Written by: Actualidad Aire libre

Cisnes en el hielo ¿qué está pasando en Landwehrkanal?

En las últimas semanas, el Landwehrkanal se ha convertido en un escenario de belleza cruel. Mientras los berlineses disfrutan del paisaje nevado, bajo los puentes se está desarrollando una tragedia silenciosa que ha empezado a inundar las redes sociales: cisnes congelados, atrapados vivos en el hielo, muriendo lentamente de agotamiento ante la mirada impotente de los paseantes.

Según reportes de RBB y colectivos vecinales como Kreuzberg Für Alle, al menos siete cisnes han muerto de forma agónica en el tramo entre Baerwaldbrücke y Alte Zollhaus. Pero lo que más duele no es el frío, sino la inacción. Mientras los ciudadanos llaman desesperados a bomberos y policía, la respuesta oficial es, casi siempre, el silencio o la negativa.

El mito de la “especie no local”: ¿Por qué no migran?

Existe un rumor circulando en redes sobre si estos cisnes mueren porque “no son de aquí”. Es una verdad a medias que resulta fascinante y trágica a la vez.

La mayoría de los cisnes que viven en Berlín son cisnes vulgares (Höckerschwäne), una especie nativa y protegida en Alemania. No son invasores. Sin embargo, lo que estamos viendo es un fallo en su instinto natural provocado por la ciudad. Históricamente, los cisnes migrarían o buscarían grandes masas de agua no congelada. Pero Berlín actúa como una “trampa ecológica”:

  1. La comida fácil: Al ser alimentados todo el año por humanos (a menudo con pan, que es malo para ellos), pierden el incentivo de migrar.

  2. El falso calor: La ciudad suele ser más cálida, lo que les confunde. Cuando llega un invierno real y duro como este, con heladas de -8°C durante días, los animales están desentrenados y fuera de lugar. No es que no sean locales, es que se han vuelto “demasiado berlineses” para sobrevivir a la naturaleza salvaje.

“No podemos hacer nada”: la crónica de un rescate ciudadano

La semana pasada, la frustración vecinal estalló. El usuario de Instagram Kevins Brand relató una historia que resume el absurdo de la situación. Al ver un cisne atrapado luchando por su vida, llamó a los bomberos (Feuerwehr). La respuesta fue tajante: no intervendrían.

La situación se tornó surrealista cuando la policía y la protección de aguas llegaron al lugar solo para confirmar que no harían nada, alegando peligrosidad o falta de competencia. Fue entonces cuando la ciudadanía tomó el control.

“Un vecino y yo. Un kayak inflable. -8 grados. Un martillo.”@kevinsbrand

Ignorando las advertencias burocráticas, Kevin y otro vecino, Faro (@2faro_berlin), se lanzaron al hielo. Con un martillo rompieron el bloque que aprisionaba las patas del animal y, usando agua tibia, lograron liberarlo. Una cadena humana de desconocidos esperaba en la orilla con mantas y comida. Aunque el cisne fue trasladado a una clínica, los comentarios indican que lamentablemente no sobrevivió. Sin embargo, el acto dejó una lección: cuando el Estado falla, la empatía vecinal llena el vacío.

Por qué este invierno ha sido especialmente peligroso

El problema no ha sido solo el frío puntual, sino su duración. Cuando las temperaturas no suben durante el día:

  • el agua no se descongela,
  • el hielo se acumula durante días,
  • los cisnes no pueden acceder a zonas abiertas para alimentarse,
  • y los animales debilitados quedan literalmente atrapados.

En estos casos, un cisne puede morir no por el hielo en sí, sino por agotamiento: intenta liberarse durante horas, pierde energía y finalmente no puede seguir flotando o moverse.

Tras contactar hoy mismo con NABU al haber avistado nosotros mismos un cisne aparentemente sin vida en Hobrechtbrücke entre Neukölln y Kreuzberg, nos confirman haber recibido ya una veintena de avisos por el mismo animal, pero explican que deben esperar a que suban las temperaturas para recuperar los cuerpos y descartar la gripe aviar (Geflügelpest).

Resulta una paradoja dolorosa: esta misma semana, la presión ecologista logró tumbar rápidamente la excepción del uso de sal (Streusalz) en las aceras para proteger las raíces de los árboles. Berlín demuestra una eficiencia burocrática implacable para proteger su flora a largo plazo, que contrasta cruelmente con la lentitud y la inacción ante el sufrimiento inmediato de su fauna atrapada en el hielo.

Berlín vs. Hamburgo: una cuestión de voluntad política

¿Es inevitable que mueran? No. En Hamburgo, la figura del “Schwanenvater” (padre de los cisnes) es una institución. Allí, cuando se prevén heladas fuertes, los cisnes son retirados preventivamente de los canales y llevados a un estanque con agua temperada y cuidados.

En Berlín, la burocracia paraliza la acción:

  • Gripe Aviar (Geflügelpest): Esta es la gran excusa actual. Las autoridades evitan manipular aves por riesgo de contagio, lo que sentencia a muerte a los animales sanos que simplemente están atrapados.

  • Jurisdicción: Los bomberos están desbordados (récord de llamadas este invierno) y el rescate animal en hielo se considera “bajo prioritario” frente a emergencias humanas.

Guía Práctica: qué hacer (y qué no) si ves un cisne en peligro

Si te encuentras con esta triste escena, aquí tienes cómo actuar de forma efectiva y segura:

1. Evalúa la situación

  • ¿El cisne está simplemente sentado sobre el hielo (descansando) o está realmente atrapado (aletea, intenta levantarse y no puede, tiene el cuello congelado)? Los cisnes sanos pueden dormir sobre el hielo sin problemas.

2. A quién llamar

  • NABU Berlin (Wildvogel-Station): Llama al 030 547 12 892. Son los expertos.

  • Policía (110) o Bomberos (112): Solo si el animal está causando un peligro de tráfico o si hay riesgo inminente para personas, pero prepárate para una negativa si es solo por el animal.

3. NO te pongas en peligro

  • La historia del kayak es heroica, pero extremadamente peligrosa. El hielo en los canales (especialmente bajo los puentes) es inestable. Caer al agua a esas temperaturas puede causar hipotermia letal en minutos.

4. La gripe aviar es real

  • No toques aves muertas o que parezcan enfermas (movimientos espasmódicos de cabeza) sin protección. El virus H5N1 es transmisible.

La muerte de los cisnes del Landwehrkanal es un recordatorio de que Berlín, pese a su fama verde, a veces falla en lo básico. Mientras Hamburgo los protege, aquí dependemos de vecinos con martillos y kayaks. Es una historia triste, sí, pero también una muestra de que la solidaridad berlinesa no se congela, ni siquiera a ocho grados bajo cero.

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