«Ich liebe meinen Kiez»

por • 14 noviembre, 2011 • Mi BerlínComentarios (0)2669

SUSANA PANEA

De aquella foto me gusta todo: el papel de la pared, las figuras sobre la cabecera de la cama paterna, el cojín rojo de punto con volantes y florones blancos, la colcha blanca también hecha a mano con floripondios amarillos, mi manita en la cintura, la cadenita de plata con mi nombre y mi grupo sanguíneo, y esa carita de felicidad que ya nunca ha vuelto a ser igual. Imposible que lo fuera. Es la habitación de mis padres y llevo puesto mi vestido favorito. Debía correr 1977 ó 78 como mucho. Si me preguntaran qué es hogar, sería esta foto. Todo ha cambiado ya. Pero es así como lo recuerdo, y así como quedará para siempre.

Primogénita de aristócratas polacos, estudié historia del arte porque era lo que más pegaba a una chica de mi clase. Escapé a Berlín años después tras los pasos de Mi Príncipe Azul, donde he disfrutado todos los días con todas sus noches. Actualmente construyo mi destino con mis propias manos. Do it yourself baby!

Amo mi Kiez, lo confieso. Un día perfecto empieza para mí desayunando en Salon Schmück y acaba bailando en Bar 25. Son los restos de mi Berlín tal como lo conocí hace seis años. Entonces el primero se llamaba Montecruz y el 25 molaba. Pero empecemos el día y veamos cómo acaba, pues en Berlín nada se da por sentado.

10:00 a.m.

Menú Berg & Tal en Salon Schmück (Skalitzer Str., 80) con Mi Príncipe Azul. Si todo sigue como lo recuerdo, el servicio es lento, pero en un día perfecto no importa el tiempo, y los desayunos siguen siendo de mis favoritos. Hora y media después dejamos el café de la Skalitzer y paseamos.

11:30 a.m.

El descubrimiento de esta librería fue para mí y el gran amigo que iba conmigo como la aparición de Cristo para los apóstoles. Motto (Skalitzer Str., 68) está escondida en un patio de arquitectura rectilínea y austera justo al lado del restaurante La Crapule. Es deliciosa, y nunca dirías que tras su primitivo letrero se esconde un tesoro así. Pasamos un rato chafardeando entre revistas internacionales y fanzines.

La calle Wrangel es como el carrer de Sants en Barcelona: lo tienes todo, o casi todo. En realidad es la Karl-Marx-Straße la triunfadora absoluta, pero, aún así, me quedo con la Wrangel. Me gusta comprar en el turco de la esquina. Cinco kiwis por 2 euros. Lechuga romana a un euro. Junto a esta tienda encuentras desde tuberías de lavadora hasta botas de agua color verde pescadería. Me encanta; miro lo expuesto ante la puerta siempre que paso. ¡Nunca sabes qué puedes necesitar! En la librería de viejo los libros llegan hasta el techo, todos a un euro. Casi siempre cae alguno, qué remedio, igual que en la tienda de menaje de al lado, o en la de frutos secos, abierta casi las 24 horas. Ich liebe meinen Kiez.

1:00 p.m.

Comemos en Markthalle (Pücklerstr., 34) uno de los lugares más antiguos del barrio, escenario de una de las lecturas obligadas para el Berliner recién llegado, «Herr Lehmann», de Sven Regener. Escrita en alemán fácil, ya es parte de la memoria colectiva y una vez leída, una no escapa de su sombra cuando pisa lugares como éste. No apto para vegetarianos: aquí se sirve comida muy alemana. Siempre recomiendo los Spätzle con bacon y el Schnitzel. Me alegro de haber venido al mediodía y no por la noche.

3:00 p.m.

Convenzo a Mi Príncipe Azul para ir a Rixdorf, mi último descubrimiento y el secreto mejor guardado de Berlín. En mi día perfecto acepta venir conmigo. Rixdorf es el origen de Neukölln, hasta 1920 independiente, e incluye la zona alrededor de la Richardplatz (el nombre original era Richarddorf) y el Böhmisches Dorf, una pequeña comunidad fundada en 1737 por Federico Guillermo I para acoger a los refugiados protestantes que huyeron del proceso de catolización iniciado en Bohemia en 1620. Visitamos la antigua herrería (Rixdorfer Schmiede) y descansamos en el Körnerpark. Podría vivir aquí.

Los dos pensamos lo mismo: ¿tarta de chocolate? Wenn schon, dann in Nest.

6:00 p.m.

Tarta de chocolate en el café Nest (Görlitzer Str., 52), la mejor que he probado jamás. El servicio a veces es lento, pero eso es común en Berlín. Al cliente le tiene que quedar claro que atender las mesas no es la actividad principal del camarero. Aquí son todos diseñadores o periodistas, ¡qué se había pensado usted!

Reservamos mesa en Chez Gino (Sorauer Straße 31), y hasta entonces, visitamos el Kunstraum Kreuzberg (Mariannenplatz 2). En la galería municipal las exposiciones siempre son atípicas y vanguardistas.

9:00 p.m.

Pfannkuchen en Chez Gino. No hay nada que comentar. Me gustan siempre. En mi día perfecto es verano y nos han reservado una mesa en la terraza. Me encantan los manteles de hule de cuadraditos rojos y blancos y la enredadera en la pared. Imagino que estoy en un pueblito entre Italia y Suiza.

Una botella de vino tinto después, finiquitamos mi día perfecto con una copa en Madame Claude, en Lübbener Straße 19.

Susana Panea para Berlín Amateurs © noviembre 2011

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