Nación Low Cost: F (Friedrich)

por • 26 septiembre, 2011 • Literatura, MISC., Nación Low Cost (la novela de BA)Comentarios (0)5724

La novela por entregas de BA

Una historia de ficción. Por Daniel Zimmermann

 

—Bienvenido a funnyJet, le atiende F…, ¿en qué le puedo ayudar hoy?
—Esto es un aviso urgente. En el vuelo de hoy de Madrid a Fuerteventura un pasajero viajará con material inflamable y estupefacientes.
—¿Con quién hablo, por favor? ¿Es cierto lo que nos cuenta?
—Bib, bip, bip…

***

FACEBOOK. En inglés en el original. ¿Un juguete inservible o un arma de aniquilamiento masivo? ¿Si pretendías abrirte un Facebook con la intención de que nadie de tu jardín de infancia, de tu colegio, de tu instituto, de la universidad, de tu familia, de tus antiguos trabajos, de tu trabajo actual te reconociera jugando a camuflar tus apellidos o tu cara en las fotos del perfil, ¿no habría sido mejor idea prescindir precisamente de esa idea y quedarte como estabas tan feliz en el anonimato, sin perfil?

Facebook: la versión doméstica de la prensa del corazón para los no famosos. Todo el personal de funnyJet, incluida la cúpula dirigente, tenía un perfil en Facebook. Es decir, que de todo lo que uno no se enteraba en los círculos de cotillas y chismosos que componían la plantilla durante horas laborales, lo encontraba aquí en todo su esplendor y con todo lujo de detalles. Rumores, chismes, noticias filtradas desde el Betriebsrat, romances entre trabajadores y otras estupideces a cual más conmovedora. Incluso existían grupos secretos en contra de Cagator Services y de algunos team leaders.

A veces, Facebook ejercía de chivato y verdugo. No podías alargar una baja por depresión durante meses y que luego los responsables de Recursos Humanos descubrieran, a través de fotos delatoras colgadas en tu perfil en los que constaban fecha y lugar en los que fueron realizadas, lo bien que lo habías pasado la semana pasada durante unas fugaces vacaciones en Amberes. También debías cuidarte muy mucho de no frecuentar los mismos clubs predilectos en el entorno de trabajo en idénticas circunstancias. Un inocente ‘pues el domingo estuve en el Bar 25 y me encontré con …’, bastaba para que las responsables de Recursos Humanos reclamaran tu presencia en sus dependencias en cuanto pusieras de nuevo un pie en la empresa.

FACTURA. funnyJet no emitía facturas sino confirmaciones de compra por la sencilla razón de que no incluían IVA en sus precios atractivos. Algo que la secretaria media española debería asimilar cuanto antes. ¿Existe algo más inepto que una secretaria? Hablar con una secretaria era lo más parecido a conversar con una persona cuya lengua desconoces. A tropezar una y otra vez con la misma piedra. Con el mismo gremio. Una vez más, los tópicos se cumplen. ¿Por qué todo el mundo recurre a la legalidad sin ni siquiera estar seguro de las afirmaciones en las que era inapropiadamente introducida en la conversación?, ¿por qué parecía que todo el mundo se sabía el Código Civil, el Penal y, sobre todo, el Mercantil como el padrenuestro mientras nosotros éramos incapaces de recordarlo?

—¡No proporcionar facturas es ilegal!
—funnyJet es una empresa inglesa que no se rige por el sistema fiscal español.

FACTURACIÓN EN LÍNEA. Señores, la facturación en línea es gratis… No, no puede usted facturar en línea si cuenta con equipaje facturado en su reserva… Si en el sistema le aparece la facturación como realizada, no hay nada que podamos hacer. Por motivos de seguridad, el sistema se bloquea después de dos intentos. Si es ése su caso, me temo que tendrá que facturar en el aeropuerto… Lo siento, en este caso no hay nada que podamos hacer… Como ya le he dicho, tendrá que facturar en el aeropuerto… No hay nada que explicar… Tiene usted que facturar en el aeropuerto, ¿se lo digo en chino?

—¡Pues vaya un servicio! ¡Como para recomendaros!
—No es responsabilidad de funnyJet que no tuviera usted la impresora lista en el momento de la impresión.

FAQ’s. FREQUENT ASKED QUESTIONS. En inglés en el original. En cristiano, preguntas frecuentes. Si quiere usted ahorrarse el coste de la llamada, esto es, si quiere invertir quince euros en lo que a usted le plazca en lugar de contactarnos telefónicamente, sea listo y acuda al repertorio de preguntas frecuentes. Digamos que es el equivalente digital a la letra pequeña de los contratos de antaño. O lo que solía contener los asteriscos amenazantes en los eslóganes de publicidad, sobre todo los que atañían a bancos. Todo lo que usted no sabe está aquí. Casi todas las preguntas estúpidas tienen su respuesta adecuada en este apartado. Por favor, sea usted, además de listo, condescendiente, filántropo y bondadoso y no nos haga trabajar más de lo necesario. Y ahorre dinero con su loable comportamiento.

FASHION WEEK BERLIN. En inglés en el original. Digamos que Berlín nunca pasaría a los anales de la moda de no ser por Karl Lagerfeld, Claudia Schiffer, Hugo Boss —a la sazón sastre predilecto del Tercer Reich— y Heidi Klum. Por mucho que Mercedes Benz, marca nacional, pretendiera lo contrario bajo mecenazgo y patrocinio. Por aquella época Fashion Week Berlin daba sus primeros pasos. Una pasarela en intensa fase de crecimiento, que poco después incluso pasó de la gestación a la lactancia y mostraba sus primeros dientes. De leche, eso sí. Digamos que los alemanes no tenían estilo, simplemente se ponían ropa.

Lo que estaba de moda entre la clientela de funnyJet era reclamar. Una tendencia de lo más incisiva que ni siquiera tenía que luchar contra otras para permanecer temporada tras temporada como must indiscutible sin rivales aparentes. Y sin campañas de publicidad. Reclamar era como ir de compras a Zara: algo que se podía hacer en cualquier parte del mundo.

FECHAS.

—Vamos a ver, si usted quería volar el trece de febrero, ¿por qué seleccionó entonces el trece de mayo? … Debe confirmar hasta ¡seis veces seis!, como los toros en las corridas, los datos de su reserva antes de proceder con el último paso del proceso: la compra, el pago… El sistema rara vez se equivoca, señora, ¿por quién lo toma?… Acaso, ¿puede probarlo?

FERNSEHTURM AM ALEXANDERPLATZ.
En alemán en el original. Centro urbano de Berlín oriental. Sus alrededores todavía mostraban el esplendor y la miseria de los intentos urbanísticos chocantes de la RDA. Una superficie de cemento atravesada por tranvías y donde comenzaban a edificarse nuevas construcciones no muy lejos de un curioso reloj que recogía todos los husos horarios del planeta. Una puntiaguda columna para pinchar nubes y alumbrar aviones de trescientos sesenta y cinco metros. Punto más alto de Berlín que servía de orientación para habitantes y turistas. Fue el único hito arquitectónico que sobresalía por encima de la pared divisoria, una pieza poderosamente visible desde cualquier punto de los dos Berlines. Hablamos de la Fersehturm, en los aledaños de Alexanderplatz, donde cada día cogíamos el tren regional que nos llevaba a Potsdam.

FF. Flight Flown. En inglés en el original. Y también fist fucking, el ejercicio favorito practicado a la vista por cualquier pareja gay en un garito cualquiera de la capital alemana. Información que sólo estábamos autorizados a desvelar a la policía. Nos referimos a la primera acepción, claro. No entendíamos por qué gente preocupada acudía sospechosamente a las líneas telefónicas de funnyJet para saber si un pariente había tomado cierto vuelo. ¿No era más fácil y más barato llamar al interesado? ¿No habría llamado igualmente el interesado a los preocupados en caso de incidencia? Las personas normales suelen contactar a los que le van a recoger al aeropuerto antes y después del viaje.

FIESTA. Digamos que queríamos conocer algunas drogas y dormir poco, pasar algún tiempo sintiendo que el cuerpo y la cabeza trotaban por derroteros diferentes. También los ojos.

FINAL REFUSAL. En inglés en el original. Estocada final y cese cortés de las comunicaciones. Y aquí cortés sí que es un eufemismo de grosería contenida muy mal disimulada. Nuestro texto estandarizado favorito. Le teníamos más cariño que a un hijo predilecto. O que a un hijo tonto, según el grado de hipocresía de según qué padres.

FINANZAS. Departamento de dudosa legalidad y existencia ubicado en Londres, enclave donde funnyJet, además de hangar, poseía razón social y oficinas centrales. Nunca estuvimos allí, ni supimos qué aspecto tenía aquel hangar número sesenta y nueve. Le rogamos paciencia. Nuestro departamento de finanzas está analizando seriamente su caso. Dado el volumen de reclamaciones que recibimos continuamente, le daremos una respuesta en los próximos seis meses. Y eso con suerte.

FLOOR WALKER. En inglés en el original. Listillo —por encima de la media habitual— de cada equipo que por cincuenta euros brutos más al mes se libraba de coger las llamadas y dedicaba todos sus esfuerzos a resolver dudas eventuales que cualquier agente pudiera tener respecto a la ejecución de políticas internas. También figura, rango laboral que despertaba cierta controversia. Sobre todo, cuando no eran capaces de resolver las dudas contundentes que a los trabajadores longevos se les presentaban de vez en cuando. De hecho, era un placer comprobar cómo no eran capaces de sacar adelante su cometido. En esos casos, o recurrías al team leader o resolvías la situación como Dios te diera a entender. Si los clientes a veces se inventaban las políticas de la compañía, nosotros no íbamos a ser menos.

FLOTA. Planeaba entre nosotros la sensación de que funnyJet era propietaria absoluta de un flota siniestra donde todos los aviones bien podrían responder al nombre de Titanic, dado el carácter desastroso con el que era gestionada la compañía. Durante algún tiempo, simplemente nos equivocamos. Y como Titanic, los aviones estaban siempre recién estrenados. Air Bus 320 y Boeing 747 con menos de cinco años de antigüedad.

FOROS. Lo narrado hasta el momento ya convertía a funnyJet en carne suculenta de foros de desacreditación y desprestigio de incuestionable merecimiento, donde las calumnias e injurias eran, simple y llanamente, la realidad. Lo que en ellos se colgaba era casi siempre cierto. Si el lector era capaz de disociar la exageración de la realidad ya por sí subjetiva. Digamos que un buitre se habría intoxicado de haber sido funnyJet un manjar vil de su preferencia.

Una de las trabajadoras del equipo italiano, Roberta, fue a dar con sus huesos en un foro. Por aquel entonces todavía se nos obligaba a firmar con nuestro nombre y apellido reales. Roberta se negó a ayudar a un abogado muy mal educado que promovía este tipo de actividades en internet. Digamos que Roberta se había mostrado por escrito mucho más explícita de lo que debía. No nos estaba permitido devolver insultos ni vejaciones, eso ya ha quedado claro. Sin embargo, a veces era necesario hacer verdaderos esfuerzos agónicos para conseguirlo. Roberta no pudo. El contenido de sus mensajes fue colgado en la red y pronto lo sucedido llegó a oídos de Management. Roberta fue despedida. Un mal menor si tenemos en cuenta que su nombre y su mala gestión laboral estarían asociados a funnyJet de por vida. Algo con lo que un contratador no querría toparse si hablamos de uno de sus futuros trabajadores.

FRÁGIL. Estado endeble de las cosas. Nuestra estabilidad emocional lo era. Y casi todo aquello que casualmente los clientes que eran obligados a facturar maletas que excedían las medidas reglamentarias, solían meter en contenedores tales, también. Piezas que, casualmente, terminaban rotas en mil pedazos o eran sustraídas. ¿Realidad o imaginación? Siempre he querido conocer a la especie embobada a la que se le ocurre facturar cosas insignificantes como un ordenador portátil sin estrenar, que generalmente solía coincidir con el último lanzamiento de Apple al mercado, novecientas libras esterlinas de las de antes, de las de a un euro con ochenta la unidad, un i-Pod Touch regalo con preciadísimo valor sentimental, cerámica excepcional, y por lo tanto única y cara, adquirida en un mercadillo de Casablanca y una Black Berry con todos los valiosísimos contactos profesionales que un mamarracho usuario de una línea low cost fuera capaz de atesorar. A veces coincidían misteriosamente todos los elementos en una misma maleta lo cual, desde luego, significaba el colmo de la mala suerte para su propietario.

FRANCESCO STRONZZI. Aún lo recuerdo con el mayor de los desagrados. La peor de las molestias. Jefe de proyecto designado por Cagator Services para pilotar funnyJet. Un monstruo sin afectos. Un asesino. Alguien indudablemente peligroso. Y en definitiva, un capullo plenipotenciario al que todos repudiábamos con ímpetu sincero. Francesco debía urgentemente ser trasladado al lugar que le correspondía: entre los desperdicios.

Digamos que ningún lenguaje conocido era apto ni podría haberse acercado a la magnitud de nuestro desprecio, porque ninguna expresión podría haberse aproximado a la grandeza de nuestra decepción. Digamos también que Francesco Stronzzi estaba tan orgulloso de su puesto como un actor de sus candidaturas al Oscar. Nada en particular. Todo lo que decía parecían avisos. Nada más.

Era como un Jesucristo sin el apoyo necesario. Aunque paradójicamente, pronto le atribuimos dotes demoníacas —a pesar de que de cuando en cuando repartiera nubes de golosina y ositos de goma Haribo por los pasillos del call center— al que muy fácilmente hubiéramos culpado de todos los males de la humanidad. Los mismos males que a él le deseábamos. Lo odiábamos en bloque. Por lo menos nuestro recuerdo patético le conservará la existencia a este cabrón absoluto.

Cada pequeña cantidad de odio, añadida a la que ya se tiene, hace siempre un poco más. Y al final de aquellos días acumulamos una cantidad considerable de verdadero odio ponzoñoso. Mentalmente le administrábamos cada día innumerables azotes hasta que perdía el último hilito de resuello. Francesco era un idiota. Un idiota que ha seguido idiotizándose paulatinamente desde entonces. En todos los sentidos posibles e imaginables, Francesco Stronzzi se ajustaba exactamente a lo que nos esperábamos de él. Y no es necesario que el cronista entre aquí, por el momento, en más detalles minuciosos.

FRAUDE. Internos y externos. En dos modalidades posibles. Curiosamente, cuando se cometía fraude externo realizando una compra en funnyJet con la tarjeta de una tercera parte, sin consentimiento ni conocimiento, únicamente podías recomendar a la perjudicada absoluta que se pusiera en contacto con la policía y denunciara los hechos. Por motivos de seguridad, que no sé a qué acta de protección de datos atendían, no podíamos desvelar quién había volado por la jeta en aquella reserva fraudulenta. En pocas palabras: protegíamos la identidad del delincuente en lugar de desvelarla, para asombro de todas las partes:

—¿Qué?, ¿te digo que me han estafado y me cuentas que no puedes desvelar ningún dato personal asociado a esa reserva?, ¡yo soy el propietario de la tarjeta!, ¿qué tipo de empresa son ustedes que protegen la identidad de los delincuentes?

Eso mismo nos preguntábamos nosotros.

—Lamentamos sus circunstancias, pero debe usted dar parte del asunto en su comisaría más próxima. La policía se pondrá en contacto con nosotros y será entonces cuando proporcionemos los datos necesarios para esclarecer los hechos.

Los internos adquirían muchas formas: variables, astutas, burdas y estúpidas. Desde un cambio de vuelo propio, quiero decir, entre miembros de la compañía y para sí mismos o entre compañeros, pasando por comentarios que beneficiaban a los agentes cuando realizaban sus vuelos perdonando unos kilos de más en el equipaje facturado, unas bebidas gratis propias de staff travel, hasta llegar a la maldad pura y verdadera, que perjudicaba a terceros que no eran la empresa: fundirse el suculento credit file, léase bono, de un cliente por valor de ochocientos cuarenta y ocho euros en vuelos, hotel, coche de alquiler y seguro para dos agentes de funnyJet, por ejemplo. Claro que la putada no llegaba muy lejos y tarde o, más bien temprano, era descubierta. Hacer cambios de vuelo de extranjis sólo podía pasar desapercibido en aquellas reservas en las que los agentes no estaban involucrados. Digamos que muchos de nuestros amigos sí pudieron beneficiarse de nuestro trabajo en funnyJet.

Si no le hubieras conocido en otros ámbitos y en situaciones descaradas, desinhibidas o vergonzosas, a veces en una pista de baile sin camiseta, la prepotencia de Peter en las intervenciones de la empresa podrían haberte impuesto bastante respeto cuando decía con voz firme y amenazante, en la parte más sustanciosa de su actuación, que no iba a tolerar las risas y cuchicheos entre compañeros en el call center durante las horas de trabajo. Tras aquellas palabras, nos dejaba sumidos en unas reflexiones que, como podéis comprender, no le favorecían en nada.

Si nuestra productividad sobrepasaba el noventa por ciento requerido por funnyJet como baremo mínimo impuesto por contrato a Cagator Services, ¿por qué querían entonces anular los momentos de sosiego, que eran los que nos permitían levantar cada uno de todos los días que nos prostituíamos para funnyJet? Porque querían controlar todas las facetas de nuestra vida mientras estuviésemos allí. De haber estado permitido, nos habrían conectado electrodos aplaca-sonrisas por medio de descargas eléctricas.

Cuando echabas un vistazo a la historia de Petersmann descubrías, no sin asombro y asco, la cantidad de premios que reconocían la trayectoria de la firma entre los que se incluía, a título meramente informativo, un Príncipe de Asturias. La empresa prosperaba gracias a las condiciones a las que eran sometidos sus trabajadores, condiciones que pasaban totalmente desapercibidas. Importaban los números. Los billones de euros de beneficios que facturaba Petersmann cada año. Nada más. Empresas y jefes que defraudaban todos los días a sus trabajadores y engañaban al mundo con sus supuestas proezas.

FUNNYJET. En inglés en el original.

—Pero, ¿yo con qué compañía vuelo?
—Si no lo sabe, ¿cómo es que ha dado con este teléfono? No me diga usted que ha marcado el número al azar… ¡Con funnyJet, coño!

‘Un imbécil que llega aquí y sólo nos manda callar’. Ésa era la definición propuesta por Laura, una de las agentes españolas, que mejor se ajustaba según su criterio —y el universal— a lo que significaba Peter Porkins, jefe supremo de funnyJet. Y digamos que era ésta una calificación apta en grado sumo: Peter desconocía el producto estrella, único, por cierto, de la empresa para la que desempeñaba un importante puesto. No distinguía un violín de una guitarra. Ya sabíamos que el chef no podía entretenerse pelando patatas, pero no se puede intentar mejorar algo cuando partes de conceptos abstractos, sin estar sumergido en lo concreto. Ni siquiera sabía cómo funcionaba el programa de gestión de reservas. Era como vivir en Berlín sin hablar alemán: sí, podía hacerse. Sí, hacíamos reservas, contestábamos llamadas y resolvíamos reclamaciones, todo al mismo tiempo. Pero en la atención al cliente no se trataba del qué sino del cómo.

El trabajo de Peter durante sus visitas frecuentes a Berlín no iba más allá de ponerse al día y activar su vida social, Facebook y Twitter mediante, al mismo tiempo que consumía las seis horas que venía a rellenar al call center mortificándonos a todos, como si nuestros sueldos fueran sufragados directamente por su bolsillo. Y aunque —más bien muy al principio— le intuíamos dotes indiscutibles de liderazgo, sus comentarios nunca iban más allá, no desarrollaban otras ideas que no fuera desentrañar qué harían sus agentes predilectos durante el fin de semana o qué fiestas serían las recomendadas lo que durase su estancia en la capital alemana.

FUNNYJET SET. En inglés en el original. Nosotros, los narradores. Wir, Kinder vom Bahnohf Zoo. Los héroes de la historia. Puede que las heroínas. El boom. El póquer de ases. El nirvana. La vida después de la muerte. La eyaculación interminable. La medalla de oro. El clímax infinito. El dardo en el centro de la diana. La happy hour perpetua. El tesoro de la isla. El escaparate final al completo de El Precio Justo. El Óscar a la mejor interpretación, a la mejor película y el mejor director. El Santo Grial. El Gordo de navidad. El final feliz. Porque no olvidábamos que el secreto de un final feliz es hacer bajar el telón en el momento preciso. Un momento después de la felicidad, todo vuelve a ir mal.

A ver si esto no os suena. funnyJet, compañía aérea low cost que operaba únicamente en Europa, junto con easyJet y Ryanair —otras compañías low cost con las que compartía liderazgo—, inundaba el mercado con ofertas en sus vuelos desde cualquier punto del viejo continente hacia Berlín. Por menos de diez euros el coste total de ambos trayectos, con tasas y comisión, era casi más barato que un gramo de speed o dos pastillas, ya sabes, diez euros.

Jóvenes europeos especialmente de Italia, España y Reino Unido componían la denominada funnyJet Set. Estos miembros de clase bajo cero de la funnyJet Set viajaban desde sus países de origen a Berlín para pasar el fin de semana atraídos por la cultura underground y básicamente para salir de fiesta conectando noches con días sin interrupción. Berghain, Panoramabar, Watergate, Bar 25, Golden Gate, Week End, Tresor, Arena, Home Sweet Home. No se quedaban en ningún hotel: venían con una mochila minúscula en la que guardaban sus cosas. Venían con lo puesto. No reservaban habitaciones en hoteles, hostales o albergues. Dormían algunas horas en alguno de los sofás blandos y destartalados que había en todos los clubs de la ciudad. De viernes a lunes. Si dormían…

***

Buenos días, les escribo a ustedes, aunque no tengo la certeza de que mi correo llegue al destinatario adecuado, dada la dificultad para encontrar una dirección de correo electrónica de atención al cliente en la página web. A lo mejor no he sabido encontrarla. Pero éste no es el asunto que ahora quiero tratar.

Me gustaría saber por qué tienen preferencia para embarcar los pasajeros que viajan con niños y no la tienen los pasajeros de la tercera edad. De hecho, los niños van en brazos de sus padres o sentados en una sillita o cochecito.

Creo que su política de no dejar reservar asientos y la manera de embarcar a los aviones es pésima. De hecho, creo que es uno de los pocos reproches que se les puede hacer.

Mis padres, mi hermana y yo nos vemos obligados a viajar con su compañía cuando volamos a Berlín. Ya en alguna de sus encuestas manifesté mi disconformidad con la manera discriminatoria de acceder al avión y del subterfugio de cobrar por embarcar antes. Llegará un momento que tendrán más gente haciendo cola a pesar de haber pagado con antelación para ser los primeros. Esa sensación de tomadura de pelo añadida al hecho de que apenas existen asientos en la sala de espera y que si te sientas te adelantan pasajeros que han accedido mucho después que uno, no es nada agradable.

También saben de sobra, y si no hagan una encuesta, que la mayoría de pasajeros no respeta las colas y mucho menos respetan a los ancianos. ¡Si ustedes son los primeros que no les tienen en cuenta, para qué les van a respetar el resto del pasaje!

Si a todo esto añadimos las dos horas de antelación recomendadas por ustedes para llegar al aeropuerto, etc…, nos encontramos con demasiados impedimentos para viajar en avión. La gente mayor se cansa por estar de pie, se cansa y se angustia si la empuja, si hace calor, si ve que todo el mundo le adelanta, si creen que no van a poder viajar acompañados por alguien conocido, si el espacio en que hacen esperar es pequeño…

Por favor, ¡traten como se merecen a las personas de mayor edad!

Y les ruego que permitan reservar asientos aunque se tenga que pagar un poco más. El coste informático quedará amortizado en muy poco tiempo y su compañía obtendrá más beneficios, la gente viajará más contenta y relajada, quienes quieran embarcar antes ya correrán y el resto sabrán que aunque entren los últimos tendrán sus asientos, que para eso los reservaron con antelación. Y si alguien paga más por un billete de última hora a lo mejor a ustedes les interesa que embarquen antes, pero a mí no me importará ver que mis padres sentados pueden esperar el tiempo que haga falta y que cuando suban al avión nadie les empujará y podrán acceder a sus asientos.

¿Ahora de qué me sirve reservar el billete si no sé si podré sentarme con la gente que me acompaña?

Además, ¿nunca se les ha caído al suelo ningún anciano por haber recibido algún empujón propinado por alguno de los jóvenes, y no tan jóvenes, que viajan en su compañía? ¿La responsabilidad civil de quién es en estos casos? Yo creo que ustedes fomentan el empujón y el paso adelante. Fomentan el poco respeto hacia los demás y que impere la ley del más fuerte y del más joven. A lo mejor es eso lo que quieren transmitir: que es una compañía para los que son jóvenes. Será que vuelan pocas personas de la tercera edad. A lo mejor. Además, mi lectura es que su compañía quiera captar a clientes nada respetuosos. Por mucho que digan que respetan el medio ambiente (con sus opciones de «Reduzca el impacto de las*emisiones de carbono» de sus vuelos en el medio ambiente por medio de «proyectos de reducción de emisiones» certificados por la ONU»), creo que sería más conveniente que empezasen por respetar a las personas. Es un primer paso y será más fácil que las personas respeten al planeta. Hagan la prueba.

Atentamente,

Mercedes Ferrer

***

Estimada Sra. Ferrer:

Gracias por contactar con nosotros.

Su mensaje se basa de principio a fin en conjeturas subjetivas infundadas. No discriminamos JAMÁS a ninguno de nuestros clientes, entre los cuales, por supuesto, se cuentan miembros de la tercera edad en los que pensamos y a los que ofrecemos un trato adecuado —y preferente, exactamente igual que los padres que viajan con niños— cuando los mismos requieren necesidades especiales, ya sea por discapacidad o por meros achaques de la edad. Y por supuesto, estos servicio y trato son gratuitos.

Intentamos paliar cualquier incomodidad, cualquier contratiempo que les pueda surgir en todo momento, ofreciendo asistencia desde su misma llegada al aeropuerto aun cuando estos pasajeros viajaran solos. Proporcionamos transporte con silla de ruedas asistido por la compañía de un profesional quien se ocupará del cuidado de la persona que se encuentre en sus manos y nos responsabilizamos del confort de este tipo de pasajeros. Lo único que se requiere en estos casos es un mínimo de anticipación para coordinar los efectivos con los que cuenta el aeropuerto: nos referimos a que se debe avisar al menos con 48 horas de antelación respecto a la salida de los vuelos.

Para otorgar un trato deferente hacia personas de la tercera edad, sólo tenía usted que haberlo comunicado en su momento, es decir y repetimos, al menos 48 horas antes de la salida del vuelo —mero trámite que permite actuar con anticipación—, información que se desprende de nuestra política de empresa en el link que le mandamos adjunto y que puede encontrar en nuestra página web.

Expone usted que se ven obligados a viajar en nuestra compañía a Berlín, pero no entendemos a qué razón ni a qué requerimientos responde tal obligación.

Por otro lado, nos hace usted absolutos responsables de la supuesta brutalidad de los clientes que hacen cola para subir a los aviones de nuestra flota, cuyo comportamiento, civilizado o no, depende única y exclusivamente de sus depositarios, en los cuales también —y obviamente— recae cualquier tipo de responsabilidad civil, penal o criminal. Por favor, le rogamos que no intente hacernos responsables del grado de educación de los más de 45 millones de clientes que hacen uso de nuestra aerolínea todos los días.

Recapitulemos: no es nuestra responsabilidad si nuestros usuarios se saltan las colas o no respetan a las personas mayores, afirmación en la que también discrepamos. Le rogamos una vez más que entienda que funnyJet es una compañía aérea y no un jardín de infancia. Son las personas las responsables de sus actos y no el entorno o el recinto, léase empresa, donde libran sus hipotéticos altercados o batallitas domésticas. Si dos señoras discutieran en una pescadería, ¿sería entonces responsable el pescadero o el propietario del establecimiento de aquel infortunio? Creemos que no.

Respecto a su pregunta ‘¿Ahora de qué me sirve reservar el billete si no sé si podré sentarme con la gente que me acompaña?’, le informamos que nuestra responsabilidad original, por la que alguien contrata nuestros servicios, es transportar a un pasajero de A a B. Todos sabemos además, que en las líneas aéreas regulares no low cost que contemplan la numeración de asientos, no siempre es posible que un grupo o una familia, y en ocasiones hasta una pareja, puedan sentarse juntos.

No contemplamos la nuemración de asientos porque no tenemos categoría de línea regular superior, lo que por otra parte no incide en la calidad de nuestros servicios, en la seriedad y en la profesionalidad. Si no está usted satisfecha con nuestra política de línea aérea low cost que no contempla la numeración de asientos, puede usted acudir libremente a cualquier línea regular que le permita escoger asiento con meses de antelación a su vuelo, aunque sinceramente le damos las gracias por habernos escogido.

También queremos recalcar, que el acceso al servicio Speedy Boarding que da preferencia de embarque, es limitado, es decir, no todos los pasajeros pueden acceder a él por mucho que soliciten su contratación. No se trata de una tomadura de pelo, sino de un servicio de preferencia —de plazas contadas— para aquellos pasajeros que lo deseen y estén en disposición de permitírselo, si no perdemos de vista que somos una compañía aérea low cost en la que el precio de los billetes se sitúa en baremos más que atractivos. Al no distinguir categorías de Primera Clase, Business y Turista, debemos hacer estas pequeñas concesiones preferenciales para los clientes que lo soliciten.

Sin embargo, nos escandaliza —y compromete nuestra integridad, primero como profesionales y después como personas— que nos acuse usted de fomentar ‘el empujón y paso adelante, el poco respeto hacia los demás y que impere la ley del más fuerte y del más joven’ y de ‘captar a clientes irrespetuosos’, como usted literal y desafortunadamente expone. funnyJet es una empresa seria y respetable y como tal exigimos la consideración y el trato que nos merecemos, que es precisamente el mismo que proferimos a cualquier miembro de nuestra numerosa clientela.

Y por último, le informamos que funnyJet es una compañía plural y universal que ofrece servicios para personas sin tener en cuenta a efectos discriminatorios —como usted acusa— la edad, aunque tampoco la religión, el género, la raza o la tendencia sexual, de lo cual nos enorgullecemos. funnyJet respeta las libertades y derechos fundamentales e individuales de la humanidad al completo. Lamentamos profundamente su disconformidad con nuestra empresa, pero por todo lo expuesto, por todo lo aclarado, no podemos admitir a trámite su reclamación. Lo sentimos.

Le agradecemos una vez más que se haya puesto en contacto con nosotros y quedamos a su entera disposición para cualquier consulta adicional. En caso de tener una nueva solicitud, utilice la sección “Ayuda” de nuestro sitio Web.

Atentamente

Marina Novak
funnyJet Atención al Cliente

 

Una historia de ficción que podría ser increíblemente real.

CONTINUARÁ…

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