Este invierno, Berlín ha encadenado varios episodios de temperaturas bajo cero, nevadas recurrentes y heladas nocturnas prolongadas. Según datos del Deutscher Wetterdienst (DWD), se han registrado más días consecutivos con temperaturas negativas que en muchos inviernos recientes (se habla de los últimos 16 años) algo que ya no es habitual en una ciudad donde el frío suele ser intenso, pero intermitente.
No se trata solo de cuántos grados marca el termómetro, sino de la duración del frío. Cuando las temperaturas no suben lo suficiente durante el día, la nieve no se derrite, el agua se congela de nuevo por la noche y las capas de hielo se acumulan durante días. El resultado: una ciudad que se vuelve progresivamente más difícil de transitar.

El hielo negro: el gran peligro invisible
El principal problema de este invierno no ha sido la nieve en sí, sino el llamado hielo negro (Blitzeis). Se trata de una capa de hielo fino y transparente que se forma cuando la lluvia o la humedad se congela de manera casi instantánea sobre superficies frías. Es difícil de ver y extremadamente resbaladizo.
En Berlín, el hielo negro aparece con frecuencia cuando:
- hay humedad elevada
- las temperaturas oscilan ligeramente alrededor de los cero grados
- las superficies no se secan durante el día
Las consecuencias han sido claras: aumento de caídas, fracturas, urgencias hospitalarias y accidentes de tráfico, algo que han recogido tanto hospitales como medios locales como rbb, Tagesspiegel o Berliner Zeitung durante las últimas semanas.
Calles y aceras impracticables: ¿qué ha fallado?
Durante varios días, muchas calles secundarias, aceras y carriles bici han quedado completamente cubiertos de hielo. No es una percepción aislada: las quejas vecinales se han multiplicado y las imágenes de personas caminando con extrema dificultad se han vuelto habituales.
Parte del problema está en la estructura administrativa de Berlín, donde la limpieza y el mantenimiento no dependen de un único organismo, sino que se reparten entre el Senado y los distintos distritos (Bezirke). Esto provoca desigualdades claras: mientras algunas zonas se limpian con rapidez, otras quedan abandonadas durante días.
A esto se suma la falta de personal, recursos limitados y una respuesta lenta ante episodios meteorológicos que, aunque no inéditos, sí han sido especialmente persistentes este año.
Quién limpia qué en Berlín (y quién no)
Este punto genera mucha confusión, pero la normativa es clara:
- El ayuntamiento (Senat) se encarga de las calzadas principales.
- Los distritos (Bezirke) gestionan calles secundarias y espacios públicos locales.
- Propietarios y comunidades de vecinos son responsables de: limpiar las aceras frente a sus edificios, mantener seguras las entradas y hacerlo en horarios establecidos (generalmente desde primera hora de la mañana)
Si no se cumple, pueden imponerse multas en caso de accidente. En la práctica, muchas aceras no se limpian o se hace de forma insuficiente, lo que convierte los trayectos cotidianos en un ejercicio de equilibrio constante.

¿Por qué Berlín apenas usa sal? El dilema ecológico
A diferencia de otros países, Berlín limita de forma estricta el uso de sal para el deshielo. El motivo es principalmente ambiental:
- daña árboles urbanos
- degrada el suelo
- contamina aguas subterráneas
- afecta a animales
En su lugar, se utiliza arena o gravilla, que mejora el agarre pero no derrite el hielo. Esto genera un conflicto evidente entre seguridad inmediata y protección ambiental. Berlín, fiel a su identidad ecológica, prioriza lo segundo, aunque eso implique más riesgo a corto plazo.
Ante la imposibilidad de caminar por muchas zonas, la Administración de Medio Ambiente (liderada por la senadora Ute Bonde, CDU) ha tomado una medida excepcional: suspender la prohibición del uso de sal en las aceras hasta el 14 de febrero*. Las autoridades han reconocido que la gravilla y la arena no son suficientes para combatir las capas de hielo actuales. Aunque la normativa habitual castiga el uso de sal en aceras con multas de hasta 10.000 euros por sus efectos nocivos al medio ambiente, aguas subterráneas y edificios, la seguridad peatonal ha obligado a priorizar el deshielo inmediato sobre la protección ambiental durante estos días críticos.
*nota a 6 de febrero: la asosiciación NABU ha detenido la excepción y sigue la prohibición de usar sal para derretir el hielo
Las consecuencias reales en la vida diaria
Este invierno ha afectado especialmente a:
- personas mayores
- familias
- personas con movilidad reducida
- repartidores
- ciclistas
El transporte público también se ha visto afectado, con retrasos y cancelaciones, especialmente en superficie como los tranvías aunque también en el aeropuerto. Berlín funciona, pero a trompicones, y el invierno deja al descubierto todas sus fragilidades estructurales.
Qué hacer cuando Berlín se congela
Algunas recomendaciones básicas:
- usar calzado con buena suela antideslizante
- caminar despacio y evitar zonas en sombra
- avisar a emergencias si alguien cae y no puede levantarse
- y, si se ve a una persona sin hogar en riesgo, contactar con servicios como el Kältebus
Este año, una vez más, el frío nos recuerda que vivir en Berlín implica aceptar cierta dosis de caos, incomodidad y aguante colectivo. El invierno pasará. El debate sobre cómo afrontarlo, seguramente no.
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