Musikfest I: un paraíso en llamas y la belleza del alemán

por • 10 septiembre, 2019 • Actualidad, Conciertos, Música, OCIOComentarios (0)188

He bajado al infierno y ha sido maravilloso. Una caída continua en el abismo antes de abrir la puerta infernal. Como si Dante Alighieri hubiera reescrito el viaje interestelar de 2001: Una Odisea del espacio. Y, mientras que en las puertas del infierno de Dante se podía leer “quien entre aquí, abandone toda esperanza”, esta noche la puerta era de salida, de escape de la figura demoníaca. Yo y otras dos mil personas hacemos estallar en aplausos la Filarmónica de Berlín. Acaba de interpretarse Shaar, del griego Iannis Xenakis. Un paraíso en llamas.

Con gran emoción rememoro esta composición que, bajo dirección del húngaro Peter Eötvös, interpretó con soberbia la sección de cuerda de la Filarmónica el sábado 7 de septiembre. Veintinueve violines, diez violas, diez violoncellos y ocho (!) contrabajos jugaban a crear una “materia” musical (así entendía Xenakis su función) que no es en esta obra sino la lucha del Bien contra el Mal, en la que el ser humano sucumbe ante el poder demoníaco antes de encontrar la puerta de escape.

Los intérpretes acarician con dulzura las cuerdas para dar voz —en eso consisten estos adornos conocidos como Glissandi— a los seductores seres del infierno que nos acompañan en nuestra caída al centro de la tierra. Y vibran con la fuerza de las entrañas del monstruo que parece habernos tragado. Hasta que Eötvös comienza a levantar sus manos acelerando los violines hasta el estruendo que pone final a la angustia del público. 

Pero Xenakis es solo un miembro de este triunvirato de compositores bajo la dirección de Eötvös. Antes de Shaar hemos viajado durante más de veinte minutos a mi ciudad natal, Granada. Alhambra es la obra compuesta por el mismo Eötvös y que fue presentada en 2018 en el granadino Palacio de Carlos V. El peso de la obra lo lleva la violinista Isabelle Faust, que con su virtuosismo y el constante apoyo orquestal recrea los sonidos de los pasos en el mármol y del agua en la alberca, o el ruido de un pájaro saliendo del arrayán. Los contrabajos anuncian momentos de tensión y dan paso a rápidos movimientos que terminan en inevitable paz, en siesta veraniega. Nos despierta la trompeta, quizás anunciando una audiencia real en el palacio.

Es imposible apartar la vista de la violinista Faust, que con expresión de gran esfuerzo, de virtuosa en acción, parece llevar a cabo una lucha con su violín, de la que emerge victoriosa. Mientras tanto, no deja de sonar el agua, entremezclada con el sonido de la mandolina invitada entre violines, cuyos finísimos hilos de sonido desembocan en una tremenda carga de violas. La pieza termina sin grandes momentos de explosión. Y la violinista nos regala una Zugabe espléndida, callada y fugaz, como el sonido de una cuerda cortando una nube a gran velocidad.

Cierra Eötvös con Amériques, compuesta hace un siglo por Edgard Varèse, que arranca con la caballería de viento y muestra toda la exuberancia de la Filarmónica —ahora sí— al completo. Volamos a Estados Unidos, y nos acompañan ruidos maquinales de xilófono, claves de madera y hasta una bocina perfectamente integrada en la orquesta. Sorprende la fuerza explosiva de los instrumentos de viento y los tambores, casi militares, interrumpidos por el ruido de una sirena.

¿Nueva York o la Metropolis de Fritz Lang? Más bien asistimos a una moderna marcha imperial, con la superpotencia subyugada a la la percusión que se debate entre un futuro maquinal y el pasado a galope en un caballo europeo. La banda sonora de una tierra fértil y férrea, en la que solo a veces la orquesta se vuelve humana y parece espantar a las máquinas.

El concierto de la Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Peter Eötvos tuvo lugar el sábado 7 de septiembre y formaba parte del Musikfest Berlin.

Una noche de poesía alemana

Creo que ya sé cómo suena un cuadro de Caspar David Friedrich. Es un canto a la amada en la distancia, An die ferne Geliebte, con el que Beethoven dio voz al texto de Alois Jeitelles (“Allí en el valle tranquilo / hacia un bosque de sentidos / me arrastra el amor violento”). En esta noche de lunes en la sala de cámara de la Filarmónica, el famoso barítono austriaco Georg Nigl y la pianista moscovita Olga Pashchenko interpretan un repertorio de poesía cantada alemana.

Él da voz a los románticos Schubert y Beethoven y al más clásico de entre los contemporáneos, Wolfgang Rihm; mientras que ella es el cielo rompiendo aguas sobre el bosque alemán. Con Schubert nos hemos acostumbrado a la balanceante figura del barítono, que emula a un padre cantando poemas de antaño. Y hemos sufrido el drama de los románticos ante la belleza de la luna regando el bosque en una noche de verano, su Sommernacht. Pero con Beethoven el intérprete sabe que ha disparado al corazón del público alemán, a su orgullo de pensadores y poetas.

¿Qué es la vida, quiénes somos, qué deseamos? Con estas preguntas se abre hueco entre los dos genios románticos la première del Sueño difuso (Vermischter Traum) de Rihm, una obra en siete partes que confronta con la frugalidad de la vida, con el dolor del tiempo. “Hoy flores y mañana estiércol”, deja claro en otro verso el texto compuesto en el siglo XVII por Andreas Gryphius del que Rihm ha bebido. La música es grave, casi siniestra, un canto a la tragedia intrínseca de la vida. Al acabar su interpretación, el artista, emocionado, agarra el libreto y lo sacude ante el público, como si dijera “la vida es esto”.

Volvió a sonar Schubert para acabar la primera noche de verdadero otoño en la Filarmónica, con un cierre de programa premonitorio. Sonaron La noche invernal, A la música y Despedida, con versos cada vez más cortos. Como si se quisiera plasmar la creciente pequeñez de los días. El barítono concluía en su elegante y lírico alemán: “Disolver  / Evitar / lo que se ama”. Cómo si fuera posible escapar del paraíso en llamas. 

El recital de Georg Nigl con Olga Pashchenko al piano tuvo lugar el 9 de septiembre en la sala de cámara de la Filarmónica y formaba parte del Musikfest Berlin.

Musikfest Berlin 2019 | 31 de agosto al 18 de septiembre de 2019
Conciertos en la Berliner Philharmonie y en Konzerthaus
Programa completo aquí   

Texto: Juanfran Álvarez para Berlín Amateurs © septiembre de 2019
Fotografía: © Martin Walz (Eötvös y Faust); © Juanfran Álvarez (Pashchenko y Nigl)

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