Enero vuelve a marcar el pulso del calendario cultural berlinés con la confluencia de transmediale (28 enero – 1 febrero ) y CTM (23 enero – 1 febrero), dos festivales autónomos con identidades curatoriales propias que, sin fundirse en uno solo, sincronizan calendarios, sedes y públicos para activar una conversación sostenida entre arte, tecnología y prácticas sonoras contemporáneas. Convertidos en el primer gran acontecimiento cultural del año en la ciudad, antes incluso del arranque de la Berlinale, ambos eventos transforman Berlín en un laboratorio compartido donde la cultura digital se articula desde la exposición, el discurso y la investigación, mientras la música experimental y la cultura de club despliegan sus propias lógicas de escucha, cuerpo y ritmo.
transmediale 2026: compases, protocolos y metáforas
Bajo el título By the Mango Belt & Tamarind Road: Compassing, Protocoling, Metaphoring, la 39.ª edición de transmediale propone un desplazamiento del eje habitual del discurso tecnológico hacia el cinturón tropical, entendido como espacio de conocimiento, cosmología y práctica situada. El festival, comisariado por Neema Githere y Juan Pablo García Sossa, propaga su núcleo entre silent green Kulturquartier y CANK, con arquitecturas temporales concebidas como plataformas de intercambio y escucha.
La exposición central funciona como una constelación de instalaciones que traducen sistemas complejos a experiencias encarnadas. En la Kuppelhalle, Kidus Hailesilassie presenta 6,500 Alphabets Make a Map, un atlas vivo que reimagina el algoritmo como pulso rítmico colectivo. Aarati Akkapeddi, por su parte, traza Kolams —dibujos tradicionales del sur de la India— como formas de computación matrilineal, mientras Hoo Fan Chon convierte un acuario doméstico en Tilapia Shrine, una alegoría sobre cuidado, creencia y supervivencia cotidiana. Aparecen también los entramados textiles y queer-ecológicos de Isola Tong, junto a trabajos de Kathleen Bomani, Simon Speiser, Lara Tabet o Federico Pérez Villoro.
El programa se condensa en las estructuras conceptuales High Tide y Low Tide, dos intensidades de encuentro. En la primera, performances, conciertos y conferencias amplían la escala: destacan Interspecifics con Sonic Grid, wordsofAzia tejiendo memoria vocal desde Côte d’Ivoire, Miss Tacacá en clave club y el cierre con Afrotronix, que enlaza ritmos de iniciación chadianos y electrónica contemporánea.
En la segunda, el tiempo se dilata con cine-ensayo, rituales sonoros y talleres: Manthia Diawara conversa sobre AI: African Intelligence, Gladys Kalichini activa economías rotativas como tecnología social e İdil Galip propone un ejercicio colectivo de deriva digital. Todo el festival se lee como una red porosa, más cercana a la hamaca que al cable.
Esa transferencia de horizonte remite, en cierto modo, a la Bienal de Berlín 2025, que puso en diálogo lenguajes de diversas latitudes para hacer tangible lo desconocido y expandir el mapa del arte contemporáneo más allá de los focos occidentales históricos.
CTM 2026: frecuencias, club y escucha expandida
En paralelo, la 27.ª edición del CTM vuelve a desplegar su cartografía de música experimental, cultura de club y pensamiento sonoro a través de conciertos, performances y esas noches interminables por las que es bien conocida la ciudad. Su programa interactúa con transmediale tanto en sedes como en espíritu: silent green acoge conciertos compartidos, mientras Berghain —en especial su sala Säule— vuelve a funcionar como cámara de resonancia para prácticas que cruzan electrónica, herencia ritual y política del sonido, junto a otros nodos clave del circuito nocturno como RSO.Berlin, donde el festival extiende su exploración de la escucha en modo club.
Entre los nombres que marcan esta edición figuran Dengue Dengue Dengue, Aunty Rayzor, Clementaum o DJ Love, junto a propuestas que trabajan la voz, el ritmo y la percusión como tecnologías de transmisión. CTM mantiene así su capacidad para convertir la noche berlinesa en un espacio de investigación colectiva, donde el club opera como archivo vivo y laboratorio social.
La suma de transmediale y CTM en 2026 perfila un Berlín intertropical, atravesado por redes de conocimiento que rehúyen la abstracción y apuestan por la experiencia compartida. Más que dos festivales en paralelo, el tándem propone una ecología cultural donde arte, tecnología y música se piensan desde la relación, el cuidado y la escucha prolongada. Enero se confirma, una vez más, como el mes en que la ciudad afina sus antenas.
Paco Arteaga para BA © enero 2026
SOBRE EL AUTOR:
[vivafbcomment]¡Síguenos y comparte!
[DISPLAY_ULTIMATE_SOCIAL_ICONS]















