El Friedrichstadt-Palast, guardián secular de la grandeza escénica para masas berlinesas, vuelve a desplegar su maquinaria teatral con Blinded by Delight, una producción que apuesta abiertamente por la escala, el artificio y la ruptura de stock de estímulos. Con un presupuesto cercano a los quince millones de euros, la nueva revue articula una sucesión de números yuxtapuestos de danza, canto, acrobacia y diseño visual que sitúan la espectacularidad como eje central, aunque por momentos no sepamos si estamos en el rodaje de Show Girls, en unos cuartos de final de Got Talent o en una gala de OT. La sensación de zapping escénico es irremediable.
El mundo onírico de Friedrichstadt-Palast
Concebida por Oliver Hoppmann a partir de una idea original de Berndt Schmidt, la pieza se apoya en una noción amplia y difusa del mundo onírico y la búsqueda de la felicidad. Si bien la figura de Luci funciona como punto de partida simbólico, la dramaturgia, por su parte, no logra construir una progresión sólida en este show de varietés. Los números se superponen sin una verdadera continuidad interna, aunque se agradece el directo en música y voz. Una escena de canto da paso a una contorsionista, luego a un bloque coreográfico, a números acrobáticos, de nuevo al canto o incluso una exhibición de BMX.
A cargo del dúo Florian Wieder y Cuno von Hahn –conocidos por sus trabajos para Beyoncé o la ceremonia inaugural del Mundial de Qatar–, la puesta en escena despliega un arsenal tecnológico descomunal. Una pantalla LED de 283 metros cuadrados envuelve al público, mientras que el Zylindra, una plataforma escénica invisible de 46 toneladas, emerge del suelo para reconfigurar el espacio en cuestión de segundos. La incorporación de un estanque de agua y efectos acuáticos añade una capa más de espectacularidad.
La alta costura del espectáculo
El vestuario firmado por Jeremy Scott vuelve a situar el exceso como estética dominante. Los más de 500 trajes convierten el escenario en un desfile permanente. Con sus treinta y dos chicas, la icónica kickline del Palast brilla con más de cuatro millones de cristales de Swarovski, que transforman el movimiento sincronizado en una tormenta de luz. Al esplendor textil se suma el concepto coreográfico dirigido por Alexandra Georgieva, que ha reunido a once coreógrafos y un elenco de sesenta bailarines de veintiocho nacionalidades. El resultado es un pastiche inenarrable.
En cuanto a la dimensión acrobática, mantiene un alto nivel técnico con el teeterboard, los aros aéreos o las rampas de BMX, que refuerzan aún más la sensación de collage. Blinded by Delight no aspira a construir un arco dramático ni una reflexión profunda sobre la felicidad. Su lógica, enfocada en el entretenimiento, radica en la acumulación de destreza y la exhibición de medios. El Friedrichstadt-Palast reafirma así su identidad como templo del gran espectáculo.
Blinded by Delight en Friedrichstadt-Palast
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Paco Arteaga para BA © enero 2026
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