"Berlín es hedonista y tolerante a partes iguales, para mí sinónimo de vida"
KIEZ + MI BERLÍN
Félix Beltrán
Berlín es un oasis en medio de Alemania, distinta del resto de ciudades del mismo país y distinta a cualquier otra ciudad del mundo en la que haya estado, todavía. Sigue teniendo esa magia que la hace especial y que enamora a la gran mayoría de personas que la visitan por primera vez. Berlín es una isla a la que llegas en un vuelo de easyJet con una maleta y un portátil bajo el brazo y que te atrapa con el primer suspiro para no dejarte escapar. Sigue siendo pobre, pero sexy.
Tras mucho pensar y darle vueltas a esa pregunta, creo que la respuesta más sincera y personal que puedo dar es ésta: Berlín es sinónimo de comienzo. Y, si me apuran, de reencuentro. Yo no me lo pensé demasiado. Me llevó cuestión de minutos. Un viaje en metro y al salir de nuevo a la calle la decisión que había de cambiar el rumbo de las cosas estaba tomada. No podría explicar cómo fue. Hay ideas tan claras que no necesitan un porqué o un cómo. Eso vendría por sí solo. El caso es que un mes después estaba aquí. Era septiembre, lo que para algunos es el verdadero año nuevo.
“¡Bienvenidos a mi Berlín, me lo he pintado rosa!”
KIEZ + MI BERLÍN
Aitziber Ordóñez Gibson
Una de las primeras cosas que uno aprende es que Berlín no es sólo de uno, sino que se comparte (con 3.496.082 millones de personas para ser exactos), a veces con gente con la que se tiene cosas en común, y a veces con otra con la que jamás cruzarías palabra en otro lugar y en otras circunstancias, con gente superculta, con gente superignorante, gente con sueños y gente que vive en una pesadilla.
“Lo feo en Berlín es tan importante como lo hermoso, o más”
KIEZ + MI BERLÍN
Inés Aparicio
Un día, hace más de diez años, me encontré con un alemán en una playa de Almería. Me contó que era berlinés, del oeste. Que hace tiempo, cuando él vivía en la ciudad, mandaba a sus amigos extranjeros, que venían de visita, a la puerta del Zoo, la que tiene dos elefantes de piedra. Les enviaba allí porque corría el rumor de que a los recién llegados, si se colocaban entre los colmillos del elefante, les caía un billete de cincuenta dólares del cielo. Símbolo de que les iría bien en la ciudad.
A pesar de que mi paso por la ciudad ha sido breve, puedo decir que es de las ciudades que más pueden inspirar. Un caleidoscopio de culturas e ideas que no deja a nadie indiferente. La viveza de Berlín, su energía y belleza acabarán reclamándome algún día de vuelta. ¡Qué bello es Berlín!
Der Wedding kommt! Esta frase la llevo oyendo desde el año 2005. Parece que en nuestra ciudad hay la manía de querer predecir cuando la temida gentrification va a llegar a alguno de los barrios "duros de pelar"... o de domar, en este caso. Primero, dicen, fue Prenzlauer Berg. Luego le tocó a Friedrichshain. Y parece ser que ahora "el lobo" está en Neukölln.
La primera vez que visité Berlín fue en 2003. Por aquel entonces, vivía en Hamburgo, donde hacía un voluntariado europeo. Recuerdo que en aquella visita la ciudad me gustó poco, me pareció muy sucia y pobre comparada con la ciudad hanseática. Nunca imaginé que volvería a Berlín para quedarme. Después de aquella experiencia en Hamburgo quise empezar mi carrera allí, pero mi nivel de alemán no era tan bueno como para estudiar en la universidad. Así que me fui a Madrid pensando que quizás como Erasmus volvería algún día a Hamburgo.
Hace 20 años que le prometí a Paco que escribiría sobre mi Berlín. Me ha costado mucho saltar al teclado para cumplir mi deuda… No me gusta mucho escribir y a veces suelo hacerlo cuando viajo en tren o en avión. He juntado diferentes notas sueltas. Bueno, aquí va.
Desde que vivo en Berlín soy muy gandul, me muevo casi siempre entre tres barrios: PrenzlauerBerg, Mitte, Kreuzberg. Ya sé que esto no suena muy original, pero ésa es la verdad. Lo bonito de esta ciudad es su inmensidad, por eso no me canso de andar por las calles de estos barrios que todo el mundo conoce y donde muchas veces encuentro algo nuevo. Me encanta pasear por el cementerio que hay al final de la Winstraße o jugar una partida de tenis en el club más cutre del mundo en Mitte, rodeado de casas de la RDA.
“Algunos quieren que Berlín no cambie, pero en realidad es la ciudad que más ha cambiado en Europa en los últimos 20 años y lo seguirá haciendo”
KIEZ + MI BERLÍN
Gonzalo Pérez González
Llegué a Berlín con 20 años, sin conocer a nadie, y creo que eso me marcó para siempre. Vine con la idea de pasar aquí los meses de verano, aprender un poco de alemán y acabar la carrera en España. La historia de siempre, cuántas veces la habré escuchado. Un mes después ya tenía una entrevista en la que iba a ser mi escuela durante los próximos 3 años, y dos meses después, decía adiós a mi trabajo de friega platos, tan útil en Berlín, con el que te las apañas para sobrevivir trabajando apenas 3 o 4 días a la semana.
Mi Berlín, en esta época del año, es de color verde. Verde como el Volkspark de Friedrichshain, por donde disfruto paseando con la bici, mientras observo y huelo el humo de las barbacoas, o el parque de Alt-Stralau al lado del río, un sitio tranquilo donde me gusta tumbarme a leer o a dibujar a la gente que se abrasa al sol, como si no fuera a salir nunca más.
“Mi vida ha dado un cambio que probablemente habría sido mucho más difícil si no hubiera estado en Berlín”
KIEZ + MI BERLÍN
Alba Prat
Vivo en Berlín desde hace ya seis años. Escogí la ciudad, entre otros motivos, por ser la capital de la música electrónica. En esas épocas se me había pasado por la cabeza incluso ser dj y tenía Alemania mitificada, con sus clubes y fiestas underground. Por ser la ciudad de donde procede Kraftwerk, Düsseldorf era también otro mito, pero después de visitarla brevemente, la desmitifiqué. Con Berlín me pasó justo lo contrario.
"Comparto el orgullo de ser turista en mi propia ciudad"
KIEZ + MI BERLÍN
Mariela Nagle
Berlín tiene la virtud de hacerte sentir en casa desde el primer día. En las generaciones de intelectuales y artistas que han homenajeado sus calles, su imperfecto paisaje, su hostil estética, su escasa amabilidad, se advierte un orgullo innato en sentirse ciudadano temporal o permanente de la capital alemana. Comparto este orgullo.
Que nadie espere en las próximas líneas un retrato excitante de Berlín, repleto de lugares desconocidos, de emociones encontradas, de vivencias intensas o experiencias interesantes. Mi relación con la ciudad se asemeja, después de casi nueve años, a la de un matrimonio bien avenido, tranquilo, sin sobresaltos, en el que cada cónyuge ha aprendido a desconocer al otro, a ignorar sus virtudes –amortiguadas por la rutina– y a tolerar sus defectos: cada vez me molestan menos los inviernos oscuros y eternos, los veranos que no son veranos, las semanas enteras sin sol, los capuccinos de café aguado y leche hirviendo servidos en una taza del tamaño de una palangana o los constantes cortes por obras en las líneas de metro.
(Del lat. *conquisitāre, de conquisītum, ganado). 1. tr. Ganar, mediante operación de guerra, un territorio, población, posición, etc. 2. tr. Ganar, conseguir algo, generalmente con esfuerzo, habilidad o venciendo algunas dificultades. Conquistar una posición social elevada. 3. tr. Dicho de una persona: ganar la voluntad de otra, o traerla a su partido. 4. tr. Lograr el amor de alguien, cautivar su ánimo.
Berlín comenzó a ser un poco mi Berlín en los 25m² de una habitación de alquiler en el Scheunenviertel. Cuatro paredes y unos techos altísimos donde contener todas mis ganas de perder al mundo de vista por un rato. La moqueta era azul claro. Junto a la cama, enorme y solitaria en un rincón del cuarto, colgué un póster de una exposición antigua de la Bauhaus con un corazón negro sobre fondo rosa que me ayudó a amortiguar el eco.
Aún siendo inexplicable el hechizo de esta ciudad sobre mí o sobre ti, yo sigo buscando el por qué a veces todo es tan perfecto. Bajo a la calle, hoy empieza todo. Me detengo en el penúltimo escalón de mi portería. Tomo aire, sonrío... ¡es primavera!
"A Berlín tienes que encontrarla, leerla entre líneas y tejerla con paseos a la deriva"
KIEZ + MI BERLÍN
Carolina Velasco
O 'mein lieben Berlin', como llamo yo a Berlín desde que la pisé por primera vez, hace ya ocho años, si no recuerdo mal. Aterricé en Tegel con los nervios amarrados al estómago, con esa sensación mágica de pisar por primera vez una ciudad que llevaba años queriendo conocer. Tenía miedo de que me decepcionara, pero a pesar del tiempo escaso que pasé allí, del frío (¡en mayo!) y de ese sempiterno cielo gris y esa noche que nunca oscurece del todo, me enamoré perdidamente de la ciudad. Me di cuenta -Beck’s en mano- en un pequeño bar de Pranzlauer, cuando el barrio aún no estaba lleno de turistas y tiendas pintonas (la mayor amenaza para el Berlín que amo, lo sé, es la 'gentrificación').
Yo lo que quería, cuando me imaginaba viviendo en las Europas, era la arquitectura de cuento de hadas, las calles limpiecitas, relojes de iglesias funcionando, transporte público puntual y en perfecto funcionamiento y gente educada y culta. Y llegué a Berlín, específicamente a Kreuzberg y ahí la nube rosada del sueño inmigrante no se esfumó, pero sí tuvo que modificarse bastante. Eso sí, el shock cultural no fue tan drástico: el boom-boom de la música turca o del Schlager alemán es tan fastidioso como el boom-boom del reguetón latino.
Aterricé en Berlín el primer día de marzo, hace ya 6 años. La primera impresión fue de sorpresa, ya que aunque me lo imaginaba frío y gris, no me esperaba algo tan literal. Aun estando la primavera a la vuelta de la esquina, recuerdo que estuvo nevando dos semanas seguidas (día y noche sin cesar). Mientras dudaba de mi elección me aclimaté a la ciudad y a mi nuevo trabajo como pude y empezó mi primer Berlín: esto es, burocracia y trámites interminables e ir conociendo la ciudad en los pocos ratos libres que tenía.
"Algunas recomendaciones básicas de mi barrio, y no mi Kiez"
KIEZ + MI BERLÍN
A. Shopenhaua (Berlunes)
Hola, buenas tardes:
Redacto esta nota de vivencias personales por orden del prachtvoll Rector F.N. quien ha estimado oportuno que les aleccione a ustedes, alumnos de contemporaneidad, o también llamados estudiosos de lo efímero, con algunas recomendaciones básicas de mi barrio, y no mi Kiez.
Llevo viviendo algunos años en Berlín, así que esa fase de enamoramiento-embobamiento inicial por la que pasamos todos, ya la he superado. Creo. Lo bueno de ser una persona negativa –mi caso- es que se detecta con mucha facilidad el “lado mierda” de todas las cosas. Y personas. Y el mío propio, ya puestos. O al menos yo lo veo como una faceta positiva dentro de mi particular círculo vicioso de críticas, quejas y lamentos. Así que lo que antes me fascinaba de Berlín, ahora me parece una porquería. Se me podría calificar –y de hecho me califican, y no sólo mi terapeuta- de ambivalente: por eso Berlín me puede parecer una mierda, pero ello no me impide promocionar con mucho gusto y cierto estilo la ciudad desde esta web sin que alguien/nadie me pague por ello.
El masterplan urbanístico del Berlín de los años sesenta
Al principio fue concebido como un modelo visionario de ciudad del futuro. Una respuesta estatal a la situación de escasez de viviendas que asolaba a Berlín después de la II Guerra Mundial. La zona de Wilhelmsruh se convirtió en Märkisches Viertel, desde 1999, barrio adscrito al distrito de Reinickendorf. Desarrollado al norte de Berlín como un lugar funcional habitable, este megaproyecto arquitectónico único fue un encargo que el senado de Berlín confió en 1962 a los arquitectos Hans Christian Müller, Georg Heinrichs y Werner Düttmann para la configuración de un concepto urbanístico, un masterplan original para esta zona a través de la gestión de GESOBAU, sociedad estatal para la construcción de viviendas sociales.
“Die Berliner sind unfreundlich und rüksichtiglos, ruppig und rechthaberisch. Berlin ist abstoßend, laut, dreckig und grau. Baustellen und verstopfte Straßen wo man geht und steht-aber mir tun alle Menschen leid, die hier nicht leben können” * Anneliese Bödecker
A veces un gran nombre puede reducirse a pocas cosas, algunas personas, ciertas vivencias y algún que otro recuerdo. Un sabor, un olor, una sensación, un lugar. Y eso es lo que permanece y lo que hace que ese gran nombre sea especial y significativo a nivel personal. Esa es mi experiencia de Berlín, pequeñas y en apariencia insignificantes cosas, personas con las que sólo compartí experiencias cotidianas e intrascendentes, o simplemente un momento o un lugar en los que casualmente coincidimos, que hacen que hoy me resulte cuesta arriba despedirme de la ciudad en la que viví casi cuatro años.
1754,7km, la distancia de mi Lanzarote natal a Madrid.
2323km, la distancia de Madrid al cielo, o lo que es lo mismo: a Berlín, mi particular paraíso terrenal.
Sin haber estado nunca antes, decido mudarme a Berlín. Me planté en la ciudad del Muro procedente del Madrid de mis amores, con mi mejor amigo, una maleta con mis mejores 'looks' y todas las ilusiones; aquel verano -hace ya más de 5 años- fue el verano de noches interminables, Bar 25, Berghain, barbacoas en el parque, Badeschiff, de todas aquellas cosas que en Madrid no podías hacer; perdonen las comparaciones que si bien son odiosas también son necesarias. Berlín, al menos mi Berlín, es la ciudad en la que nada es lo que parece, la ciudad de los amaneceres a las 4 de la mañana en verano, de mañanas que parecen noches y noches que parecen mañanas, el eterno retorno.
De esta foto me gusta todo: el papel de la pared, las figuras sobre la cabecera de la cama paterna, el cojín rojo de punto con volantes y florones blancos, la colcha blanca también hecha a mano con floripondios amarillos, mi manita en la cintura, la cadenita de plata con mi nombre y mi grupo sanguíneo, y esa carita de felicidad que ya nunca ha vuelto a ser igual. Imposible que lo fuera. Es la habitación de mis padres y llevo puesto mi vestido favorito. Debía correr 1977 ó 78 como mucho. Si me preguntaran qué es hogar, sería esta foto. Todo ha cambiado ya. Pero es así como lo recuerdo, y así como quedará para siempre.
La complejidad del mapa de Berlín y su desarrollo urbanístico
“Berlín, una ciudad siempre nueva”, escribió Mark Twain tras un viaje a la capital alemana en 1891, al convertirse en testigo de un proceso que transformaría el centro del imperio prusiano en dinamo europea de la Industrialización. Al igual que hoy, el autor de ‘Las aventuras de Tom Sawyer’ admiró entonces sus anchas avenidas de más de veinte metros, además de una planificación urbana preparada para la embestida poblacional y el dominio de las máquinas. Allí donde él pensó encontrar barro y monotonía halló un lugar negligente con su tradición, “parece que acaban de construir la ciudad hace sólo seis semanas” – escribió en sus cuadernos de viaje. Y nada más lejos de la realidad actual: Berlín se reinventa tan repetitivamente que hoy a uno le cuesta seguir el trazo firme de los pasos dados días atrás, más aún si acaba de aterrizar en la metrópolis.
Barrio judío, centro de la vida en la comunidad judía de Berlín
No podemos negar la importancia que la tradición judía ejerce en la ciudad. Aunque el barrio original desapareció en su momento, la cultura hebrea ha sabido renacer de sus cenizas en Berlín. Entre el 8 y el 18 de septiembre, durante los Jüdische Kulturtage, la cultura judía sobresale en la capital alemana haciéndose notar con un programa de eventos y actividades que pretenden acercar sus particularidades al mundo. Visitar cada barrio en Berlín supone un viaje en el tiempo. Monumentos, edificios y museos confrontan pasado y presente con diferencias y rasgos insólitos. Repasamos los rincones esenciales de Scheunenviertel, barrio neurálgico de la comunidad judía en Berlín.
En un tiempo el artista fue Dios. Luego pasó a ser alguien tocado por la mano de Dios o una suerte de poseído por lo más alto. Hoy un artista es sencillamente cualquiera preguntado al azar. Sobre todo en Berlín. De lo celestial a lo profano. A lo mundano también. Del mismo modo que ha evolucionado la percepción del artista, también lo ha hecho la concepción de los centros de arte. En los nuevos museos y espacios de arte exultantes -que ya no son palacios ni catedrales-, se ha pasado de la exaltación del monumento a la producción del monumento. Un fenómeno que convierte al propio centro-edificio-contenededor en obra de arte con la que se engalana la imagen simbólica y comercial de la institución. Es la teoría del museo como monumento en la que el Guggenheim de Bilbao sirve de ejemplo supremo. Paradigma del marketing. Un impacto para promocionar con una arquitectura inusual e insolente donde el propio espacio a veces se come a la obra de arte que se exhibe en él. STATTBAD se suma a esta tendencia. La piscina comunitaria con más de 100 años de historia abandonada en Wedding en 2001, es ya un centro creativo consolidado en el que el propio lugar asume parte del éxito. Hablamos con su fundador.
El viernes 17 de junio y bajo el lema de LUXUS Neukölln se abre la 13ª edición del 48 horas de Neukölln, un festival que, involucrando a diferentes sectores del entramado social de un barrio tradicionalmente multiétnico, dispensará hasta el domingo 19 cerca de 700 actos artísticos de diverso pelaje y color en más de 300 localizaciones. Con la novedad este año del Kunstpreis, premio al que optan 42 de los proyectos presentados, el festival esquiva el crecimiento cuantitativo y facilita a la vez al visitante la tarea de organizarse en un programa tan abundante como disperso. La antigua fábrica de cerveza, la Alte Kindl Brauerei, se mantiene como centro emocional del festival y será escenario tanto de la apertura del festival el viernes como de la entrega de premios el domingo.
Hay vida más allá de Mitte, Charlottenburg, Kreuzberg, Prenzlauer Berg y Friedrichshain. Aunque quizá no comercial ni la que en Berlín suele hipnotizar y enganchar a los canallas o a los turistas. No es un lugar al que se vaya cuando alguien quiere gastar dinero o pretenda bebérselo. Tampoco se trata de una zona urbana multitudinaria ni leve: ya existen demasiadas. En Bayerisches Viertel a la imaginación le cuesta evocar escenas, quizá porque haya pocas cosas o personas a la vista que puedan inspirarlas. De vez en cuando alguien descorre las cortinas de un gran ventanal, pero en lugar de mirar melancólica e inquisitivamente a través de los cristales, se dedica a limpiarlos con desdén aplicando el producto con el pulverizador como quien dispara en un duelo a muerte a alguien a quien una vez se tuvo aprecio. Solo hay silencio, el lugar ideal para los que buscan intimidad. Entre enormes cubos de hormigón con balcones prefabricados o entre edificios de fachada embellecida a golpe de filigranas vegetales, a veces de yeso a veces de verdad, que coronan marcos de ventanas.
Reuterkiez, Nord-Neukölln, el norte de Neukölln, donde Kreuzberg y Neukölln confluyen. Los iniciados lo llaman Kreuzkölln porque realmente –creen- suena mejor. Porque aquí todavía es Kreuzberg o casi Kreuzberg es. Donde la serenidad se confunde a menudo con lo bullicioso. Kreuzkölln vive. Y se nota. El nombre, más que responder a la realidad social de un vecindario concreto, funciona mejor como marca registrada de un lugar determinado al que se acude por las noches. De hecho, lo más representativo de Kreuzkölln es su escena comercial, sobre todo la nocturna. Aquí todo se reduce a una cuestión de libre albedrío. 2005 marca el inicio del uso del término, generalmente por parte de propietarios de viviendas que encontraron un eufemismo certero para combatir el Problembezirk por excelencia de Berlín: Neukölln. Pisos baratos en edificios antiguos para inquilinos que no se dejaran asustar por los aspectos problemáticos del distrito. El fenómeno Kreuzkölln empezó a cubrirse en los medios de comunicación en 2006-2007. El eterno hype, la tendencia suprema de Berlín –‘Mudarse al barrio de moda’- dura ya unos 5 años… Y ahora sus habitantes, hasta parecen pandilleros delimitando su territorio.
Hansaviertel, modelo de urbanización moderna de Berlín
KIEZ + MI BERLÍN
Hoy barrio protegido como monumento histórico
La mejor manera de conocer las ambiciones arquitectónicas de Berlín es desde el aire. A falta de avión, helicóptero o globo aerostático, tenemos palabras. En abundancia. Barrio original de 1874, aunque destruido en un 90% durante la II Guerra Mundial, en Hansaviertel dejaron su huella a finales de la década de los 50 los arquitectos sobresalientes del mundo en aquel momento: Walter Gropius, Luciano Baldessari, Egon Eiermann, Alvar Aalto, Oscar Niemeyer o Max Taut. El objetivo era crear una réplica occidental a la avenida de Stalin (hoy Karl Marx Allee) que en aquella época construían las autoridades del otro lado del muro. Hansaviertel se considera hoy obra maestra, un clásico de vanguardia, un ejemplo de la arquitectura de estilo moderno característica de la posguerra.
La vieja mezcla multicultural de Kreuzberg ahora intensificada
En Wrangelkiez la vida no pasa de largo. Lo típico que no te apetece ver, está en otros barrios: budas decorativos en restaurantes, las típicas personas que se creen mejor que tú que intentan ser simpáticos diciéndote alguna grosería o que te hacen alguna pregunta bastante complicada para parecer inteligentes, los típicos lugares en los que todo parece esculpido y recién estrenado, McDonalds, H&M. En Wrangelkiez a nadie se le nota la edad, porque aunque no sepamos la que tengan, nadie absolutamente nadie la aparenta. No en vano, es una de las partes más jóvenes de la ciudad: el 35% de la gente que lo habita tiene entre 18-35 años. Aquí pocos tienen una conducta fija y ser inmigrante no es un tabú, sino un must. En Wrangelkiez los cafés y los restaurantes no recurren a esa especie de falso lujo, con todo oscuro y muebles muy pretenciosos, más propios de zonas enaltecidas como Oranienburgerstrasse o Kastanienallee. Este barrio es la versión mejorada de otras áreas vibrantes de la ciudad como Oranienstrasse, Simon-Dach-Strasse o Bergmannstrasse. Domina la decadencia de sus establecimientos con cuyo estilo se mimetizan todos los clientes y hasta sus vecinos. Un barrio que ha sabido moldearse a sí mismo, a su antojo.
El viejo gasómetro de Schöneberg de la Torgauer Strasse cumple 100 años en 2010 y es desde 1994 un monumento protegido. El viejo gasómetro de Schöneberg dejó de ejercer como tal para convertirse en una atracción turística capaz de suscitar infartos, un nuevo punto de vista particular, una perspectiva industrial conocida por pocos, que desde el 10 de abril de 2009 es susceptible de visita en tour desde donde es posible obtener un plano cenital de Berlín sin recurrir a la manida Fernsehturm y a sus terribles colas, aunque desde una altura discretamente más modesta. Una vez escalados los 456 escalones de acero, en lo alto de este monumento industrial de 80 metros de altura se experimenta algunos grados menos de temperatura a los que hay que sumar la friolera de los 35,95€ (29,95€ para estudiantes) que cuesta la entrada individual. Un regalo en forma de camiseta o gorra al final del recorrido quizá rentabilicen la cantidad invertida.
El 12 y 13 de junio se celebra en las calles de Nollendorfplatz la 18ª edición de la gran fiesta gay-lésbica preámbulo de lo que será el colofón de las celebraciones pro homosexuales: el Christopher Street Day (CSD, el desfile del orgullo gay berlinés del próximo 19 de junio). Organizado por la asociación Regenbogenfonds e.V., este festival tiene lugar en las calles Motzstrasse, Eisenacher Strasse, Fuggerstrasse y Kalckreuthstrasse. En realidad, este particular precalentamiento del orgullo gay que atrae cada año a casi medio millón de asistentes, suele ser más intenso y divertido que la celebración del CSD. Cuenta con 6 plataformas dedicadas al deporte, radio, viajes, cine, sida y política, que otorgan al evento lúdico la perspectiva comprometida, sensata y seria. Además de proyectos, asociaciones y organizaciones LGBT con puestos de información y venta, a la oferta callejera de comida y bebida, se suman 5 escenarios con una programación ininterrumpida de djs y espectáculos lo que dura el jolgorio: de 11 de la mañana hasta medianoche.
Atrás han quedado los tiempos en que Kreuzberg era el barrio degradado por excelencia de Berlín, habitado por los estratos sociales más desfavorecidos durante la esfervescencia de los años 60. La fama de libertaria que Berlín adquirió a partir de los años 70, no es ajena a aquel Kreuzberg de revueltas estudiantiles febriles, casas okupadas, tensiones raciales, emigrantes organizados, altercados policiales y noches prorrogadas.
La reconstrucción del barrio de San Nicolás (Nikolaiviertel) –arrasado por la virulencia de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial- tuvo lugar en la década de los ochenta con motivo del 750 aniversario de la ciudad de Berlín, en torno a las pocas calles y manzanas que rodean a la iglesia de San Nicolás (Nikolaikirche), entre el Rotes Rathaus y el Spree. Aquí la vida adquiere una textura distinta. Como de fotografía en blanco y negro coloreada con pastel. Todo parece transcurrir a cámara lenta donde no hay ganas de zanjar cuestiones de última hora. Nadie busca atar un cabo suelto, ni los asuntos pendientes luchan por activarse.
Aunque oficialmente ya es primavera, Berlín a veces se resiste a sus encantos, a su fiebre, a su furor. La primavera la sangre altera. En una estación en la que a nadie se le deberían curvar los labios hacia abajo como una especie de sonrisa al revés, es preciso mostrar predisposición a contagiarse de su ánimo hasta acabar convertidos en presa de una satisfacción punzante. La primavera en Berlín, al igual que el verano, nos viene dosificada como una de esas muestras gratuitas de perfume caro que sólo contiene 7 miserables mililitros. Así que conviene saber administrarla. Y como los perfumes que se usan en ocasiones especiales, la primavera también brinda oportunidades únicas que han de ser aprovechadas con diligencia y sin desperdicio. Si nos esforzamos por zafarnos del sórdido urbanismo, caeremos en la cuenta de que Berlín posee un conjunto de oasis insólitos lo bastante brillante como para inspirar poesía de versos lacrimosos fundados en amores arrebatados. Oda a la primavera. Si finalmente llega. ¿Pero qué se puede decir de una selección de plantas, de flores, más allá de que es hermosa o que huele bien? Veamos.
Gropiusstadt es un barrio del distrito de Neukölln construido entre 1962 y 1975 en el filo sur de Berlín oeste, en las inmediaciones de Rudow. El proyecto fue concebido a mediados de los años 50 por el TAC (The Architects Collaborative, Inc fundado por Walter Gropius en 1946, Estados Unidos) como una urbanización, ciudad dormitorio, zona residencial. El edificio de viviendas más alto de Berlín se encuentra aquí: se trata del AXA-Hochhaus (también conocido como Kölner Colonia Hochhaus) ubicado en la Fritz-Erler-Allee, 120, cuenta con 30 plantas y 89 metros de altura. Gropiusstadt se compone de alrededor de 18.500 hogares para unas 40.000 personas en su 90% ideadas como viviendas sociales de protección oficial, de reputación cuestionable y cuestionada. Área de conflicto, lejos de la vida social prometida, deseada e imaginada.
Una parada obligatoria en la avenida con más estilo por metro cuadrado de Berlín
Dicen que en Kastanienallee lo importante es ver y ser visto. Sehen und gesehen werden. Por esa razón, está considerada la avenida cool por excelencia de la ciudad. Si bien es cierto que en Berlín la gente se mezcla sin complejos y que la ciudad no entiende de etiquetas ni distinciones, al pasear por esta calle cosmopolita se advierten parecidos razonables con Londres o París. En Kastanienallee, ni la vestimenta ni la actitud están dejadas al azar, en una travesía donde la decadencia y la vanguardia podrían pasar por hermanos siameses. Un rincón imprescindible entre Mitte y Prenzlauer Berg que no te debes perder.