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The Hunger: la voracidad como espejo de nuestro tiempo

The Hunger: la voracidad como espejo de nuestro tiempo © Constanza Macras - Dorky Park - Volksbühne

Hay espectáculos que, más que agradar, buscan generar una incomodidad deliberada. The Hunger, la pieza de danza-teatro de la compañía Constanza Macras – Dorky Park presentada en la Volksbühne de Berlín, pertenece a esa estirpe rara que convierte el escenario en un campo de conflicto moral. Desmarcándose de la complacencia o del lucimiento coreográfico técnico, la pieza se organiza como un dispositivo crítico que utiliza el cuerpo como superficie de inscripción histórica, política y simbólica. Aquí el hambre no es una metáfora ligera, sino una fuerza estructural que condensa siglos, culturas y sistemas de deseo.

Genealogías del hambre

La propuesta fusiona historia, política cultural y crítica social a través del movimiento, el gesto teatral y la comedia cáustica. Parte de una inspiración literaria precisa: el relato colonial de El entenado, de Juan José Saer, donde el violento encuentro entre los primeros europeos en el Río de la Plata y una tribu indígena —con escenas de canibalismo ritualizado— activa una reflexión sobre la naturaleza humana y sus pulsiones extremas. Desde ese núcleo, Macras plantea una investigación sobre el exceso y la voracidad como constantes que atraviesan distintas épocas y prácticas culturales.

La escenografía apuesta por una economía radical de medios: gradas reversibles que devienen paisaje rocoso y vegetal, una escalera de incendios cilíndrica de varios niveles y un islote pétreo. Con mínimos desplazamientos, el espacio en el que los cuerpos se exponen y se consumen mutuamente oscila entre arquitectura funcional y paisaje primitivo. La música se inscribe en un registro electrónico y experimental, con pulsos y texturas que intensifican la sensación de extrañamiento y tensión continuada. El vestuario completa ese arco inestable conjugando códigos urbanos contemporáneos con referencias históricas y corporales reconfiguradas —indumentarias de conquista, monos segunda piel o miriñaques reinterpretados—, reforzando la fricción entre lo arcaico, lo corporal y lo espectacular.

The Hunger se adentra en un territorio incómodo: el de los impulsos primarios que solemos mantener fuera del relato civilizado. El canibalismo —histórico, ritual, simbólico— funciona como detonante para señalar una continuidad entre la violencia colonial, los rituales de poder y la lógica extractiva actual. Sin embargo, el foco histórico se desplaza rápidamente hacia el presente, allí donde a Macras le interesa rastrear un mecanismo de apropiación que se repite bajo nuevas máscaras. Si antes el cuerpo del otro era el territorio a conquistar, hoy lo es su atención. El hambre cambia de objeto, pero no de intensidad.

Cuerpos coloniales, cuerpos digitales

La pieza pone en tensión los instintos primarios con la producción hiperacelerada de imágenes y relatos en plataformas como TikTok, articulando una crítica al capitalismo imperante y a la cultura del consumo constante —no solo de objetos, sino también de experiencias, cuerpos y atención—. Sobre las tablas, los intérpretes transitan entre lo tribal y lo hipercontemporáneo con una fisicidad radical que combina danza, teatro, gesto grotesco, canto, exceso vocal y una energía que roza la exuberancia caótica. La referencia a los content creators y a la economía de la visibilidad traduce al presente un canibalismo simbólico donde todo puede ser devorado.

La puesta en escena rehúye la narrativa lineal. Macras construye una dramaturgia por acumulación, en la que las secuencias se superponen como capas de sentido. El resultado es un entramado de música, luz, imagen y espacio que refuerza la sensación de ritual moderno, suspendido entre la ceremonia arcaica y el feed infinito.

La obra avanza como un totum revolutum premeditado, un popurrí escénico donde se solapan canto, baile, parlamentos en inglés y alemán con una voluntad explicativa desmesurada y proyecciones digitales sobre una pantalla de tela que, lejos de ordenar el sentido, añaden un nuevo estrato de saturación informativa por medio de un formato efectista. Esa acumulación —colonialismo, crítica a las redes sociales, rituales caníbales y sexuales y prácticas vinculadas a la comida como el mukbang— termina por exigir al espectador un esfuerzo de decodificación constante, rayano en lo excesivo. La densidad conceptual, en ocasiones, más que sedimentar, tiende a dispersarse.

A ello se suma una insistencia marcada en el imaginario de TikTok y la cultura del content, que ancla la obra con fuerza en el presente pero también la expone a un riesgo evidente: el de funcionar como un show de coyuntura, tan afilado en su diagnóstico inmediato como expuesto a un desgaste prematuro. Del elenco internacional impecable, cabe destacar la actuación espléndida de Anne Ratte-Polle o la capacidad gestual sobrecogedora de Candas Bas.

The Hunger termina con la misma escena que empieza, dejando al público frente a la evidencia de que la barbarie sigue operando bajo códigos contemporáneos. Constanza Macras firma una obra áspera y lúcida en la Volksbühne —templo berlinés de la disidencia escénica— que no se limita a retratar nuestro tiempo, también lo mastica con una ferocidad tan calculada como incisiva.

The Hunger by Constanza Macras – Dorky Park

Volksbühne Berlin am Rosa-Luxemburg-Platz
Última representación: 6 de febrero 2026
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