Psicología Migrante: fobia al aburrimiento

por • 16 octubre, 2020 • Actualidad, Berlín Práctico, Ciencia & Tecnología, Psicología MigranteComentarios (0)736

En medio de una pandemia, es necesario reflexionar sobre cómo el aburrimiento influye en el bienestar psicológico de las personas. Según la RAE, se trata de un cansancio del ánimo debido a la falta de estímulos. Por el contrario, desde un punto de vista psicológico, el aburrimiento implica el ánimo de querer algo, aunque simplemente aún no se sabe el qué. Ese querer y no poder genera malestar, especialmente para los más jóvenes. Pero más allá del hecho de que a la mente no le agrada la falta de estímulos, ¿es realmente el aburrimiento algo negativo?

Desde luego cada vez nos cuesta más tolerarlo. No solo a causa del mundo digital, también debido a que socialmente es sinónimo de improductividad, de estar perdiendo el tiempo. Existe una aversión a estar a solas con nuestros pensamientos y una necesidad de escapar de ello a toda costa, como ocurre con las fobias.

Parece haberse olvidado que el aburrimiento favorece salir de los cauces de pensamiento habituales, del camino fácil; promoviendo la contemplación, la reflexión profunda y la creatividad. En este artículo se expone brevemente el porqué de esta aversión social, qué consecuencias psicológicas supone y cuáles son los posibles beneficios del aburrimiento.

Aversión a estar a solas con nuestros pensamientos

En 2014, Timothy Wilson (Universidad de Virginia) publicó los resultados de una serie de experimentos relacionados con el aburrimiento. En su última variante, los sujetos se encontraban en una habitación vacía y se les pedía que pensaran en soledad durante 15 minutos. Durante este tiempo podían aplicarse a voluntad leves pero dolorosas descargas eléctricas. El 67 % de los hombres y el 25 % de las mujeres así lo hicieron.

Se han sacado infinidad de conclusiones y hecho diversas críticas, sin embargo, la explicación más aceptada de estos resultados es la más lógica: para un gran porcentaje de personas, lidiar 15 minutos con sus propios pensamientos puede causar mayor malestar que autoinfligirse una descarga eléctrica. La descarga sirve para escapar de una introspección impuesta por las circunstancias, como ocurre cuando nos aburrimos. La pregunta es: si estamos dispuestos a electrocutarnos para evitar el aburrimiento, ¿qué no estaremos dispuestos a consumir?

Jaqueo de nuestra atención

En la era digital, se vive bajo una continua avalancha de estímulos nuevos. Este exceso modifica la estructura y economía de la atención, quedando dispersa y fragmentada, incapaz de centrarse en algo durante un periodo mínimamente prolongado de tiempo. Manipulada por recompensas inmediatas e intermitentes (variable más adictiva), el sistema atencional necesita mantenerse ocupado, huir de un aburrimiento que causa abstinencia.

La conectividad deteriora la tolerancia al aburrimiento, lo que, a su vez, merma la tolerancia a la soledad. La mente reacciona ante estas emociones como si fueran algo necesariamente negativo, algo que hay que evitar a toda costa. Esta aversión, por supuesto, es utilizada con fines comerciales. Las personas están dispuestas a hacer cosas que normalmente no harían por huir del aburrimiento, pero, sobre todo, están dispuestas a consumir cosas que normalmente no consumirían, especialmente, si esto no genera esfuerzo.

Desbloquear el móvil se ha convertido en el comportamiento compulsivo más común en nuestra sociedad. Las personas con TOC (trastorno obsesivo compulsivo) suelen realizar conductas repetitivas para obtener una sensación de seguridad frente a los peligros que las obsesionan. Las personas que, sin TOC, miran el móvil cada cinco minutos, escapan del hastío, pero ¿hay realmente alguna razón de fondo para ello? ¿Qué peligros puede implicar el aburrimiento?

Fuera del mundo virtual, alejado de la imagen que se quiere dar, uno se queda a solas consigo mismo, presente. Tal vez resida ahí el peligro, no solo en la soledad, sino en el vacío existencial que se pueda sentir cuando uno no hace nada en esta sociedad hiperactiva.

Miedo a perder el tiempo y a no ser productivos

Esta es una de las preocupaciones más frecuentes que suelo tratar en consulta. En una ciudad con tantas posibilidades como Berlín, el temor a desperdiciar el tiempo de vida se correlaciona bastante con el sentimiento de no estar autorealizándose como se podría, es decir, como se debería. Para escapar de este estrés y/o culpa hay que mantenerse permanentemente ocupado.

A este respecto, el filósofo y profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, Byung-Chul Han, cuenta en su libro La sociedad del cansancio cómo el individuo ha pasado de vivir en una sociedad disciplinaria (deber, impuesto externamente) a una sociedad del rendimiento (poder, impuesto internamente).

El poder hacer algo, bajo la ilusión de libertad, es en realidad la continuación del deber, del tener que hacerlo. La imposición, antes venida de fuera, viene ahora del propio individuo, llevándola consigo a todas partes. Cuando se piensa en términos de “poder hacer” las posibilidades son infinitas, lo cual favorece el sentimiento de estar perdidos; pero, además, si se puede y no se hace, la culpa recae en el individuo. La persona pasa a explotarse a sí misma, es al mismo tiempo víctima y verdugo, coincidiendo libertad y coacción.

Cuando uno se aburre confronta a ese pequeño dictador dentro de la cabeza, que tiende a convertir las oportunidades en “tener que”, las posibilidades en órdenes, inflexibles y autoimpuestas. Uno tiene que viajar, emprender, triunfar, divertirse, ligar o comprometerse; igual que hacen esas personas que aparecen en las pantallas. Si se puede y no se hace, será causa y consecuencia de estar perdiendo el tiempo.

Los beneficios del aburrimiento

En su libro sobre la pereza, Sergio Benvenuto escribe: El aburrimiento son ganas de disfrutar de algo sin saber todavía de qué. Es el rostro fluido, libre, confuso de los deseos.

Desde esta perspectiva, el aburrimiento implica ganas de descubrir, de crear, de disfrutar; el aburrimiento motiva, solo que aún no se sabe a qué. Esto puede ser frustrante al principio, sin caminos predeterminados que encausen y delimiten el objeto de nuestros deseos, hay que esforzarse por descubrirlos o crearlos.

En mi opinión, el aburrimiento no solo fomenta los procesos creativos y de descubrimiento personal, sino que conforma sus primeras fases. Fuera de la zona de confort, de los cauces establecidos de lo que se puede/tiene que hacer, uno se pregunta qué es lo que realmente quiere. Esta reflexión puede llegar a ser aterradora para muchos, ya que implica un análisis personal profundo en un mundo incierto; sin embargo, es absolutamente necesaria a la hora de saber qué es genuinamente valioso para cada persona, qué dirección de vida se quiere seguir/crear.

Sentado, sin hacer nada, la hierba crece y la primavera llega por sí sola, proverbio zen que habla de la posibilidad del no-hacer como postura paradójicamente activa frente a la realidad y sus exigencias.

Aumentar la tolerancia a aburrirse es también una forma de incrementar el autocontrol. Si, al igual que se hace en psicoterapia al tratar una fobia, nos expusiéramos conscientemente al aburrimiento hasta desensibilizarnos hasta reducir su carga emocional negativa, llegaríamos sin duda a ser más libres. Más libres para decir “no”, para elegir, más libres de la manipulación, del miedo y de la culpa.

Aburrirse para reflexionar, para contemplar sin prisas, para idear y para crear; aburrirse para ser más libres. Desde un enfoque personal quiero defender aquí el derecho al aburrimiento.


Bibliografía:
Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio
Sergio Benvenuto: La pereza: pasión por la indiferencia
www.science.sciencemag.org/content/sci/suppl/2014/07/02/345.6192.75.DC1/Wilson.SM.pdf
www.psyciencia.com/el-aburrimiento-descripcion-psicologica-de-un-fenomeno-poco-estudiado

Texto: David Guerra. Colaboración de Berlín Amateurs con Psicología Migrante (consulta de psicología especializada en el apoyo a migrantes y expatriados españoles y latinoamericanos) © octubre 2020

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