Nación Low Cost: G (Gustav)

por • 27 octubre, 2011 • Literatura, MISC., Nación Low Cost (la novela de BA)Comentarios (0)1732

La novela por entregas de BA

Una historia de ficción. Por Daniel Zimmermann

 

—Bienvenido a funnyJet, le atiende G…, ¿en qué le puedo ayudar hoy?
—Hola. Verá, resulta que vuelo hoy desde el aeropuerto del Prat de Barcelona y quería informarles de que voy a llegar un pelín tarde.
—Lamentamos comunicarle que si se presenta usted con menos de cuarenta minutos antes de la salida del vuelo en los mostradores de facturación, no podrá volar.
—¡Pero hombre por favor! Si le estoy avisando de que vamos en camino, sólo que llegaremos un poco tarde.
—La puntualidad es prioridad en nuestros vuelos. Y por favor, tenga en cuenta que un vuelo no es un colega con el que usted ha quedado.
—Bueno, ¿y qué pasaría si pierdo el vuelo?
—Que funnyJet es una compañía que no emite reembolsos. Gracias por llamarnos. Le ha atendido G… Buenas tardes.

***

GERMANIA. Capital del imperio alemán que la imaginación de Hitler situaba en Berlín. Reducción del diseño a lo esencial. Superficies inmensas desprovistas de ornamentación: sólo emblemas, relieves y murales —si obviamos el águila y la esvástica omnipresentes— para dar trabajo a artistas desempleados. Líneas austeras, predominantemente rectas. Secuencias de columnas. Largos bloques de piedra. Ventanas de esquinas afiladas en series idénticas. Severidad objetiva de la arquitectura moderna. Digamos que nosotros habitábamos nuestra Germania particular. Digamos también que contribuimos a la creación de un propio reino, barra, reducto berlinés del que éramos los amos absolutos.

El Tercer Reich quiso crecer hacia arriba —con colosales edificaciones— y hacia abajo —búnkeres en serie cuando las necesidades bélicas los volvió indispensables—. Pero el imperio, asediado por el mareo vertiginoso de tanto mirar hacia alturas prominentes y hacia profundidades insondables, hostigado por el peso de su propia grandeza sostenido en la debilidad de cimientos que se sustentaban en los pilares de una ideología aberrante, no consiguió mantener el equilibrio y se desmoronó.

Aquellos edificios, sólo algunos, se mantenían en pie todavía por aquel entonces. Restos que hubieran conformado lo que habría sido Germania, un codicioso proyecto arquitectónico con el que Hitler pretendía remodelar Berlín, la capital del imperio, a su imagen y semejanza. Una imagen y semejanza exageradas, debemos suponer; ampliadas por una lupa con el grado de magnificación de un telescopio cósmico, de instituto de astrofísica; multiplicadas por cifras de dígitos incontables. Dimensiones épicas sólo comparables a la ambición desmedida del Führer que acabó sepultándolo.

Cuando la Segunda Guerra Mundial retornó al lugar donde se originó, la capital imperial quedó completamente desfigurada. Quedaban así truncados los planes de remodelación de Berlín concebidos por los nazis. Los edificios que dejó tras de sí el Tercer Reich son incómodos pero necesarios, animan a la reflexión y aseguran que el pasado no caiga en las garras del olvido. Y estéticamente bellos y solemnes, lejos de connotaciones históricas y políticas. ¿Por qué habrían de ser destruidos? Berlín, en lugar de convertirse en Germania —capital de imperio—, acabó convertida en su hermana pobre, versión low cost, y capital de Alemania.

GESTIÓN DE RESERVA. Todo lo que nosotros podemos hacer por usted, lo puede hacer usted misma por usted —y por todos nosotros también si se considera usted una persona altruista que desea lo mejor para su prójimo y que, sobre todo, ha aprendido a vivir dejando hacer lo mismo a los que le rodean—, a través de la sección Gestión de Reserva de nuestra página web. Sencillo, rápido y sobre todo: más barato. ¿Le suenan esas palabras?

Piense que además, y quizá este factor la convenza del todo, se ahorrará veinticinco euros en cada cambio, ya que nuestros vuelos son quince euros más baratos en la web de la compañía, que los que nosotros le ofreceremos telefónicamente. Y si después de lo que acabamos de explicarle no la hemos convencido, adelante, haga otra de las preguntas estrella por la que usted siempre será recordada entre la plantilla de la compañía, como otra más de las subnormales absolutas que componían el noventa por ciento de nuestra clientela:

—Si no te importa, ¿me podrías decir lo que me costaría si lo hago ahora por teléfono? Oye, que pago yo la llamada, ¿eh?

Pues mucho más de lo que seguramente pretendes gastarte, ¡hija de puta! —decíamos de aquella manera nuestra tan directa cuando desconectábamos el micrófono—. ¡Ah! Sin olvidarnos de que cada minuto de llamada le cuesta a usted ochenta y siete céntimos.

—Es igual, calcúlamelo.
—De acuerdo. No se retire mientras realizo la operación.

Y otra vez cansados ante la idea de volver a exponer los mismos puntos de vista.

GRACE. En inglés en el original. Nada que ver con Gracia de Mónaco. Grace venía a ser, en cristiano, el periodo de gracia en el que los clientes eran eximidos de pagar las elevadas tasas de cincuenta euros por cada trayecto y pasajero que se debían desembolsar para culminar con éxito un cambio en cualquier reserva. El periodo de gracia abarcaba las siguientes doce horas posteriores a la compra de una reserva. No se trataba de una norma común contenida en las condiciones generales de la compañía que jamás nadie se leía.

Era una norma interna que nunca debíamos desvelar a los clientes a cuyo cumplimiento no estábamos obligados, es decir, lo aplicábamos de forma discrecional cuando nos apiadábamos de la torpeza de alguien. El Grace se otorgaba al libre albedrío de cada cual, básicamente cuando el cliente se lamentaba de un error garrafal cometido por él mismo —¡por quién si no!— al seleccionar unos destinos o unas fechas que nada tenían que ver con las deseadas.

Dividir la compra y la confirmación de los vuelos en seis pasos no había bastado para darse cuenta de que no era aquello lo que uno quería comprar. Sin embargo, yo rara vez practicaba el Grace por mucho que suplicara el perjudicado. Tachadme de malvado. Llamadme Maquiavelo. Gritadme ¡Míster Hyde! Digamos que una serie de malas experiencias otorgando graces me aleccionaron  a dejar de hacerlo.

No fueron pocos los ingratos que despotricaban al pagar veintidós euros por el cambio cuando en realidad les estabas ahorrando cien. Decidí que aquello sencillamente no podía continuar así y eliminé el grace de mis prácticas habituales. Después de lo sucedido, sólo unos pocos afortunados pudieron beneficiarse del periodo de gracia en algunas de mis mañanas buenas. Y a decir verdad, y ahora que lo medito, lo de saltarme el grace beneficiaba más a la empresa. La vida era igual. El mundo estaba lleno de desagradecidos: tenías que andarte con cuidado concediendo favores de conveniencia a tu alrededor para que fueran valorados adecuadamente. Las buenas acciones externas rara vez eran reconocidas por sus beneficiarios.

Y también tenía su gracia lo de Peter. Si eras gay había muchas posibilidades de conocer a Peter a través de GayRomeo, la red social homosexual con más adeptos en Alemania. Peter se follaba a chicos que luego recomendaba a Management de Cagator Services con la intención de que fueran contratados. Ése era el periodo de gracia de Peter Porkins: concedía trabajos a cambio de favores sexuales. Y así se sabía a cuáles de la nueva horda de agentes maricas probablemente se había pasado Peter por la piedra en el cuarto oscuro de Berghain la semana pasada. Aunque Management tenía las mismas sospechas, en ocasiones se dejaban arrastrar ladera abajo por un instinto paranoico que situaba a aquellos muchachos en la categoría de espías de funnyJet que venían a elaborar informes clandestinos acerca del sospechoso funcionamiento interno de Cagator Services. Suponemos que el pasado histórico vincula.

GRACIAS. Palabra mágica inventada por un respetado pensador anónimo que podríamos elevar, si quisiéramos, a la categoría de sabio o filósofo, probablemente griego, que desgraciadamente había caído en desuso cuando nací. Razón por la que yo mismo rara vez la usaba. Era como una de esas palabras originales que leías en los periódicos y que jamás te atreverías a pronunciar en público, por muy bien que sonora y por muy necesaria que aquella palabra fuera, sin temor a que te señalaran con el dedo, antes de que te espetaran: ¿qué cojones significa eso, tío?

Dentro de poco, no sólo olvidaremos su significado al reconocerla en libros del pasado, en carteles caducos o en retrospectivas del futuro, sino también todas sus repercusiones significativas para una convivencia pacífica y compasiva, hasta el punto en que la sola idea de un hipotético rescate de la palabra para tiempos ulteriores más amables se convertirá, no ya en una mediación gramatical socorrida del pasado rescatada para el presente que ya era usada con éxito y apremio por nuestros ancestros, sino en una auténtica aberración.

GRIETA. Fisura berlinesa por la que nos escurríamos hacia una espiral, entre el este y el oeste –el norte y el sur no existían-, hacia un agujero negro insaciable de perdición que nunca terminaba de llenarse. La grieta de la reunificación seguía dividiendo a Berlín en dos mitades desiguales. El muro dividió durante veintiocho años no sólo a Alemania, sino al mundo entero en una de las situaciones políticas y sociales más chocantes de la historia.

Una pared que significó el fin para muchos y que pronto se convirtió en la proeza de activistas culturales; un reclamo para artistas callejeros que con color y mensajes conmovieron al planeta. La East Side Gallery (o lo que quedaba del muro con sus más de mil trescientos metros) continuaba erigiéndose como símbolo de la decadencia de la oligarquía soviética y como signo del deterioro definitivo de sus fronteras.

El centro-este de Berlín aglutinaba los barrios de Mitte, Prenzauer Berg y Friedrichshain. Charlottenburg (barrio señorial por excelencia), Tiergarten y Schöneberg comprendían los barrios neurálgicos del oeste. Kreuzberg —aunque territorialmente pertenecía al antiguo oeste—, se consolidaba entonces como un reducto turco —tierra de nadie— que disfrutaba de su recién adquirida atmósfera bohemia que actuaba como reclamo juvenil, un mundo paralelo donde la población turca rozaba cotas de invasión, un microcosmos capaz de zafarse de la partición este-oeste.

En una ciudad repetida como era Berlín, la diversidad se notaba por partida doble. Sobre todo, porque los berlineses se vieron en la necesidad de construir otra vez todo lo que el azar dejó en el otro lado de la ciudad. Hasta que los vientos de la democracia tumbaron aquella barrera física, política y sobre todo sentimental y otorgaron otra categoría territorial a la —hasta entonces denominada— isla.

Se podría afirmar, sin temor a equivocarnos, que en el este de Berlín se vivía todavía una fuerte corriente contracultural que lo impregnaba absolutamente todo con su rebeldía. El oeste había prevalecido como una poderosa reserva del stablishment capitalista. Quizá sea esa duplicidad lo que volvía a Berlín desde el punto de vista socio-político-cultural una de las ciudades más interesantes y atractivas del planeta. Un muro invisible que paradójicamente ya no suscitaba deseos de fuga. Sino todo lo contrario. Permanecer hasta morir ahogados en un Berlín pleno de energía modernizadora.

GROTESCO. Nuestro comportamiento y el de la empresa lo eran. Y nos referimos a funnyJet, a Cagator Services y a Petersmann en su versión única y trino al mismo tiempo. Grotesco en plan mal, si hablamos de estos últimos y no de nosotros. A nosotros, en última instancia, se nos podía excusar.

GROUP BOOKINGS. En inglés en el original. Departamento rebelde que se ocupaba de la tramitación de reservas para grupos que sobrepasaran los cincuenta pasajeros. Los componentes de este equipo eran continuamente llamados a reuniones en las que se amonestaban sus insolencias y se cuestionaba aquella actitud desdeñosa con la que afrontaban casi todo.

Si funnyJet era el proyecto de Cagator Services que más bajas por enfermedad acumulaba la empresa en todo el mundo, Group Booking era la división del proyecto funnyJet que más bajas acumulaba dentro de un mismo proyecto. Y el que más errores cuantiosos cometía. Cagator Services tenía un cupo de sesenta mil euros anuales destinados a subsanar los errores cometidos por los agentes. Cualquiera podía devolver por error al principio, y más tarde por escarnio o desfachatez, un vuelo retrasado cuando no procedía, las tasas del equipaje facturado o no cobrar las tasas por un cambio de nombre. Al fin y al cabo, por mucho que fuera, aquello nunca iría más allá de unos cientos de euros. Los errores de Group Bookings sumaban a aquella cantidad ridícula un par de ceros, no precisamente a la izquierda.

Las equivocaciones de Group Bookings tomaban la sutil forma de olvido: los nombres del grupo entero o al menos los de algunos miembros, a veces por dejadez u olvido del agente de funnyJet, a veces por dejadez, olvido o descoordinación entre el agente de funnyJet y el agente de la agencia de viajes que tramitaba la petición del grupo, no habían sido introducidos en la reserva. Así se hallaban de vez en cuando pasajeros de una reserva que se llamaban TEAM TEAM o TEMP TEMP. Cuando llegaban al aeropuerto se encontraban con la imposibilidad de volar, pues casi siempre ocurría en sábado o domingo fuera de horas de trabajo que impedían que el error fuera corregido en el acto.

En ocasiones el error era de envergadura menor cuando se aceptaban presupuestos que contenían unos servicios que al final no habían sido incluidos, por ejemplo, la maleta. Una vez que el cliente pagaba, si no habíamos contabilizado el coste de una maleta por cada uno de los ochenta pasajeros (mil setecientos sesenta euros), sería Cagator Services quien amortizaría el error de su bolsillo. Lo común, según estadísticas internas, era que los gambazos de agentes del departamento de Group Bookings se cometieran los lunes o martes, generalmente por Craig, lo que inducía a Management a pensar que el fin de semana tenía algo que ver en el asunto.

Y el desastre con mayúsculas llegó:

Somos cincuenta y cinco personas que deberían haber cogido el vuelo de esta tarde a las seis y por culpa de su penosa gestión administrativa no hemos podido realizar nuestro viaje. Nos habéis dicho que nuestros billetes no están expedidos nominativamente, que no aparecen ni nombres ni dni, solamente aparece «TEAM TEAM». ¡ÉSE NO ES NUESTRO PROBLEMA, YA QUE LOS BILLETES LLEVAN PAGADOS DES DE EL 14 DE DICIEMBRE DE 2008!

Su magnífica compañía no los reconoce como billetes nominativos. Tal vez hasta el último momento se podía haber presentado otro grupo de cincuenta y cinco pasajeros reclamando cincuenta y cinco asientos vacíos con los que su avión ha partido. ¡¡QUE VERGÜENZA!! ¡¡AEROLÍNEAS BANANERAS!! Por descontado, recomendaremos su compañía…

No obstante, habéis intentado incluso timarnos diciendo que si pagamos veinte mil euros en el momento nos expedíais los billetes. ¡VERGONZOSA ACTUACION POR SU PARTE! Claro está que no nos quedaremos de brazos cruzados, ya que esta negligente actuación será denunciada a AENA, OMIC, defensores del consumidor y por vía judicial para defender nuestros derechos y exigir una indemnización por daños y perjuicios.

Sin más preámbulos me dedico a comunicarles que la penosa ACTUACIÓN de esta compañía será públicamente conocida y denunciada.

¿Cómo son tan estafadores que después de haber expedido unos billetes a un grupo de fin de curso y por negligencia de sus administrativos de no cumplimentarlos con nombre y dni nos quedemos en tierra, ya que la palabra que aparece en lugar de nuestros nombres y apellidos es ‘team team’? ¿Y a mí qué me importa si ustedes se rodean de vagos que no son capaces de escribir nombres y apellidos? ¡Qué vergüenza!  Y lo más gordo lo de después, que si queremos embarcar demos veinte mil euros, aproximadamente unos cuatrocientos euros por persona. ¡Venga ya! ¡A robar a Sierra Morena! ¡Voy a emprender acciones legales y judiciales en contra de su mierda de compañía a la vez que lo haré público en los medios de información a todos los niveles: OMIC, AENA, TELEMADRID, ESPAÑA DIRECTO y en donde podamos más! ¡Estafadores! ¡Asalta caminos! ¡Así os va!

Penoso. Aunque no nos negarán que divertido. Y si quieren a un culpable, lapiden ustedes a Craig. Cagator Services pagó de su bolsillo aquellas vacaciones que empezaron de aquella manera tan aciaga para aquel grupo desafortunado.

GOOD WILL GESTURE. En inglés en el original. Gesto de buena voluntad para con nuestros clientes. Tenía mucho que ver con el Grace, aunque no casi siempre. Una compañía que ganaba lo suyo recaudando el importe de reservas a 18,99€ la unidad, no podía permitirse grandes concesiones para con sus clientes ni trabajadores. Digamos que no eran ni ostentosos ni frecuentes. Ni todos los agentes estaban en disposición de ofrecerlos. Debías conseguir antes una cadena de autorizaciones procedente desde las altas esferas dominantes que descendían hasta la mansedumbre.

Un grupo de agentes altruistas decidió crear una cuenta secreta en internet desde la que avisábamos ya en casa o desde el ordenador del lounge a algunos clientes para que siguieran insistiendo en sus reclamaciones —pues pronto serían pagados los gastos totales si insistían lo suficiente— o para que solicitaran el pago de una compensación a la que tenían derecho y de la que no habían sido informados. Un gesto de muy buena voluntad por nuestra parte que nos salvaba de la quema. Sin embargo, estos avisos filantrópicos pronto cesaron: los beneficiarios se mostraban tan ingratos con nuestro cometido que simplemente desistimos de seguir adelante. Con un parco ‘gracias’ habría bastado. Pero la gente no estaba muy entrenada a llevar a la práctica aquel tipo de palabras. En el caso de que la conocieran.

GRÜNES K. En alemán en el original. También Grüne Krankheit. No, no se trataba de ninguna droga nueva. Tan sólo de un invento de Recursos Humanos con el que reducir las bajas por  enfermedad; un astuto plan que consistía en cogerte tres días sueltos de baja al año sin necesidad de justificarlos con el Krankschreibung, aquel papel amarillo que te entregaba el médico después de la consulta. La baja médica, vaya.

O visto desde el punto de vista del trabajador: tres días más de vacaciones pagadas al año. Aunque en materia laboral, la ley alemana ya preveía que cualquier trabajador por motivos médicos pudiera permanecer en casa sin necesidad de consulta ni certificado médico hasta el tercer día de la enfermedad, en Cagator Services debías proveerte de justificante médico desde el primer día. Cada empresa tenía autoridad para imponer sus propias reglas si sus empleados las acataban. Así lo estipulaban las normas de la compañía que también nosotros firmamos.

Muchas bajas por enfermedad no eran más que meras resacas; la imposibilidad de acudir al trabajo el día después. Si se acudía a consulta, era más que probable que la baja por enfermedad se alargara algunos días más —a veces hasta semanas— que aquel primero que se debía justificar. De esta manera, el grünes K reducía hasta en tres ocasiones las bajas por enfermedad que cada trabajador pudiera solicitar en un año natural. La cuestión era abaratar, reducir gastos. Y suponemos que no hará falta mencionar otra vez la frecuencia insidiosa con la que un empleado de Cagator Services presentaba una baja por enfermedad. Tres días más de vacaciones pagadas al año en los que la empresa ganaba muchísimo más en pérdidas no desembolsadas.

GUILLAUME. Si alguna vez supimos de manera certera a quién dirigir toda nuestra repugnancia, esa persona no podía ser otra que Guillaume. El mismo sentimiento que él nos profesaba a nosotros. Odia a tu prójimo como a ti mismo. Ódialo como él te odia a ti. Este chico diabólico del equipo francés era además, negro, maricón y judío. Digamos que así, todos sus ases reunidos en una misma mano, tenía motivos suficientes para odiar a la humanidad entera. Guillaume era un chico callado, introvertido y trabajador hasta que llegó el día en que comunicaron que trasladarían al equipo francés a un call center que Cagator Services había habilitado a escondidas en Marruecos, mientras negaba cualquier evidencia de traslado.

Ese día fue el día en que Guillaume estalló y pasó de desapercibo a foco de atención y conflicto. Después del comunicado oficial, vendría su propio comunicado. De furia, eso sí. Aquel día Guillaume se volvió hacia sus compañeros y con Management al completo como testigo y público, empezó a gritar barbaridades del tipo ‘¡Todo esto es por vuestra culpa, por cogeros bajas por enfermedad sin estar enfermos, por llegar siempre tarde, por hacer mal vuestro trabajo!’.

Digamos que tuvieron que escoltarlo para librarlo de la lapidación colectiva. Y súbita. Y merecida. Nadie volvió a dirigirle la palabra lo que le duró el contrato que no le renovaron. Aunque él pretendiera con su comportamiento ganarse el favor de Management, consiguió justamente lo contrario. Siempre lo veías al fondo de una hilera de sitios vacíos, repantigándose en lo más profundo de un rincón. Condenado al ostracismo por el que él mismo tanto había abogado. Guillaume dejaba comentarios en las reservas o en los mails, que los team leaders o coachs verían, del tipo ‘este agente dio la información errónea al cliente’ o ‘este agente resolvió mal este caso porque no hizo tal o cual cosa’. Ése era Guillaume y toda la ira acumulada de algunas razas, pueblos y colectivos oprimidos durante centurias. Una persona sola no debería acumular semejante carga. A nadie le gustan los chivatos. Ni siquiera a Management. Una persona con tantas frustraciones y desgaste a cuestas no puede ser buena —léase productiva— para la empresa.

GUT UND GÜNSTIG. En alemán en el original. Bueno y oportuno, ventajoso. O bueno y barato, si lo que se pretende es aislar eufemismos. Los productos baratos de las económicas marcas blancas de supermercados alemanes como Edeka, Aldi, Kaufland, Pennymarkt y Lidl —los supermercados alemanes low cost por excelencia— solían llevar este prosaico distintivo. De haber sido funnyJet una compañía alemana, probablemente habrían colgado este eslogan remarcado en un triángulo que embellecería todos los alerones de la flota.

GUTE BESSERUNG. En alemán en el original. Esto en cristiano viene a significar, poco más o menos: ‘¡Que te mejores!’.  Sin embargo, para los trabajadores de funnyJet adquirió otra apariencia más siniestra. A la glotona dirigente de Recursos Humanos, a tenor de la incontenible tasa de bajas por enfermedad que se resistía a estabilizarse y muchísimo menos a bajar, se le ocurrió la criminal idea de visitar a los enfermos durante esos hipotéticos días del mes que casi todos teníamos regularmente durante nuestra periódica convalecencia, para verificar la realidad de la enfermedad con ayuda de unos bombones y una tarjeta de recuperación en la que podía leerse el enunciado de este epígrafe. Una idea malintencionada con la que uno podía ponerse enfermo de verdad.

Se trataba de comprobar si efectivamente el enfermo estaba enfermo de verdad. El anuncio de esta medida, que jamás se llevó a cabo, afectó psicológicamente en el descenso momentáneo de las bajas por enfermedad: aunque teníamos la libertad absoluta de abrir la puerta de nuestra morada a quien nos diera la gana, lo cierto es que la idea nos persuadió a abstenernos de las bajas durante algunas semanas. Lo que siempre nos preguntamos es si aquella gorda asquerosa habría sido capaz de contener sus incontenibles ganas de zamparse el contenido de la caja de bombones.

***

Teniendo que haber estado esta noche en Ginebra para la preparación de los exámenes finales de mi carrera, visto las notas que he obtenido durante la preparación, que son sobresalientes, si fallo el examen final os tendré como responsables de mi suspenso de mi carrera. Con todo esto, les pido indemnización de mi billete. Exijo una compensación o me veré obligada a tomar medidas legales.

***

Estimada Sra. López:

Gracias por contactar con nosotros.

En respuesta a su reclamación interpuesta en AENA ref. 0269 serie B440:

Le rogamos acepte nuestras disculpas por todas las molestias e inconvenientes que le haya podido ocasionar el retraso de dos horas de su vuelo y esperamos que ese incidente no haya provocado ninguna mancha imborrable en su excelente expediente académico y Dios nos libre de que su carrera profesional se vea truncada en el futuro por ello.

Sentimos comunicarle que de acuerdo con nuestras condiciones generales, las cuales se aceptan al efectuar una reserva, y dado que usted optó por volar, no podemos considerar su petición de devolución del importe de su vuelo, en todo caso, le recomendaríamos que contactase a su seguro de viajes y nosotros podríamos enviarle una carta confirmando el retraso de sus vuelos.

Si desea revisar nuestra política puede hacerlo a través de nuestro sitio Web o utilizando el siguiente enlace.

www.funnyJet.com/ES/Reserve/regulations

Le agradecemos una vez más que se haya puesto en contacto con nosotros y quedamos a su entera disposición para cualquier consulta adicional. En caso de necesitar nuestra ayuda de nuevo, utilice la sección ‘Ayuda’ en nuestro sitio Web.

Atentamente

Pablo García
funnyJet Atención al Cliente

 Una historia de ficción que podría ser increíblemente real.

CONTINUARÁ…

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