Señora con comida en el picnic tailandés

Thaiwiese, el pícnic tailandés en Berlín

por • 15 abril, 2016 • Aire libre, Barrios, EL ESTÓMAGO DE BA, Gastronomía & Alimentación, OCIO, WeekendComentarios (0)3554

A lo lejos se divisa un archipiélago de sombrillas entre las que navegan decenas de mantas de pícnic, derramadas en medio del prado. Aparco la bicicleta, agotado y hambriento tras varios kilómetros en línea recta desde Hermannplatz. Un ligero olor a fritanga con un buqué de salsa de soja y aceite de sésamo me da la bienvenida. Empieza bien esto del pícnic tailandés. Berlín y su inquebrantable deseo de originalidad, ya se sabe.

Me lanzo a la búsqueda de un par de platos principales y camino entre sombrilla y sombrilla, bajo las cuales se escuchan lenguajes asiáticos que dan un hambre feroz. Parejas o familias asiáticas se agrupan formando un mercado espontáneo, rodeados de hornillos eléctricos y de tupperwares llenos de alimentos. Entre pescado frito, carne de cerdo y diversas ensaladas, me decido por unas Teigtaschen fritas vegetarianas (cinco euros el plato). Mi acompañante se ha hecho con un plato de arroz frito con verduras (tres euros).

La bicicleta nos dejó sedientos y buscamos algo que nos refresque el gaznate. Resisto por el momento la tentación del aguardiente vietnamita y decidimos compartir un batido de mango (dos euros). Por el camino, una señora muy amable me intenta vender un pescado que me mira con sus ojos saltones mientras chapotea en el aceite de la sartén. «Lo siento, soy vegetariano». Siento que la he decepcionado.

Ya bien pertrechados, conquistamos un pedazo de hierba con nuestra esterilla. La comida está deliciosa. A nuestro alrededor, una colorida mezcla de familias asiáticas y grupos de jóvenes de todas las nacionalidades disfrutan de la comida. Observo a los vendedores, que parecen traer todos los alimentos de casa. Se dice que el mercado se lleva organizando casi veinte años, al principio como punto de encuentro de la comunidad tailandesa. Más tarde se unirían vietnamitas, chinos y filipinos, que organizan este mercado —para qué esconderlo, de forma ilegal— que les hace conectar con sus raíces y dar a conocer su cultura gastronómica.

Es la hora del postre. Entre masas fritas de colorines, bolas de arroz y alguna que otra indescriptible especialidad, decido probar un postre que viene envuelto en hojas de bambú (un euro). Dentro, una capa de crema de coco envuelve una cobertura de masa dulce que a su vez contiene ralladuras de coco caramelizadas. Quizás demasiado dulce, decido regarlo todo con un cóctel. Las posibilidades son infinitas, y los precios, irrisorios (tres euros por un ron con limón). Me entretengo conversando y no puedo evitar sonreír al ver, a un lado, a una familia vestida al estilo de la Yakuza. A lo lejos, los primeros vendedores comienzan a marcharse. Nosotros también recogemos y, lentamente, nos acercamos a las bicicletas. Por el camino una sonriente anciana me ofrece una rama de hierbabuena. Sé que volveré.

Qué: Mercado de comida y pícnic tailandés en Berlín

Dónde: Preußenpark, Wilmersdorf (junto a la parada de metro de la línea U7 Fehrbelliner Platz)

Cuándo: Fines de semana, siempre y cuando haga buen tiempo (aunque también se pueden encontrar algunos puestos entre semana)

Para quién: Recomendado para aquellos que quieran abandonar su zona de confort y conocer la cocina casera oriental, paradojas de la vida, gracias a un viaje al oeste berlinés profundo de Wilmersdorf

Cuánto cuesta: Siete euros más alcohol

Texto y fotografías de Juanfran Álvarez para Berlín Amateurs © abril de 2016

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