Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin con coro de la radiotelevisión berlinesa.

Written by: • Actualidad Conciertos Música OCIO

Musikfest Berlin 2026 | Tres semanas de emoción en la Filarmónica

Mendelssohn entre Escocia e Italia (29 de agosto)

La orquesta barcelonesa Concert des Nations dirigida por el incombustible y multipremiado Jordi Savall presentó en este primer acto del Musikfest Berlin 2026 al que pudimos asistir un concierto monográfico con obras del compositor alemán Felix Mendelssohn Bartholdy. Con su Tercera Sinfonía, la “Escocesa”, compuesta en Edimburgo, la orquesta nos propone un paisaje musical melancólico y lleno de pasión, inspirado en el mar enfurecido y las dramáticas nubes que a menudo rodean las tierras escocesas.

Tras la pausa la Concert des Nations no se aleja del tema escocés con la obertura Las Hébridas, obra autónoma pese a su nombre e inspirada en las homónimas islas de Escocia. En la obra, el compositor intentó describir el paisaje de la conocida Gruta de Fingal a través de la música orquestal, que termina en una descripción sinfónica de las agitadas y frías olas del Atlántico. En el tercio final del concierto nos trasladamos a latitudes más cálidas con la Cuarta Sinfonía (la “Italiana”), en cuatro movimientos que Savall describe como “tan geniales como Beethoven”, en la versión reescrita por el propio Mendelssohn y, aunque menos popular, considerada como la más perfecta.

Jordi Savall y la orquesta “Concert des Nations”. Foto: Fabian Schellhorn

Olga Neuwirth y los rusos en Suiza (30 de agosto)

La Orquesta Sinfónica de Kansas City vuelve al Musikfest Berlin con un concierto apabullante que inicia con dos piezas de Olga Neuwirth, que está presente en la Sala Grande de la Filarmónica. En Tombeau I nos presenta un paisaje musical hipnótico, compuesto hace apenas dos años. La composición Dreydl es aún más reciente, tiene tintes orientalizantes, parece jugar con melodías que recuerdan al Arca perdida y a otras películas y videojuegos de aventuras. Lo cierto es que se inspira en una canción klezmer que describe los juegos de un niño con la peonza tradicional que los judíos europeos hacían girar en su infancia.

La orquesta a cargo del director alemán Matthias Pintscher trae dos obras de manufactura rusa y peculiar conexión. El Primer concierto para violín y orquesta Op.35 de Chaikóvski lo escribió el genio ruso durante una escapada de dos semanas junto al lago Lemán en Suiza. Lo interpreta el violinista estrella canadiense Blake Pouilot con gran personalidad. Magnético en su interpretación, no deja de sonreír y retorcerse, mientras hace vibrar su arco y la orquesta inunda la Sala Grande con su famoso estribillo (correcto sería rondó) del tercer movimiento. Tras la pausa, arrecia la ventisca de Rachmáninov y su Tercera Sinfonía, compuesta en Suiza por el exiliado ruso en 1935, con una instrumentación colorida, rodeada una y otra vez por el tema introductorio que recuerda a la música eclesiástica ortodoxa. Una pieza que llena el cuerpo de la energía que el compositor puso en la que sería su primera y última sinfonía de exilio.

Romanticismo y más romanticismo  (3 de septiembre)

Cuando el inconfundible Simon Rattle sube la escalera que lleva al escenario, el público berlinés recibe con un cálido abrazo al que fuese director principal de los Philharmoniker hasta 2018. Rattle y la Orquesta Barroca de Friburgo se entregan en cuerpo y alma a un concierto monográfico dedicado al romántico alemán por excelencia, Robert Schuhmann. Ya en la exquisita obertura de la ópera Genoveva Rattle empiezan sus icónicos paseos por el escenario, ya que prescinde de podio. Es el capitán en la cubierta de su navío sinfónico.

Isabelle Faust y Sir Simon Rattle con la Orquesta Barroca de Friburgo. Foto: Fabian Schellnorn

Pronto lo acompaña, resplandeciente como siempre, la violinista Isabelle Faust, que saca a pasear por la cubierta su virtuosismo en el Concierto para violín y orquesta en re menor, que emociona a un público que estalla en júbilos y aplausos ante la reina germánica del violín. Cierra el concierto la Segunda Sinfonía de Schumann, una obra bipolar en su tonalidad, que contrae el espíritu y lo expande en un mar sinfónico que se desborda en el final de un concierto inolvidable.

El más hermoso trastorno bipolar (6 de septiembre)

La Orquesta Sinfónica de Londres presenta esta noche un programa en apariencia compacto —un concierto y una sinfonía— y en realidad complejo. En la primera parte, el Concierto para Viola y orquesta de Sofia Gubaidulina nos muestra el mundo interior de la compositora con timbres arcaicos, un sonido triste y una melodía de gritos, depresión, angustia, belleza. La pieza supuso un nóvum en su estreno en los años noventa, ya que apenas existían hasta entonces conciertos para viola y orquesta de relevancia, con honrosas excepciones como el Sexto Concierto Brandeburgués de Bach o Harold en Italia de Béla Bartók.

La Novena Sinfonía de Bruckner arranca de forma delicada y en seguida estalla en una borrasca de tres movimientos que anuncian el fin de una época, la caída del Imperio austrohúngaro, con una épica inigualable entrelazada con una melodía a veces primaveral. Se tensan las cuerdas al unísono y se tensa también el magnífico espacio diseñado por Scharoun, una tensión que descarga como un granizo sobre el público. La pieza de Bruckner es una oda a la vida y sus polos contrarios, una tensión en la que la orquesta londinense se maneja a la perfección. La Novena es posiblemente el más hermoso trastorno bipolar jamás impreso en partitura.

Orquesta Sinfónica de Viena y Hilary Hahn. Foto: Fabian Schellhorn

Algodón de azúcar y un amor trágico (9 de septiembre)

El público de la Filarmónica aguarda impaciente la salida al escenario de Tugan Sokhiev, quien fuese director del Bolshói hasta 2022. Esperan pacientes los músicos de la Orquesta Filarmónica de Viena, hasta que aparecen Shokhiev y la aclamada violinista Hilary Hahn. Ante una sala llena a rebosar, orquesta y violinista se lanzan al Concierto para violín y orquesta de Dvorak, una pieza romántica en cuyo primer movimiento se siente la tensión juguetona entre los agudos del violín y los graves de la orquesta, cual pájaro cantando entre nubes negras. Un vuelo por las llanuras del Imperio austrohúngaro, con Hahn controladísima hasta el final del tercer movimiento donde por primera vez la vemos sonreír al director de orquesta. Ambos se complementan perfectamente en una obra que por lo dulce recuerda al algodón de azúcar: delicioso pero con alto peligro de sobredosis. Una perfecta muestra de lo que podría ser el próximo concierto de Año Nuevo de los de Viena, cuya dirección corre previsiblemente a cargo de Shokhiev.

La segunda parte del concierto es una exquisita selección de nueve escenas musicales del ballet Romeo y Julieta de Prokófiev. No puede faltar el arranque con el archiconocido Baile de los caballeros, manoseado ad nauseam por publicistas desde hace décadas. En directo y en manos vienesas se eleva a un plano de perfección entre las vibraciones de los arcos y el tronar de la tuba. Entre bailes de máscaras y muerte de la amada, llegamos a un apoteósico final (La muerte de Teobaldo), con un Shokiev moviéndose de forma inolvidable, como un general dirigiendo el Día del Juicio final, al que aplaude el público berlinés, puesto de pie y lleno de fervor. A ver quién es capaz de dormir esta noche.

Entre lo contemporáneo y el culto a Ofelia (12 de septiembre)

A la batuta de la Orquesta Filarmónica de Berlín en su primer concierto de la temporada se encuentra el director y compositor australiano Brett Dean. La primera pieza de la noche lleva su firma y se estrena en este Musikfest Berlin 2026: Conversations with Schumann. Una reinterpretación en diálogo con la obra del romántico alemán por excelencia, de energía cambiante, con fuertes impulsos (Aufschwung) y la sorpresa de la soprano Jennifer France, que entra al escenario descalza y con corona de flores antes de interpretar con emoción las piezas vocales.

La pieza de apenas quince minutos de duración se engarza con la obra para cuarteto de cuerda And once I played Ophelia. La enésima reinvención de la amante dejada de lado por Hamlet, que nos recuerda que vivimos en plena época de neohamletarianismo iniciada quizás de forma involuntaria por Maggie O’Farrell y que ha llegado incluso a la cultura popular (saludamos desde aquí a la multimillonaria de apellido Swift). La soprano France da un recital de expresividad, pone los pelos de punta a un público ojiplático mientras grita el verso Fear it! y nos revuelve las entrañas.

Sirve de inicio de la segunda parte el preludio de la Catedral sumergida de Debussy (1908), que fue arreglado para interpretación orquestal hace apenas veinte años. Un remanso de paz y verdadero preludio de la obra de Brett Dean Beggars and Angels, inspirada en una pintura del Quattrocento de Guariento. Veinticinco minutos de drama, percusión contemporánea y un ritmo extenuante y exuberante que son apreciados por el público en un sonoro aplauso.

Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin con coro de la radiotelevisión berlinesa.

Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin con coro de la radiotelevisión berlinesa. Foto: Phil Dera

 

Una noche casi rusa (13 de septiembre)

Vladimir Jurowski y la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin (RSO) presentan un programa original y plástico con un elemento conductor: la campana, que Jurowski con la frase “Por quién doblan las campanas”, en claro homenaje a John Donne y Hemingway.  En Peinture del compositor ruso  Edison Denisov —enfant terrible de la escena orquestal soviética junto a Schnittke y Gubaidulina— el instrumento está escondido bajo capas musicales que configuran la pintura, donde abundan violines enloquecidos y el poderoso gong. Continúa la RSO con la Segunda Sinfonía del compositor rumano Anatol Vieru, compuesta en Berlín occidental en los setenta. Arranca con lo que en el programa se describe como una taquicardia, que el público puede sentir, y que apenas rebaja su fuerza sostenida en un espectacular repertorio de percusión, donde no faltan las campanas.

Aún más obvia es la referencia en la magistral Las campanas de Rachmáninov, para la que el ruso se inspiró en el poema homónimo de Edgar Allan Poe. Para su interpretación hace falta un gigantesco elenco de artistas: en el parqué de la Filarmónica se agolpan decenas de músicos con sus instrumentos y los más de setenta miembros del coro. En la obra opulenta, que hace un repaso alegórico a las etapas vitales, destacan los tres solistas —barítono, soprano y tenor— que brillan entre las piezas corales. Y sin embargo, la dualidad coro-orquesta lo es todo en esta noche: Cada vez que el coro se levanta de la bancada, es como ver un relámpago a sabiendas de que pronto se escuchará el trueno. Una monumentalidad desbordante que encanta al público alemán, ávido de emociones fuertes mientras está sentado.

Simone Young dirigiendo a la DSO. Foto: Zuzanna Specjal

Simone Young dirigiendo a la DSO. Foto: Zuzanna Specjal

Alemania tensionada o la música como libertad (16 de septiembre)

Precede a este concierto de la Deutsches Sinfonieorchester Berlin (DSO) un emotivo discurso del autor y expolítico Michel Friedman en pos de la libertad y contra el odio, que es aplaudido a rabiar. Sale al escenario la directora de orquesta Simone Young, lista para presentar un interesante programa: con una obra de Beethoven escrita bajo los cañonazos napoleónicos, una ejercicio de introspección exquisito de Benjamin Britten, una joya tardorromántica en la que Gustav Mahler vuelca sus más profundas ansiedades y una utopía abstracta de Liza Lim, presente en la Filarmónica.

El pianista Francesco Piamontesi. Foto: Zuzanna Specjal

El pianista Francesco Piamontesi. Foto: Zuzanna Specjal

En concreto, se trata de cuatro Interludios Marinos de la ópera Peter Grimes de Britten, del Adagio de la Décima Sinfonía de Mahler con su genialidad y la duda de si su querida Alma lo abandonaría; de Sappho/ Biolminiscence del tríptico anunciativo de Liza Lim y del Quinto concierto para piano y orquesta de Beethoven. Este último, ya un hit en su tiempo y desde luego ahora, nos deja con la boca abierta gracias a la magistral interpretación de Francesco Piamontesi al piano. Piamontesi azota y acaricia las teclas en solos impecables, y, cuando le toca escuchar a la orquesta, mueve su torso como si estuviese flotando en el espacio exterior. Su interpretación y el perfecto entendimiento con Young nos brindan una interpretación sentida, llena de vida y sin duda inolvidable. ¡Bravo!

Berlín entre Granada y Praga (17 de septiembre)

Ya llegamos exhaustos de emociones intensas a los últimos conciertos del Musikfest Berlin 2026, pero aún nos esperan formidables sorpresas. En su segundo concierto, la Orquesta Filarmónica de Berlín, bajo la batuta de Simon Rattle, nos va deleitar con dos obras maestras de la música española y checa, que conectará a través de una producción propia con un instrumento inusual como protagonista. Para el Sombrero de tres picos de Manuel de Falla se ha invitado a la soprano Rinat Shaham, que canta en dos de las once piezas dancísticas del ballet. Quedan para el recuerdo los divertidos aplausos de la orquesta al grito de “oy, oy, oy”, que hace reír al público, antes de que Shaham nos avise de los peligros de la noche. Será, sin embargo, en las famosísimas Coplas del cuco donde la versatilidad de su voz la haga brillar. La orquesta termina esta primera parte con la Danza final; la primera vez que quien suscribe estas lineas escucha una jota sinfónica en esta sala.

Orquesta Filarmónica de Berlín con Simon Rattle y Rinat Shaham. Foto: Monika Rittershaus

Orquesta Filarmónica de Berlín con Simon Rattle y Rinat Shaham. Foto: Monika Rittershaus

Arranca la segunda parte del concierto con el estreno mundial de Why feather yellow, una obra compuesta por Cathy Milliken en colaboración con el maestro del Corno inglés Dominik Wollenweber, miembro de la Filarmónica que es el solista que la interpreta junto a sus compañeros de orquesta. Es una obra mística que explora los límites de la capacidad pulmonar del solista, al que los quince minutos de interpretación dejan exhausto y feliz. Vuelve al redil para la rapsodia orquestal Taras Bulba del compositor Checo Leoš Janáček ,

El diablo y las marionetas (19 de septiembre)

Cerramos esta edición del Musikfest Berlin 2026 con una entrañable actuación del Teatro de Marionetas de Salzburgo, que cuenta ya con una tradición de más de un siglo. Nos invitan a un espectáculo de marionetas con música, La historia del soldado, obra de Igor Stravinski “para leer, interpretar y bailar”, con una puesta en escena sencilla y divertida. En apenas hora y cuarto se cuenta la historia de un soldado que intercambia su violín con el diablo a cambio de riquezas y bienes. Y que acaba siendo infeliz. Un cuento lleno de giros y momentos que hacen sonreír y aplaudir al público, especialmente fascinado por la voz de Dominique Horwitz, que recita todos los diálogos.

Salzburger Marionettentheater. Foto: Bernhard Müller

Salzburger Marionettentheater. Foto: Bernhard Müller

El Musikfest nos ha traído tres semanas de la mejor música orquestal, tres semanas de devoción, de emociones y de sorpresas programáticas. Nos queda ahora esperar once meses hasta la próxima edición. Hasta entonces, quien suscribe estas líneas recomienda acercarse a los grandes auditorios y óperas de la ciudad, pues la temporada apenas acaba de comenzar. Los conciertos serán siempre el mejor plan hasta que llegue el próximo verano.

Fotos: Berliner Festspiele/Fabian Schellhorn; Phil Dera; Zuzanna Specjal; Monika Rittershaus; Salzburger Marionettentheater /Bernhard Müller.
Texto: Juanfran Álvarez para Berlín Amateurs © septiembre 2026
(Visited 28 times, 3 visits today)

↑