Las españolas - The Cut de Fatih Akin

Fatih Akin y siete españolas

por • 17 octubre, 2014 • Actualidad, Cine, CULTURAComentarios (0)2852

El 16 de octubre se estrenó la última cinta de la trilogía del celebre director turco-alemán Fatih Akin The Cut. Una narración épica sobre el genocidio armenio de principios de siglo que contó para sus últimas escenas de rodaje con siete morenas españolas.

“Hola, te hemos elegido para participar en el rodaje de la última película de Fatih Akin. La cita será los días 13 y 14 de julio en los estudios Babelsberg. Te voy a explicar qué debes hacer y el tema de la película, que es muy delicado, así que, por favor, guarda el secreto”. Al otro lado del teléfono, una voz de mujer se presenta como responsable del casting berlinés de The Cut y explica uno por uno, a doscientos extras, el porqué de tanto temor ante una filtración pública de la última historia de la trilogía del cineasta alemán de origen turco.

Hasta el momento, tras las premiadas ‘Contra la pared’ –sobre el amor– y ‘Al otro lado’ –sobre la muerte–,  lo único que se sabía de esta tercera entrega es que versaría sobre el “demonio” o, más concretamente, el mal. Hoy, tras su estreno en el festival de Venecia, ya sabemos que Akin se ha atado los machos para narrar de modo épico el genocidio turco de dos millones de armenios, aún no reconocido por el gobierno de Ankara, entre 1915 y 1923. Ahí es nada.

Entre los interlocutores al otro lado de aquella llamada telefónica, hace dos veranos (2013), se encontraban siete españolas recién afincadas en Berlín. Siete mujeres que, casi a semejanza de los personajes de las películas de Akin, representan el fenómeno de la nueva emigración en crisis del sur de Europa a la Alemania próspera y plena en promesas de crecimiento personal y laboral. Entre las españolas había dos profesoras, una escritora, una diseñadora de interiores, otra diseñadora gráfica y dos actrices.

“A mí me dijo un amigo que necesitaban gente de rasgos morenos para un rodaje” –cuenta Arantxa Arenas, que con 29 años es la más joven de las latinas que han participado en la película–. Arenas confecciona una línea de ropa durante el invierno, y durante el verano trabaja en la hostelería, hace de modelo de pintura o de fotografía, y hasta malabares en la calle.

Efectivamente, ningún rubio integraba el equipo de doscientos extras. Además de las españolas, había portuguesas, italianas y alguna latinoamericana. Fundamentales eran numerosos niños, algún manco, un tuerto, y varios ancianos en paños menores.

Licenciada en Bellas Artes, Sofía Otero, confiesa, como el resto de las siete, que participó en el rodaje principalmente atraída por la experiencia: “Me impactó el trabajo en equipo y la coordinación de tantos profesionales con un objetivo común”. Otero está poniendo en marcha el proyecto DOLL, pionero en Berlín, a través del cual una clase de niños se convierte en una compañía de ópera.

Tras un año en Georgia, Canadá, Malta, Cuba, Alemania y hasta Jordania, las últimas escenas de rodaje para Akin y su feliz equipo se desarrollaron en la histórica nave Marlene Dietrich de los estudios UFA. Con 5.400 metros cuadrados, la nave fue sede de la primera representación de una gran superficie lunar por Fritz Lang, así como del rodaje de Metrópolis o El ángel azul.

Cuando fueron informadas de que las escenas se desarrollaban a principios del siglo XX, algunas de las españolas pensaron que serían disfrazadas con divinos trajes de época y peinados de ensueño. En su lugar, los equipos de maquillaje y vestuario del rodaje cubrían con medias de licra, hechas pelotas de arena y polvo, con sangre falsa, geles pegajosos y tintes extraños, el cuerpo y cabellos de cada una de ellas. “Cada noche, tras el rodaje, la bañera de mi casa se queda con un surco negro que no hay quien lo limpie” –comentó una de ellas, cuya camisa de rodaje, hecha trizas, contenía casualmente la etiqueta de la madrileña Sastrería Cornejo.

Entre tomas, se daba algún cotilleo con algunos de los miembros del equipo: que si la película tiene más de quince millones de euros de presupuesto o que si será ganadora segura de un gran premio. Lo cierto es que, a partir del 16 de octubre, se podrá ver una historia tan polémica como épica, centrada en el dramático contexto del penúltimo cambio de siglo. Eso sí, Fatih Akin nos sobrecogerá de nuevo con el periplo dramático de unos personajes en busca de otros, sus miserias y alegrías, y el trasfondo de un conflicto migratorio y cultural que ya distingue al director como genio del cine europeo. De hecho, el novio de una de las españolas también participó días antes en otra toma de The cut en la que el protagonista emigra a Filadelfia.

Fiel a historias donde los protagonistas parecen estar tan cerca, y a su vez tan lejos, de un sueño, Akin utiliza esta vez un episodio colectivo de lo más sangrante. De momento no hay cárceles ni ataúdes, pero la nave de Babelsberg reproduce el campamento de supervivientes de un intento de exterminio: muñecos de látex simulan niños muertos y una voz da paso a unas gigantescas moscas de atrezzo que, adiestradas, saben hacer muy bien su papel de bichos sobre cadáveres frescos. Akin interrumpe el rodaje de una escena protagonizada por el célebre actor de origen argelino Tahar Rahim, y la actriz francesa Arevik Martirosyan, para pedir que se ennegrezca aún más el torso y los pies de los extras alrededor, “Es ist zu hell” (demasiado claro), repite varias veces con andares acelerados por el gigantesco set.

También hay extras mediodesnudos, como la valenciana Carmen Martínez, escasamente cubierta por retales de cinta blanca, y a la que el director pregunta cortés y constantemente si tiene “mucho frío”. Carmen es maestra especializada en proyectos medioambientales y llegó a Berlín tras el cierre de la ONG donde trabajaba por falta de subvenciones.

La ambición del nuevo proyecto cinematográfico de Akin se evidenciaba, además, al reconocer en el set a profesionales como el veterano director de fotografía, Rainer Klausmann; el director de arte y ganador del Óscar por La lista de Schlinder, Allan Starki; o a numerosos miembros del equipo asociados a El pianista, de Roman Polanski.

Entre todos, durante los últimos dos días de rodaje, se sucedían cariñosas despedidas. La actriz alemana de origen armenio Sesede Terziyan, maneja a los niños con increíble soltura en una escena del campamento donde se pelean por un saco de agua. Al concluir la misma, aplausos emocionados de todo el equipo y abrazos a la actriz por parte del propio Akin y de Ralph Remsdtedt, primer asistente del director, que iba vestido con camisa cubana. Solo quedaban grabar planos generales y el final de la película. El último “corten” da pie a otras serie de abrazos, e incluso a lágrimas como las de Ola Czarniecka, tercera asistente del director y coordinadora de todos los extras.

Igualmente emocionadas por la magnitud de la experiencia, la cordialidad del equipo y la transformación corporal sin precedentes, las siete españolas deciden, junto a otras dos extras latinas, hacerse una foto para el recuerdo durante la última pausa, a la hora de la comida, justo frente al cartel conmemorativo de los cien años de los Estudios Babelsberg con Brad Pitt y la Dietrich.

En ese momento, aparece Ralph Remstedt, que se ofrece vivaz y simpático a posar junto a ellas. “¿Y Fatih?” –preguntan con curiosidad al unísono–. Sin dudarlo, el primer asistente del director se dirige veloz hacia una minivan de color oscuro, que hasta el momento pasaba desapercibida por las latinas, donde asoman, apoyados en el cristal lateral de atrás, un par de pies. “¡Fatih! ¡abre!… ¡que están aquí la españolas!” –exclama Ralph, despertando así de su minisiesta al director de la película–. Se abre la puerta del automóvil y Fatih Akin, frotándose los ojos, posa feliz con las chicas mientras exclama: “Esta es la mejor manera de despertarme que jamás podría soñar”.

Además de la gloriosa imagen, y a pesar de las jornadas de potingues sobre el cuerpo, y el duro pisar o sentarse en un set lleno de piedras y arena, las actrices españolas Erika Nieto y Elen Moos han sacado más provecho de la experiencia. Gracias a este rodaje se han conocido y han puesto en marcha el proyecto teatral CAMINATRES, con un montaje inicial que, precisamente, se titula Begegnungen (encuentros). Ellas dos, junto a la joven Arantxa, fueron seleccionadas para la escena final de la película: una donde  –no desvelaremos más– Fatih Akin decide poner fin al terrible tema de The cut con un sentido homenaje al cine y la genial antítesis del mal que fue Charles Chaplin.

Lara Sánchez para Berlín Amateurs © octubre 2014

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