Kani Alavi y su atelier el muro de berlin

El muro para no olvidar: El recuerdo de la “Revolución Pacífica”

por • 9 noviembre, 2014 • Actualidad, Arquitectura, Artes Plásticas, CULTURA, HistoriaComentarios (2)4597

25 años de la caída del muro

Kani Alavi fue el artista impulsor de la galería de arte al aire libre más grande y popular del mundo, la East Side Gallery de Berlín. Veinticinco años después de la caída del muro, y del fin de la Guerra Fría, el pintor todavía lucha por que se reconozca la importancia histórica del monumento.

El 9 de noviembre de 1989, Kani Alavi se encontraba en su piso ante el Checkpoint Charlie, uno de los pasos fronterizos más famosos del Berlín dividido por el muro. Las autoridades de la República Democrática Alemana (Berlín oriental) habían empezado a conceder esa misma tarde permisos para cruzar a la República Federal Alemana de forma ordenada y los checkpoints estaban repletos de gente. Sin embargo, pasadas las doce de la noche, Alavi empezó a oír más bullicio de lo normal en la calle. “Puse la radio y me enteré de que en el norte de la ciudad la gente había empezado a cruzar hacia el oeste sin controles. El muro había caído definitivamente”, relata.

Desde su atelier en el barrio de Kreuzberg, Alavi recuerda lo que significó para él vivir aquel acontecimiento histórico. Por aquel entonces era un joven estudiante de arte recientemente emigrado de Irán, y su inquietud le empujaba a quedarse con esa imagen y a no olvidarla jamás. “Bajé a la calle con mis pinturas y lápices y esbocé mi percepción de todo aquello”, explica. La escena para él ponía de relieve un cúmulo de sentimientos contradictorios reflejados en las expresiones de la gente. Según Alavi, “todos parecían felices y eufóricos, sin duda, pero al mismo tiempo también había personas que se lo miraban todo de modo más escéptico y pensativo. Tenían miedo, una vez habían cruzado echaban la vista atrás por si volvían a cerrar el muro de repente”.

Toda aquella mezcla de sensaciones quedó plasmada en su pintura expuesta actualmente en la East Side Gallery. Masas de gente cruzando el muro, caras con expresiones distintas, de felicidad, preocupación, sorpresa o inseguridad.

Proceso artístico

Pero Alavi no quería quedarse solamente con eso, quiso ir más allá. Por esa razón, el artista iraní hizo un llamamiento a todos los artistas internacionales interesados en pintar el muro de Berlín. A finales de enero de 1990, 118 pintores llegados de distintos puntos del mundo, entre ellos un catalán, Ignasi Blanch, empezaron a pintar sus murales. “Muchos no nos conocíamos, pero teníamos un lenguaje común, la pintura, y eso nos dotaba de un sentimiento de unión muy poderoso”, afirma.

Durante más de ocho meses estuvieron prácticamente a diario delante del muro, como explica Alavi, “pintábamos cada uno a nuestro aire, algunos días nos juntábamos hasta cincuenta artistas allí, otros solamente tres, pero siempre en un ambiente distendido y alegre”.

Y todo ello a pesar de las duras condiciones meteorológicas durante algunas temporadas. Tal como recuerda Alavi, “durante los días más fríos de invierno solo podíamos trabajar durante una hora seguida, luego nos íbamos a refugiar a algún trabi (como se le llama cariñosamente al modelo de coche Trabant, icono de la Alemania comunista). “Consciente o inconscientemente, lo que hicimos entre todos los artistas de la galería fue documentar la revolución pacífica que habían protagonizado los alemanes para conseguir la libertad”, señala Alavi.

Sin embargo, la iniciativa no fue vista con buenos ojos por todo el mundo. “Muchos veían en nuestro proyecto una insensatez, puesto que aquel trozo de hormigón era un símbolo negativo que había que echar abajo lo antes posible para pasar página”, explica el artista. Él y sus colegas tuvieron que pelear para imponer su visión al respecto: aquellos dibujos daban la vuelta al significado del muro, lo convertían en un símbolo de la paz y de recuerdo de los errores históricos que no había que volver a cometer. En este punto de la conversación, Kani transmite con gestos vehementes la defensa de su proyecto; prosigue, “si no lo preservábamos, las próximas generaciones no podrían llegar a imaginarse lo que era tener un telón de acero dividiendo una ciudad en dos partes. Cualquier día podría venir algún loco y decidir separar, por algún tipo de disputa, Kreuzberg y Neukölln (barrios limítrofes de Berlín)”.

En 1991 lograron poner su obra bajo protección de patrimonio nacional y en 1996 la iniciativa de la East Side Gallery se convirtió en asociación para seguir en su tarea de sensibilización social y política.

La East Side Gallery, hoy

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Cada año llegan a Berlín más de tres millones de personas con la East Side Gallery señalada como punto de visita ineludible en sus guías turísticas. Tal y como explica Alavi, los turistas “quieren ver un trozo de muro, pero también nuestros dibujos y su importancia en el contexto histórico en que fueron originados”. No obstante, los obstáculos del pasado siguen presentes en cierta medida. La asociación recibe grandes presiones por parte de inmobiliarias y de las autoridades para realojar la galería en un museo. De hecho, algunas decenas de metros de trozo de la galería han sido derrumbados en los últimos años. “Si la realojáramos en un museo, la galería perdería su alma, su sentido, debe seguir en el sitio donde fue genuinamente concebida”, afirma Alavi.

El deterioro sistemático es otro de los problemas a los que se tienen que enfrentar desde la asociación. Hace cinco años el muro estaba hecho polvo, con cantidad de grafitis ilegales por encima. Fue por eso que, con esfuerzo, Alavi consiguió las subvenciones necesarias para volver a reunir a la mayoría de los artistas y repintar los dibujos originales.

En el 25º aniversario de la caída del muro, Alavi solo tiene una petición que hacer: que la East Side Gallery entre a formar parte de la lista de monumentos Patrimonio de la Humanidad para asegurar, de esta manera, que la galería perdure cuando ni él ni sus compañeros estén para seguir defendiéndola. Y que sirva, así, de presión, para que otros muros y alambradas que aún dividen el mundo, como el de Ceuta y Melilla, caigan algún día. Porque si Kani Alavi está convencido de alguna cosa, es de que “no se puede separar a las personas con muros, el ser humano es libre por nacimiento y debe vivir en libertad”.

Carla Manso para Berlín Amateurs © noviembre 2014

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