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Memento mori: recuerda que vas a morir

por • 31 octubre, 2017 • Aire libre, Barrios, CULTURA, GALERÍAS, HistoriaComentarios (0)2741

Nacemos para morir, y la conciencia de esta verdad actúa como una tortura para muchos y como un alivio para otros. La muerte parece ser la última finalidad de la vida, y todo lo que hacemos en nuestras vidas lo hacemos en el fondo para no pensar en la nada en la que nos “convertiremos” una vez muertos. Cada día que pasa, cada hora, cada minuto, es un día, una hora, un minuto menos que falta para que llegue nuestro momento final. Nadie puede escapar de la muerte ni de tener contacto con ella a lo largo de la vida. Mientras vivimos y la muerte todavía no nos toca, experimentamos, no obstante, la muerte como la muerte de los otros, y de alguna u otra manera proyectamos nuestra propia muerte, constatando que también moriremos. Hay quien dijo que cuando lloramos la muerte de los demás, lloramos también por nosotros mismos y por el hecho de que el ser humano es mortal y finito.

Morir y pensar en morir trae consecuencias. Ya sea que no pensemos en absoluto en la muerte, ya sea que no le temamos y que nos concentremos en nuestras ocupaciones cotidianas, la muerte está ahí y siempre lo estará de una manera o de otra. Lo cierto es que a lo largo de nuestras vidas intencionadamente o no, le damos un sentido a la muerte, y desde que la humanidad tiene conciencia de sí, la muerte ha estado presente en nuestro pensamiento, en todas sus formas y medidas: pesimistas, optimistas, religiosas, nihilistas… Lo que se desprende es que la muerte nos traviesa en tanto seres humanos y darle algún tipo de sentido es una tarea con la que en algún momento de nuestras vidas nos encontramos.

De acuerdo con el filósofo alemán Martin Heidegger, estamos arrojados a la existencia y somos ser-para-la-muerte, es decir, somos mortales y por lo tanto estamos en el tiempo, ya que la inmortalidad es atemporal. La posibilidad de la muerte y nuestra finitud es lo que hace que nos activemos, que tengamos planes, proyectos, que nos vivamos a nosotros mismos como tarea, en donde constantemente estamos eligiendo. Es justamente la muerte lo que nos hace estar vivos, existiendo y proyectándonos en la existencia de una manera singular y no solamente permaneciendo en la vida. ¿Qué sería de nosotros si no muriéramos, si no nos llegara el momento de dejar esta existencia? Seríamos inmortales, pero ¿realmente apreciaríamos la vida de la manera en que podemos hacerlo en tanto seres mortales? Probablemente, nos ahogaríamos en el ser, y nuestra vida sería completamente diferente. Entonces, podríamos decir que quien ama la vida, ama también la muerte, quien debe/quiere vivir, debe/quiere también morir.

Colaboración especial de Marina Ercolini para Berlín Amateurs © octubre 2011, revisado octubre 2015 y octubre 2017
Fotos: Redacción Paco Neumann © BA

 

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