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Nación Low Cost: N (Nordpol)

por • 15 mayo, 2012 • Literatura, MISC., Nación Low Cost (la novela de BA)Comentarios (0)1810

La novela por entregas de BA

Una historia de ficción. Por Daniel Zimmermann

 

— Bienvenido a funnyJet, le atiende N… ¿en qué le puedo ayudar hoy?
—Bueno, me parece increíble la tomadura de pelo del contestador que tenéis que te mantiene a la escucha durante más de cinco minutos. Si es que parece mongola la operadora del mensaje. Menudo rollo. ¿Lo has escuchado alguna vez? Y encima tenemos que pagar nosotros la llamada para algo tan sencillo como confirmar un vuelo, porque seguro que no disponéis de otro método, ¿verdad?
—Pues no.
—Deberías oírla: doble uve…, doble uve…, doble uve…, punto…, casi media hora entre palabra y palabra, es insoportable, porque no sabes lo que cuesta cada minuto. Me parece increíble. Es que no doy crédito. ¿No tenéis otro número de teléfono directo? Porque el ocho cero siete ése me parece una tomadura de pelo, infinita, eso sí…
—¿Podría darme el localizador de su reserva, por favor?
—No, si encima ahora voy a ser yo la que se enrolla…
—Ja, ja, ja… No, simplemente quiero que no siga despilfarrando usted su dinero.

***

NECESIDADES ESPECIALES. Todos las tenemos. Muchas veces se confunden con meros caprichos, sobre todo si uno las comparase con las de personas impedidas: ciegas, sordas o afectadas de cualquier tipo de minusvalía que solicitaban asistencia especial cuando volaban con funnyJet. No confundir con necesidades ni necedades emocionales, aunque seamos muy proclives a ellas.

La adicción, si no era una necesidad especial, sí era una necesidad poderosa e incontrolable. Las drogas eran un artículo de lujo, aunque no fueran de ninguna marca reconocible en especial, de bajo coste. Y aunque estuvieran al alcance de cualquiera, costearse un hábito continuado podía acabar con un agujero negro en la visa o en la cartera. Siempre creímos que cuidar el cuerpo en exceso lo volvía vulnerable. Convertimos esa creencia en nuestra religión, porque durante mucho tiempo alimentamos nuestros cuerpos con veneno.

Las drogas te hacían malgastar mucho tiempo (y dinero), tiempo que podrías utilizar para hacer todas las cosas que no tenías tiempo de hacer, como por ejemplo, buscar un nuevo trabajo mejor. Pero cuando estabas colocado no te preocupabas por eso. Se desperdiciaba mucho tiempo planeando la compra, el consumo y lo que más costaba: la recuperación.

A veces, realmente estábamos demasiado ocupados intentando salvarnos a nosotros mismos. No éramos felices ni estábamos satisfechos. Tampoco éramos seres domesticados de vidas previsibles. Al menos yo. Pero teníamos la necesidad especial de definirnos a nosotros mismos otra vez, a unas edades en las que la mayoría de la gente se siente más o menos feliz en su propia piel. A veces sentíamos rabia contra nosotros mismos, por permitir que la vida que llevábamos se hubiese convertido en nuestro destino.

Y por supuesto, también teníamos necedades especiales impuestas como necesidades especiales. Cada vez que Peter amenazaba con visitarnos, generalmente jueves o viernes, a las puertas del fin de semana, un Inbox era recibido en la bandeja de entrada de todos los agentes donde se alertaba con aseveración que un alto cargo ejecutivo nos visitaría aquel día. El mensaje imploraba concentración en el trabajo, prohibición de intercambio de comentarios jocosos entre compañeros e incluso recomendaban una correcta posición corporal en la silla.

Se nos persuadía para que evitáramos posturas desdeñosas y que nos repantigáramos demasiado en el respaldo. Peter era especialista en poner puntos hasta matar las íes. Gracias a Dios, teníamos la capacidad de convertir lo serio en irreverente, lo trágico en cómico hasta transformarle en una caricatura de sí mismo y de todo lo que se esforzaba en representar, pues aquella actuación soberbia nos resultaba muy poco creíble y bastante fantasiosa y decepcionante como una sesión de fuegos artificiales mojados. Sin embargo, encajábamos con perplejidad sus comentarios:

—¿Es necesario que aquel agente necesite la ayuda de un floor walker y un coach para resolver un problema? —comentaba Peter a Silvia si veía a un agente consultando algo a los dos aludidos que, por cierto, se sentaban el uno al lado del otro. Puede que sólo intercambiasen trivialidades, puede que discutieran la resolución de un caso. Peter era como un óxido: lo disolvía todo. Silvia se apresuraba a interrumpir el corrillo que, a la sazón, discutía la solución de un caso. Peter estaba compuesto de aquellas insignificancias melindrosas en un cómputo exagerado de repeticiones que haría recapacitar a un obseso compulsivo.

NIURKA. De Niurka nos gustaba casi todo. Su manera de expresarse, su peculiar visión del mundo. Era cubana y en Cuba se apreciaba, en aquellos momentos de la historia, la vida de otra manera. Solía inventarse las políticas de la empresa según le viniera en gana. Por ejemplo, si un cliente reclamaba porque se había presentado un minuto después del cierre de la facturación y no le habían permitido facturar, Niurka, en lugar de explicarle la importancia de la puntualidad de los vuelos y que los tiempos de facturación debían respetarse a rajatabla, le soltaba una teoría muy peculiar de su propia cosecha: cada minuto que un vuelo cerraba más tarde sus mostradores de facturación, le costaba a la compañía la friolera de seis mil euros. Así era Niurka.

Otras veces, cuando el cliente pretendía viajar con su mascota en un vuelo ya contratado de antemano, cosa no permitida por la compañía, si el cliente se ponía pesado, Niurka zanjaba:

—Mire señor, o es usted ciego o el perro está muerto y lo lleva usted en cenizas en una urna. Sólo así podrá viajar su mascota en nuestra compañía.

Los fines de semana se traía sus tarjetas y el diccionario de alemán y en lugar de trabajar nos dedicábamos a estudiar esa lengua que tanto se nos resistía. Y si algún compañero tenía un cliente coñazo al teléfono, no dudaba en ponerse al aparato y hacerse pasar por una supervisora ficticia —los reales nunca se ponían al teléfono en casos extremos— y se hacía llamar, por ejemplo, Estela. Eran sus mordiscos a la manzana.

NO-REEMBOLSABLE. Antes de reclamar el importe de una reserva realizada por error, antes de confirmar la compra final de unos vuelos, léase bien usted las condiciones y normas de la compañía con la cual se dispone a contraer un contrato comercial. Una de los primeros mandamientos de nuestra aerolínea es que funnyJet no emite reembolsos, esto es, devoluciones.

Si quiere pensar y, lo que es peor, gritar —ya sea por teléfono o mediante el texto íntegramente confeccionado en mayúsculas enviado a través de nuestra página web— que somos unos estafadores, adelante. Se enfrenta usted a una demanda por difamación y a una respuesta por parte de uno de nuestros agentes que le va gustar menos que el hecho de que no vaya a recibir ni un solo céntimo de los que pretende recuperar con su reclamación. Éramos a menudo víctimas de la ignorancia que padecían, en muchos ámbitos del conocimiento, los clientes de funnyJet.

NOSOTROS. Primera persona del plural. Persona que narra esta historia a veces confundida con mi propio yo, primera persona del singular. Nadie en particular. En ambos casos.

NS. No Show, en inglés en el original. Este distintivo aparecía junto a los vuelos cuando no eran tomados por los pasajeros a cuyos nombres se asociaba la titularidad y disfrute de la reserva. Aunque sólo era posible desvelar esa información a la policía, recibíamos llamadas absurdas y extrañas de madres preguntando si sus hijos, maridos o padres habían tomado los vuelos, cuyas referencias de reserva ellas facilitaban, aun cuando los mismos habían aterrizado hacía horas. Respondíamos amparándonos en la protección de datos y, si reuníamos el desparpajo suficiente, espetábamos:

—¿Y no podrían llamarse ustedes mismos por teléfono?

Costaba creer que en España, un país en el que había más teléfonos móviles que personas, alguien no dispusiera de uno.

En nuestras vidas también figuraba un preocupante NS. Como un vampiro que no encuentra su reflejo en el espejo. Como una herida abierta de la que no mana ni una sola gota de sangre. En la etapa de insatisfacción que atravesábamos, perdíamos todos los aviones, todos los trenes, todos los tranvías. Estábamos perdidos, sumidos en un complejo proceso de decepción perpetua. Estábamos lejos. Y queríamos sobrevivir sin esforzarnos demasiado.

NÚMERO DIRECTO. No. No teníamos un número directo, y si realmente existió, no nos fue comunicado. Las llamadas salientes no estaban restringidas, pero era precisamente eso lo que debíamos argumentar en el caso de que fueran solicitadas. Cada interlocutor debía tragarse al menos cinco minutos de charla pregrabada antes de ser finalmente atendido por uno de los agentes de funnyJet.

Cada minuto costaba ochenta y siete céntimos. Minutos de espera que debían sumarse a los propios de la llamada. Teniendo en cuenta que su vuelo había costado 18,99€, resultaba lógico que una compañía aérea buscara otras fuentes de beneficio y subsistencia como éste.

Nunca supimos si el importe total de las llamadas influía en el engrosamiento de cuentas de funnyJet o si por el contrario acudía al socorro de las nada necesitadas arcas de Cagator Services, aunque se especuló mucho sobre el particular. Sobre todo, cuando se nos amonestaba si la media de duración de nuestras llamadas era demasiado prolongada.

No entendíamos por qué, puesto que eso significaba más beneficio para alguna de las partes. No hará falta aclarar que nosotros no estábamos incluidos en ninguna de esas partes. También nos preguntábamos cómo nos reñían por ese motivo, cuando fácilmente podían haber reducido el contenido del mensaje que daba la bienvenida en el contestador a la cuarta parte de lo que en realidad duraba.

***

Desde luego, viajar en esta compañía es lo último que haré yo y todo el que me rodea. El resto de las compañías avisa en su página de los documentos necesarios para viajar. Y desde luego, si es obligación o no del pasajero, es algo a criterio suyo. Quisiera interponer una reclamación y exigir el importe íntegro de mi billete más una compensación por los perjuicios materiales y morales ocasionados, ya que me fue denegado el embarque en Madrid Barajas a un vuelo que tenía previsto con destino Tánger porque viajaba con dni. Me parece inadmisible que no especifiquen en su página web con qué documentación se debe viajar. Espero una respuesta favorable en los próximos días o de lo contrario me veré obligada a tomar otro tipo de medidas.

Aunque hacer esta reclamación me parece un error porque les hará mejorar en su servicio. Desde ese día en adelante volaré sólo con compañías aéreas españolas que son las únicas que ofrecen garantías, además de buenos precios. Porque funnyJet, no es tan barata como la venden.

Soy un cliente insatisfecho con el servicio y como yo, cada día veo en el aeropuerto personas en mi situación, lo que deja a la compañía en un lugar muy bajo. Espero que no tomen todas las medidas para mejorar, así, dejaremos de volar en compañías como éstas, surgidas de la nada.

***

Estimada Sra. Ballesteros:

Gracias por contactar con nosotros.

¿Entonces, en qué quedamos?, ¿se acoge usted a la reclamación o no?

Lamentamos que perdiera su vuelo con funnyJet. Sin embargo, le recordamos que sólo es posible viajar a Marruecos con un pasaporte válido, como forma aceptable de identificación en vuelos internacionales no comunitarios; así como otro tipo de documentación obligatoria como visados en aquellos casos en los que sea necesario.

Tenga en cuenta que un dni (documento nacional de identidad) —como su propio nombre indica— sólo es válido en la nación que lo expende y por extensión en otros países miembros de la UE, dado el caso. Marruecos es un país situado al norte de África cuya cercanía a España no lo convierte automáticamente en un país miembro de la UE.

Recuerde que tal y como figura en las condiciones de la compañía, las cuales usted aceptó en el momento de comprar el billete, es responsabilidad del pasajero tener la documentación correspondiente que le permita volar a los destinos deseados. Es por ello que no podemos admitir a trámite su reclamación.

En el siguiente link encontrará usted dónde se especifica en nuestra página web qué tipo de documentación se necesita para volar en vuelos internacionales con nuestra compañía. Es por ello que su reclamación se queda vacía de contenido.

www.funnyjet-es.custhelp.com/cgi-bin/funnyjet_es.cfg/enduser

Además, se queja usted de nuestro servicio: sabe usted perfectamente que le hemos realizado cambios gratuitos de vuelos cuando no procedía —es decir, un gesto de buena voluntad—, dado que era su responsabilidad proveerse de la documentación necesaria para volar. Es decir, la responsabilidad de la pérdida de su vuelo original recae absolutamente en ustedes y no en funnyJet, como le acabamos, no sólo de explicar,  sino de demostrar. Lamentamos su malestar, pero nuestras condiciones y normas siempre han estado al alcance de nuestros clientes, como ha podido comprobar por sí misma.

Le agradecemos una vez más que se haya puesto en contacto con nosotros y quedamos a su entera disposición para cualquier consulta adicional. En caso de necesitar nuestra ayuda de nuevo, utilice la sección ‘Ayuda’ en nuestro sitio Web.

Atentamente

Laura M.
funnyJet Atención al Cliente

***

Laura M.,

Gracias por tu amable y estudiada respuesta.

Por otro lado, el otro día me sorprendió otra cosa. No me dejaron pasar mi bolso personal, de mano, de señora, como los que llevamos todas las mujeres, como equipaje de mano. En cambio, las personas que llegaban detrás de mí, no tuvieron ningún problema con su bolso.

Esta situación me da a entender que la persona que estaba en el mostrador aquel día tenía información respecto a mí y por eso me provocó un problema a la hora de facturar. No quisiera pensar que tienen en su base alguna nota sobre mí, para que a la hora de facturar la persona que esté en el mostrador intente molestarme…

Gracias

Una historia de ficción que podría ser increíblemente real. Por Daniel Zimmermann

CONTINUARÁ…

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