La ópera prima del director chileno Diego “Mapache” Fuentes se presentó el martes 17 de febrero en la sección Generación 14plus de la Berlinale 2026. Matapanki es una de esas películas que no piden permiso: avanzan, incomodan y dejan al espectador solo frente a lo que acaba de ver.
Se trata de la ópera prima del director chileno Diego Fuentes y es una película que asume el riesgo desde el inicio. Nos presenta a Ricardo, un joven punk de las afueras de Santiago de Chile, más concretamente de Quilicura, que, tras una fiesta, despierta no solo con resaca, sino con superpoderes que cree son alimentados por el alcohol. Apoyado por sus amigos Mella y Claudia, e inspirado por los consejos de su querida abuela, decide cambiar la sociedad. Se lanza a la acción, pero todo se descontrola cuando, por accidente, mata al presidente de Chile y desata un conflicto mundial en su contra.
La historia de un superhéroe punk que adquiere sus poderes accidentalmente es la excusa para una propuesta que cruza cine de género, sátira política y una apuesta formal deliberadamente áspera. Lejos de buscar una narración cómoda o un mensaje unívoco, la película se instala en el terreno de la incomodidad y el exceso.
Rodada en blanco y negro y atravesada por una imagen con cierto ruido visual, Matapanki parece traducir al lenguaje cinematográfico los códigos de la cultura punk que retrata.
La imagen sucia y saturada se opone frontalmente a cualquier idea de pulcritud o transparencia. No se trata necesariamente de una forma “nueva” de hacer cine, pero sí de una forma asumida como posición: una visualidad que rechaza lo limpio, lo ordenado y lo fácilmente consumible.
A esta apuesta se suma la apropiación de algunos elementos del cómic que se perciben a lo largo de la película. Aunque trabajada con actores reales, la cinta transita constantemente entre lo realista y lo ilustrado, llevando algunas de sus escenas y situaciones hacia un registro gráfico que desarma la lógica del realismo. Matapanki no solo cuenta la historia de un superhéroe, sino que lo hace tomando algunos elementos del cómic, adoptando su exageración, su artificio y su capacidad para deformar el poder.
En el plano político, la película abandona toda sutileza. El antagonista es el propio presidente de Estados Unidos, representado de manera grotesca y caricaturesca: un mandatario que no domina el inglés y expresa su intención de apropiarse de Chile. El enfrentamiento entre ambos no busca verosimilitud, sino alegoría. El poder imperial aparece ridiculizado y llevado al extremo de la farsa, en coherencia con el tono punk.
El desenlace, en el que tanto el héroe como el villano desaparecen, es clave para entender la película. No hay aquí triunfo ni redención. Esta elección conecta directamente con una concepción del punk no solo como estética, sino como posición política y existencial: una celebración de los perdedores, de quienes asumen la derrota como identidad. En esa lógica, el punk es antitodo y, por definición, nunca ocupa un lugar privilegiado ni victorioso. Matapanki no puede ganar; su resistencia pasa por el choque frontal, incluso a costa de su propia desaparición.
Leída desde ahí, la película vacía al superhéroe de su sentido clásico. No hay épica del ascenso ni promesa de salvación, sino una ética de la no negociación. Resistir no para vencer, sino para no integrarse, para no pactar con el orden que se combate.
En este contexto, el humor juega un papel fundamental. A lo largo de la película, la historia y sus personajes son constantemente satirizados con un absurdo que provoca risa y sorpresa. Este humor no suaviza la propuesta ni la vuelve más accesible; al contrario, refuerza su carácter subversivo. La risa funciona como burla al poder, al heroísmo y a la idea misma de victoria. En Matapanki, perder no es un error narrativo, sino una elección política.
Difícil, excesiva y a ratos desconcertante, Matapanki es una película que no busca agradar ni ofrecer respuestas claras. Su apuesta pasa por incomodar, provocar y sostener una coherencia radical entre forma, política y subcultura. Un cine que celebra la derrota como gesto de resistencia y que, de paso, arranca algunas carcajadas.
Termómetro BA
Puntuación
En 3 palabras:
“Matapanki” en Berlinale 2026 | Del 12 al 22 de febrero de 2026
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