecinos con más tablas. Y empiezo a creer que esta constatación de su rudeza irrita más al berlinés que su propia incapacidad para ser amable. El Senado de Berlín, tan pendiente de los ingresos que esta industria genera, es tan consciente de ello que incluso ha iniciado, junto con la IHK (Cámara de Comercio de Berlín) y otros partners, el programa “Service in the city” que por medio de, por ejemplo, seminarios sobre sensibilidad intercultural o el portal de idiomas “Sprachportal” para trabajadores del sector, se propone volver la estancia del turista más llevadera. Por algo se empieza.

Turismo, un mal contemporáneo

Para entender el crecimiento del turismo en Berlín desde comienzos del presente siglo, quizá debamos retrotraernos a los inicios de la era low cost. Así empezó casi todo. Mientras muchos todavía realizan su primer viaje al extranjero mediante ofertas de Air Berlin o easyJet, otros encuentran sus vuelos a Berlín en el buscador vuelo24.es.

El turismo es un mal contemporáneo que ya existía de antes y que ha supuesto la degradación del paisaje de casi el mundo entero. Señores defensores de la integridad de Berlín, no hace relativamente mucho los alemanes se lo pasaban bastante bien en la Costa del Sol, alentando la construcción desaforada de barbaridades de cemento en la primera línea de nuestras playas. Y en Mallorca…, hace unos años, se hablaba mallorquín.

Una vez ganado el estatus de Urlaubsland, nos damos por vencidos. El turismo en Berlín va más allá. No nos engañemos: a nuestro alcalde los artistas le caen muy bien, pero tiene una deuda que pagar y para eso necesita algo más que una escena alternativa y sueldos de tres cifras. Fomentar el turismo sale más a cuenta que crear empleo sostenible. El turismo es inevitable, y además viene en el mismo pack que los Macs que tanto nos gustan. Así que menos pegatinas ¡y a ver cuándo aprendemos a hacer la guerra en el frente correcto!

Susana Pannier para Berlín Amateurs © enero 2013

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