El primer largometraje de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale compite en la sección Perspectives con una historia de iniciación atravesada por el viaje, el malambo y el impulso de huir para encontrarse.
El tren fluvial es el primer largometraje de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale, directores argentinos con trayectoria en el cortometraje. La película participa en la sección Perspectives del Festival Internacional de Cine de Berlín 2026.
El rodaje duró 20 días y, según aseguran sus directores, filmar es la droga más fuerte que han probado hasta ahora. La película está dedicada al recientemente fallecido director húngaro Béla Tarr y cuenta con la colaboración de su músico habitual, Mihály Víg.
La historia sigue a Milo (Milo Barría), un niño de nueve años que, cansado de la presión de su padre para convertirse en un gran bailarín de malambo, decide tomar las riendas de su vida y cruzar el país en tren para conocer Buenos Aires, la ciudad que tantas veces ha visto en el cine. En ese viaje, que al principio se presenta amplio y prometedor, deberá enfrentarse a emociones nuevas y a la incertidumbre de un destino desconocido.
El joven actor que encarna a Milo destila naturalidad en una historia que se mueve en un limbo entre lo onírico y lo real. Planos sostenidos sobre personajes urbanos, el silencio del protagonista frente al ruido de la ciudad y conversaciones ajenas construyen una atmósfera de extrañeza. Una película hecha con espíritu joven y hambre creativa, según sus realizadores.
Berlín Amateurs: Respecto al viaje de ida y vuelta que hace Milo, da la impresión de que el tren es un eje articulador en la película. ¿Cuáles han sido las referencias respecto a estos viajes en tren?
Lorenzo Ferro / Lucas A. Vignale: Teníamos un ejercicio de escritura que consistía en ver una película por la mañana y luego ir a escribir. En una de esas ocasiones vimos una película llamada The Traveler, donde el personaje se iba y no podía volver. Mientras escribíamos, apareció un poema de Francisco Madariaga que habla de un padre y su hijo que viajan por última vez en tren. Necesitábamos que nuestro personaje tuviera esa potencia emancipadora, que saliera y se fugara. Lo fusionamos con la poesía y así apareció ese rebote de ida y vuelta.
También nos gustaba la idea de que antes las personas iban a las grandes ciudades a perseguir sus sueños y, por lo general, tomaban un tren. Al menos en Buenos Aires. En Argentina esa idea ya no existe tanto; muchos trenes desaparecieron. Sentíamos que el tren le daba a la historia un tono más de cuento, como en El viaje de Chihiro. Antes la gente perseguía sus sueños en tren y eso implicaba otro tiempo.
BA: ¿Existen en Argentina historias recurrentes de niños que se van a buscar sus sueños a la capital? ¿Cómo encontraron ustedes esta historia?
LF/LAV: No conocemos en Argentina ningún caso real de alguien que se haya ido de su casa siendo niño. Como referencia usamos Soñar, soñar, de Leonardo Favio. El personaje de Carlos Monzón le dice a su madre que quiere ir a Buenos Aires a trabajar como artista, el gran sueño de su vida, como también lo quiere hacer Milo. Esa ilusión de que en el presente hay algo que no está funcionando y la necesidad de salir a buscar un sueño, aunque todavía no sepas exactamente cuál es.

BA: ¿Hay alguna referencia a Los 400 golpes, de Truffaut?
Sí, claramente. En el casting del personaje utilizamos esa referencia para la escena en la que Milo pasa una prueba. Tomamos directamente las preguntas que le hacen en la película de Truffaut.
BA: En la película hay un elemento central que es el malambo, una danza tradicional. ¿Qué les motivó a incluirlo en la historia?
LF/LAV Para hacer la película tuvimos que conocer a Milo en profundidad. Vive en un pueblo a casi cuatro horas de la ciudad. Hicimos un corto con él, conocimos a su familia y descubrimos que, además de ser una excelente persona, tenía una gran destreza para bailar malambo. Su madre nos contó que tenía una competencia oficial y que debíamos cambiar la fecha de rodaje. Decidimos filmarla. El personaje iba a bailar, a estar solo, a sentir cierta libertad en casa de su profesora.
Si me preguntas qué queremos decir exactamente, no lo sé. Para mí, la película es un malambo en sí misma. Representa esa atadura del mundo exterior que te dice “tú perteneces a esto”, y Milo no quiere aceptar esa imposición.
Termómetro BA
Puntuación
En 3 palabras:
“El tren fluvial” en Berlinale 2026 | Del 12 al 22 de febrero de 2026
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