Foto de micagoto (CC BY-NC 2.0)

Ruta por las ciudades de Lutero en Alemania

por • 23 octubre, 2017 • Actualidad, Alemania, CULTURA, Escapadas, HistoriaComentarios (0)3525

El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero hizo públicas en la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis, todo un terremoto religioso y político en la Europa católica del Renacimiento. Cinco siglos después, Alemania celebra el Año de la Reforma. Una ocasión excelente para realizar una ruta por las ciudades de Lutero que nos llevará al castillo donde el reformador estuvo escondido y en el que conoció a su futura esposa —una hasta entonces monja—, a la ciudad en la que nació y en la que por casualidad falleció, a sus inicios universitarios y, por supuesto, al epicentro de su poder en Wittenberg.

Lutero en el Castillo de Wartburg

El inicio de nuestro viaje se encuentra al final de una dura cuesta con decenas de escalones de por medio—o la alternativa muy poco luterana de la furgoneta por dos euros— hasta llegar al castillo de Wartburg, cerca de Eisenach. En lo alto, una hermosa vista sobre los bosques cercanos y un conjunto arquitectónico que nos retrotrae al siglo XVI. Aquí, en 1521, Lutero permaneció escondido durante diez meses tras haber escapado de la Dieta Imperial de Worms —una especie de “Corte”—, de la que debió escapar tras haberse negado a retractarse de sus postulados y rechazado la autoridad papal.

Tras acceder a través del puente original de entrada se llega a los patios del castillo, enmarcados por dos corredores de arcada. A lo lejos se encuentra el Palas o casa de los señores feudales, de origen románico. En el segundo piso emociona la magnífica Sala de los Trovadores (Sängersaal), adornada con unos frescos del artista romántico Moritz von Schwind, que recuerdan la Guerra de los Músicos (Sängerkrieg), unas festividades que tuvieron lugar en el siglo XII en Wartburg en las que se cantaban poemas y que sirvieron de inspiración para la ópera Tannhäuser de Wagner.

Dejando atrás el Palas, a través de unas galerías se accede a la casa del alguacil y al culmen de la visita, la muy bien conservada habitación de Lutero. Aquí, el reformador pasó meses alumbrando la primera traducción del Nuevo Testamento al alemán, ya que, según él, cualquier cristiano debía estar en contacto con Dios sin intermediarios y a través de la palabra.

Erfurt, los inicios religiosos de Lutero

La Universidad de Erfurt es el alma máter de Lutero, que entre 1501 y 1505 se dedicó al estudio de las leyes, hasta que —así lo cuentan los creyentes— “vio la luz” tras ser alcanzado por un rayo, por lo que se haría monje agustino. La visita a dicho monasterio es imprescindible, y la ciudad merece un largo paseo que ha de llevarnos a cruzar el puente de los comerciantes (Krämerbrücke), que alberga varias decenas de casas al estilo del florentino Ponte Vecchio.

El broche final a toda visita a la capital turingia lo pone la plaza de la catedral con su impresionante escalinata. Tanto el conjunto catedralicio, de un excelso gótico internacional, como la iglesia de San Severin permiten conocer la simplicidad arquitectónica aplicada a los interiores tras la Reforma, que alteró muchas de las iglesias católicas preexistentes. En la catedral destacan el Wolfram de bronce del siglo XII y un altar de la virgen con un unicornio, de estilo turingio.

Eisleben, nacimiento y muerte de Lutero

Casualidades del destino: Lutero, hijo de un dueño de una mina venido a más, acabó muriendo en la misma ciudad que le vio nacer. La ciudad, de cierto aire medieval, esconde dos joyas museísticas a las que se les ha sacado gran partido: se trata de la casa natal de Lutero y de aquella en la que hasta hace poco se creía que falleció. Antes de abandonar Eisleben, merece la pena acercarse a la iglesia de San Pedro y San Pablo, en la que fue bautizado el reformador y en la que existe una estanque bautismal simbólico en el suelo.

Leipzig y los editores de Lutero

Leipzig es mucho más que Bach y los cantores de Santo Tomás, también es la ciudad en la que Martín Lutero sostuvo una acalorada disputa con el papista Johannes Eck en 1519. El padre de la reforma volvió a la ciudad sajona —que comparaba con Sodoma y Gomorra por su carácter comercial y liberal— en 1538 para orar en la iglesia de Santo Tomás (Thomanenkirche, visita obligada también por su conexión con Bach). En cualquier caso, la rápida propagación de las ideas luteranas no hubiera sido posible sin la difusión que le proporcionaron algunos de los grandes editores de Leipzig.

En 1989 tuvo lugar en Leipzig otro cisma, esta vez no religioso: los ciudadanos de la RDA se reunieron en la iglesia de St. Marien y comenzaron una serie de protestas civiles que acabarían doblando el brazo al estado opresor. La ciudad se ha recuperado desde entonces con un ímpetu cultural apreciable en la gran oferta musical de su ópera y casa de conciertos. Finalmente, antes de abandonar Leipzig, nada como agasajar el paladar con un plato sajón en Auersbach Keller, la cantina visitada por Goethe en sus tiempos de estudiante y a la que el genio literario dedicó un capítulo del primer libro de Fausto.

Torgau, la primera iglesia luterana

Esta pequeña ciudad un tanto anodina esconde una joya arquitectónica de primer nivel: el castillo renacentista, rodeado de un profundo foso arbolado que una colonia de osos ha convertido en su hogar. El patio de armas está presidido por una magnífica escalera de caracol autoportante, una joya renacentista impecable para explorar. Directamente conectada con el patio se encuentra la capilla del príncipe imperial, el primer espacio religioso concebido bajo instrucción de Lutero y, por tanto, adaptado a las nuevas formas de culto.

El castillo alberga actualmente y hasta febrero de 2018 una excelsa colección de objetos renacentistas, entre ellos finos artefactos de orfebrería y ropajes originales, que incluyen la capa nupcial del príncipe elector y un traje italiano de brocado de oro. Tras el atracón artístico, se ha de distender la mente con una bajada a las mazmorras del castillo y una última visita a los restos del puente en el que americanos y soviéticos se encontraron orilla a orilla en 1945.

Wittenberg, cúlmen de la ruta de Lutero

La tradición dicta que Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo (Schlosskirche). Las tituló “Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias” (Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum), atacando el uso católico de eximir de las penas de ciertos pecados previo pago. En el interior de la reconstruida iglesia gótica se hallan enterrado Lutero y su protector político, el príncipe elector Federico III El Sabio.

Siguiendo por la calle principal se llega a la iglesia de María, en la que Lutero predicó la mayor parte de su vida. El espacio religioso está colmado de obras de Lucas Cranach el Viejo, autor del gigantesco retablo del altar. Cranach fue, sin duda, el pintor de la Reforma; suyo es el más famoso de todos los retratos de Lutero.

Punto final al periplo luterano no podía ser otro que la llamada “casa de Lutero” (Lutherhaus), originalmente un monasterio agustino. En este edificio vivió el reformador la mayor parte de su vida junto con su esposa Catalina de Bora, exmonja que huyó del convento escondida en un barril —Lutero se oponía al enclaustramiento forzoso de las monjas—.

La Lutherhaus es hoy el mayor museo de la Reforma en Alemania y alberga una hermosa variedad de documentos y libros originales, como la primera biblia en alemán, además de gran cantidad de obras de arte y objetos de la vida cotidiana del reformador. Conviene tomarse su tiempo para pasear entre las distintas salas, perdernos en la historia, los logros, la faceta oscura —en definitiva, la vida— del padre de la Reforma. En este lugar se pone punto y final a la ruta por las ciudades de Lutero, el hombre que puso media Alemania patas arriba y desafió al mayor poder de su tiempo.

Texto e infografía interactiva: Juanfran Álvarez para Berlín Amateurs © octubre de 2017
Fotografías: Juanfran Álvarez, micagoto (CC BY-NC 2.0), Kimberly Vardeman (CC BY 2.0),  Evangelische Kirche in Österreich (CC BY-SA 2.0), Neuwieser (CC BY-NC-ND 2.0) y Christian Hoppe (CC BY-NC 2.0).

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