Helmut Newton © A Scene from Pina Bausch's Ballet, 1983

Fotógrafos alemanes de culto

por • 18 noviembre, 2016 • Alemania, CULTURA, Fotografía, Historia, ImprescindiblesComentarios (0)22779

 El Mes Europeo de la Fotografía en Berlín no es un showcase de los mejores fotógrafos alemanes, pero sí nos brinda la posibilidad de presentar lo mejor de la fotografía alemana todavía vigente.

MODA

¿Hay alguna diferencia entre fotografía artística y fotografía de moda? ¿Cuándo se convierte en arte una fotografía?

Jürgen Teller (1964, Erlangen)

Porque los encuadres torcidos también son bellos. Vinculado a revistas de moda alternativas como The Face, I-D, Self Service, Another o Purple, se le ha descrito tanto como fotógrafo de moda como de arte, sin apenas variar su estilo entre unos trabajos y otros. Combina ambos géneros: desde las páginas de las revistas a las paredes de las galerías. Un marcado carácter autobiográfico le impulsa a fotografiar a su familia, la casa de su infancia en Núremberg, momentos íntimos que incluyen autodesnudos cuando las cervezas le han dejado fuera de control. Lo hace con predisposición y franqueza, sin vergüenza propia ni ajena a la hora de mostrar su vida privada. Charlotte Rampling y Raquel Zimmermann son habituales en sus fotografías.

No hay diferencias entre los encargos comerciales y su trabajo autobiográfico. Su estilo abarca lo cotidiano, lo espontáneo, lo lúdico a través de una simple, aunque personalísima, concepción estética de colores sobreexpuestos, desvaídos, sin contraste. Sus fotos a veces tienen un predominio inconfundible de tonos naranja difuminados. Su creatividad y pervivencia están vinculadas solo a su libertad y a su falta de inhibición. Ha colaborado diez años con Marc Jacobs y Vivienne Westwood. Suele trabajar con una Contax G2. Go-Sees (casting de modelos en la puerta de su casa) es una de sus compilaciones más representativas en cuanto a retratos.

Helmut Newton (1920, Berlín – 2004, Los Ángeles)

Moda, desnudos y retratos son las tres categorías en las que Helmut Newton es considerado un autor de culto. No es un fotógrafo convencional. La elegancia de sus fotos trasciende la moda: poseen una calidad eterna inexplicable. Mirada aguda, maestro de la osadía, Helmut Newton escandalizó e intrigó al mundo durante medio siglo con sus provocativas fotografías de mujeres. Lo que Newton mostraba en los desnudos fue totalmente radical para la época.

El erotismo, la seducción, el fetichismo, el lujo y el glamour constituyen los pilares de sus fotografías, presentes en revistas como Vogue Francia. Sus mujeres están colocadas en un escenario que trasciende el presente. Vestidas, semivestidas, semidesnudas y desnudas. Con ese aire de criminalidad y aquella tensión sexual insoportable tan suyos. La ropa, generalmente no corresponde a tendencias de moda concretas. Sus fotos, sus desnudos, carecen de inocencia y no se ajustan siempre al canon clásico de belleza.

Peter Lindbergh (1944, Leszno)

Su verdadero nombre es Brodbeck. Lo de Lindbergh lo tomó prestado de una guía telefónica abierta al azar. Necesitaba un nombre sonoro que diera vida al personaje, al fotógrafo imprescindible para la moda y para el arte que es desde hace tiempo. Se vale de la moda para contar historias. Un narrador dinámico que huye de las poses artificiales otorgando a sus producciones un brillo aparentemente casual de gran pureza estética. Austeras, sin decoración extra. Su lenguaje visual expresivo está dedicado casi por completo al blanco y negro.

Muchos de sus reportajes se basan en escenas de películas conocidas, con especial interés en la ciencia ficción. Fotos que a veces parecen fotogramas. Editoriales que imitan secuencias cinematográficas, escenas congeladas. Son célebres sus series de invasiones extraterrestres, una suerte de crónicas marcianas versión fotonovela de moda. Estos thrillers de ciencia ficción versión fotografía suelen alcanzar unos costes de producción de 120 000 dólares, cuya temible factura paga general y religiosamente Vogue.

Ellen von Unwerth (1954, Fráncfort del Meno)

La supermodelo reivindicativa convertida en fotógrafo o la feminidad naïf erótica. Las chicas de Ellen son habituales de Vogue, Vanity Fair o Interview. Celebrities, campañas publicitarias y cubiertas de discos (Christina Aguilera, Britney Spears o Rihanna). Ellen no tiene ese problema de seducción con las modelos que podría tener un fotógrafo-hombre. Trabajar con ella no incluye llamadas, citas o sexo. Por eso no hay lujuria en sus desnudos. Fantasía, decadencia, sensualidad, malicia, fetichismo, espontaneidad e inocencia sí. Siempre mujeres encasilladas en clichés de lolitas. Fotos que celebran la vida: alegres y divertidas, joviales y juveniles, frescas y en movimiento. Un erotismo fácil —siempre entre mujeres—, de esos que levantan una sonrisa educada. Picardía trillada de ropa interior de encaje y ligueros y de rojo monótono en todos los labios que Unwerth realza en blanco y negro o color sobreexpuestos de marcado contraste.

Rebelde de orfanato con pasado subcultural hippy, su vida cambió cuando un fotógrafo le propuso posar para la revista Bravo. Así empezó su carrera de modelo. Quizá sus fotos tengan mucho de esa publicación para adolescentes. Ella misma hizo las primeras fotos de Claudia Schiffer comisionada por Elle Paris para ilustrar un día en la vida de una modelo emergente. Pensó que se parecía a BB y esa fue la reencarnación que fotografió para aquella campaña de Guess de los noventa. “No me tomo la fotografía tan en serio. Tengo una cámara y hago fotos”, confiesa desde su Portfolio Spezial de la editorial Stern. ¡Seguro!

DÜSSELDORF AVANT-GARDE

Si la foto capta el alma de las personas, ¿qué hace entonces con los espacios y lugares?

El fenómeno de la escuela de Düsseldorf y la nueva objetividad en la fotografía. La legendaria academia de arte se estableció en los setenta y ochenta como cantera de maestros de la fotografía arquitectónica moderna. Discípulos, alumnos predilectos de Bernd & Hilla Becher, esquivos de la figura humana y amantes de las series. Grupo por accidente, cuyos proyectos individuales, a pesar de un más que evidente refinamiento, generalmente no tienen intención artística ni comercial alguna, lo que sin duda los vuelve más bellos e incluso honestos. La obra de todos sus componentes conforma un cadáver exquisito sublime y perfecto.

Bernd (1931, Siegen – 2007, Rostock) & Hilla Becher (1934, Potsdam)

O los nuevos topógrafos. La típica pareja artística que se conoce en la universidad y se casa algunos años después. Su fascinación obsesiva por la arquitectura industrial es evidente. Fotos realizadas durante más de cincuenta años recorriendo parajes de Alemania, Reino Unido, Francia o Estados Unidos, sus series reflejan su obsesión por bombas de agua, torres de refrigeración, gasómetros, silos, altos hornos, graneros. Siempre buscando similitudes y diferencias, como en el clásico pasatiempo de dos imágenes en las que hay que localizar las diez cosas distintas. Los cielos nublados son imprescindibles para otorgar homogeneidad en el resultado final de su trabajo de campo.

Gracias a estos arqueólogos industriales, la arquitectura industrial primigenia sigue viva. Genios del gran formato y predilectos de los planos oblicuos. Trabajaron juntos desde 1959, casados desde 1961. Todo su trabajo está realizado en riguroso blanco y negro que mejora el carácter escultural de los edificios. Se convirtieron en profesores en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf, donde precisamente surgió el romance: entre ellos y gracias a la fotografía. Su estética disecciona el objeto de retrato. Los Becher captaron el alma, la memoria y la personalidad de esas construcciones, creando sus peculiares “familias”, esos mosaicos visualmente armónicos.

Andreas Gursky (1955, Leipzig)

Hijo de fotógrafo profesional y alumno de los Becher en la academia de Düsseldorf, donde creció y todavía reside. Voyeur en la distancia que retrata la espontaneidad del comportamiento social estandarizado a modo de registro de la sociedad contemporánea con un inconfundible estilo enigmático. Planos cenitales de vértigo. Aglomeraciones humanas, muchedumbres anónimas vistas desde lejos, como si el objetivo fuera un narrador omnisciente o incluso Dios. Multitudes congregadas por placer o por trabajo. Espejo de un mundo globalizado, tocado por la alta tecnología. Series de masas, arquitectura descomunal o accidentes geográficos en gran formato. ¿Verdades visuales o valor estético? Gursky consigue ambos con sus vastas panorámicas.

Obtuvo notoriedad en los ochenta como miembro de la llamada Nueva Escuela de la Fotografía Alemana. Ha viajado por todo el mundo acumulando en su archivo espacios públicos, edificios de bolsa, parlamentos, discotecas, supermercados o piscinas con nutrida concurrencia. Su obra, atrayente y sugestiva, invita a la reflexión sobre la civilización, lo individual y lo masivo, la soledad y el consumo. En 2007 se pagaron en Sotheby’s 3,3 millones de dólares por su díptico 99 Cents (hipermercado de golosinas), la foto más cara de la historia.

Thomas Ruff (1958, Sep am Harmersbach)

Otro de los promotores del regreso de la nueva objetividad en fotografía durante los ochenta, exponente de la fotografía no comercial de imágenes limpias y precisas. Los retratos ochenteros de una sobriedad tranquilizadora —expresiones sin emoción, estilo pasaporte alemán— le hicieron famoso.  Su aproximación a este género se debe a unos encargos. En ellos utiliza luz uniforme y posición y planos prácticamente iguales (Porträts, 1981, reconocidos en la Bienal de Venecia en 1988). A gran y medio formato.

Su método conceptual se basa en series de estilo documental y frío y temas cotidianos. Empezó con imágenes arquitectónicas de carácter serial para seguir con todo lo demás. Su primera serie fue Interiors (1979), compuesta de planos detalle, fragmentos de habitaciones de una casa. Luego vendrían las de ojos azules, los desnudos, las estrellas y los jpgs (fotos pixeladas). Insiste en la serie, en la repetición con: Häuser (1987), Sterne (1989), Nacht (1992), Andere Porträts (1995), Posters (1996, sobre asuntos políticos), Nudes (A partir de 1999, pornografía en Internet). Manipula el color, el contraste y la definición. Enseñó fotografía  entre 2000 y 2005 en la misma academia en la que se formó.

Candida Höfer (1944, Brandeburgo)

Ingresó en la academia en 1973, interesada por la cultura contemporánea, la cultura pop. La serie Türken in Deutschland (1980) es la única en su trayectoria que incluye presencia humana. Sus interiores de espacios públicos o semipúblicos desiertos (librerías, palacios, museos, universidades, bibliotecas, iglesias) en formato medio, siempre parecen a punto de ser invadidos. Simplicidad de imágenes limpias y neutras. Sin retoques. Atmósfera sosegada y sencilla, colmada de quietud y de equilibrio. Ella misma pretende captar el aura de los espacios fotografiados. Espacios sociales, interiores vacíos, perfectos e impolutos que en lugar de partir el alma la reconfortan. Hablan de historia y de soledad. Höfer captura la psicología de la arquitectura social. Sus interiores tienen algo o mucho de magnánimo e imponente, y no solo porque se trate de óperas, palacios o vastos auditorios. Y todos parecen gritar: el show debe comenzar, más que continuar…

Los otros

La escuela de Düsseldorf ha sido prolífica en pulir talentos hoy ya consagrados. Muchos conectan con el americano Stephen Shore, al que Boris Becker (1961, Colonia) parece imitar con sus fotografías de la América profunda del motel cutre con piscina y de la gasolinera en medio de la nada. Götz Diergarten (1972, Mannheim) trabaja en series tipológicas de motivos arquitectónicos (casetas de playas, puertas, fachadas, rulots-Imbiss o pasillos del metro) en las que la diferencia basada en el color juega un papel crucial. No nos olvidamos de Thomas Struth (1954, Geldern) ni de sus imágenes: calles de su ciudad y de Nueva York, naturaleza y visitantes pasmados en iglesias o museos. Son las fotos de Candida Höfer, pero con personas. Tampoco de las escaleras o los paisajes naturales fríos y plomizos en fotos que se desvanecen, “lo que no se fotografía nunca”, según él mismo: Axel Hütte (1951, Essen). Todos abanderados de la cultura cotidiana, a veces tan insólita…

INCLASIFICADOS

¿Qué hay en una persona o en un escenario que inspiren ser fotografiados? ¿Quién ve más, el fotógrafo o la cámara?

Thomas Demand (1964, Múnich)

Estudió en el Goldsmith College, lo que lo emparentó con los Young British Artists y su concepción. Pero su primera formación se la debe a los Becher, aunque nunca se sintió parte del clan Düsseldorf. Demand ficciona la realidad con sus fotografías creando clones donde no existen las marcas. Una especie de Andy Warhol a la inversa. Imágenes desoladas que parecen construidas a partir de la memoria de un amnésico. Su material de trabajo son imágenes difundidas por los medios de comunicación (imaginario extraído de la prensa alemana) que él recrea en una escultura de papel que después será fotografiada. La copia de una copia de una copia. Él mismo equipara su engaño al de un escritor cuando escribe ficción. Thomas Demand fotografía maquetas tridimensionales de papel: una parada de autobús donde se gestó la banda Tokyo Hotel, una oficina de la Stasi saqueada o el escenario de un famoso crimen.

Fotografías —hechas en formato analógico— de una recreación escultórica de calidad extrema de una representación fotográfica de una realidad  que es destruida cuando la foto es realizada. Son literales por lo que muestran, pero también evocadoras de lo que falta. Las definen como maquetas inquietantes. Esta virtualidad e hiperrealismo a través de imágenes reales de falsas realidades dan sensación de vida desde su elegante cinismo que cuestiona lo verdadero y lo falso.

Wolfgang Tillmans (1968, Remscheid)

Naturalidad a veces rayana en lo obsceno. Desnudos lascivos, subcultura, felaciones, night life, realismo homosexual, carencia de recursos expresivos en modelos, objetos heterogéneos. Formado en Bournemouth y Londres, Tillmans ha ejercido después como profesor en escuelas de arte de Hamburgo y Fráncfort del Meno. Era más rápido estudiar dos años de fotografía en Reino Unido que seis en Alemania. Se considera a sí mismo autodidacta. Brilló en los noventa con un estilo impremeditado, fresco, casual e inmediato. Sus fotos son un inventario de todo lo que nos rodea. Fue el fotógrafo-testigo de la vida moderna de esa década. En el mismo periodo, se zambulle en la abstracción, tiempo al que pertenecen las piezas compuestas de papel fotográfico que ha sido expuesto a distintas fuentes de luz. A veces utiliza la fotocopiadora como instrumento para obtener sus imágenes.

Retratista de lo banal, de la cultura de club y sus estragos sexuales, del optimismo y de la celebración de la vida. Sus modelos son sus amigos y su entorno cotidiano, lo que lo relaciona con Nan Goldin. Durante veinte años ha fotografiado paisajes urbanos y naturales, retratos, cultura joven, herramientas de estudio, naturalezas muertas, soldados, abstracciones puras, en los que ha expandido su vieja estética.

EXPATS

Fotografía y resurrección: la fotografía atrapa el tiempo y la atmósfera

Hugo Brehme (1882, Eisenach – 1954, México)

Llegó a México en 1905 para realizar fotos artísticas encargadas por estudios de Alemania. Maestro del género postal de escenas costumbristas, en el que también brilló Bollbrügge, Schneider o Gossmann. Ilustró la revolución con sus postales que al mismo tiempo sirven de archivo iconográfico de uno de los periodos más excitantes de la historia mexicana.

Guillermo Kahlo (1871, Pfrozheim – 1941, México)

A los 19 años emigró a México con el dinero que su padre le dio. Cambió Wilhelm por Guillermo. Asistíamos a 1891. Aprendió fotografía con su suegro hasta convertirse en fotógrafo de arquitectura. Durante el gobierno de Porfirio Díaz recibió el encargo de realizar inventario gráfico de los monumentos arquitectónicos de la época prehispana y colonial. Sus fotografías ilustraron el centenario de la independencia (1921) en volúmenes de lujo. Fue el primer fotógrafo oficial del patrimonio cultural nacional de México hasta que la revolución acabó con ese mérito.

Walter Reuter (1906, Berlín – 2005, México)

Introdujo y desarrolló el periodismo gráfico moderno en México, donde se instaló en 1942. Huyendo de los nazis, tras la publicación de unas fotos de una manifestación en contra del Partido Nacionalsocialista, llegó a España en 1933. Allí trabajó como corresponsal gráfico internacional mientras apoyaba al bando republicano. En México realizó además, fotografías de indígenas o retratos de celebrities de la época, tipo Diego Rivera. Un premio alemán de periodismo lleva su nombre. Su legado mantiene vivo el interés documental y su memoria.

NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON…

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Paco Arteaga © Berlín Amateurs – noviembre 2010, revisado 2014
Foto de portada © Helmut Newton – A Scene from Pina Bausch’s Ballet, 1983. Resto de fotos, tomadas de las páginas Web de los artistas o de algunas de sus exposiciones
CAI ©

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