Icíar Bollaín - Foto: Diego Aracil ©

Entrevista: Icíar Bollaín estrena «El Olivo» en Alemania

por • 25 julio, 2016 • Actualidad, Alemania, Cine, CULTURAComentarios (0)3112

El 25 de agosto llega a los cines alemanes la última película de la directora madrileña Icíar Bollaín: El Olivo (Der Olivenbaum). Con guion de Paul Laverty, la nueva obra de Bollaín relata, a través de la historia de un olivo, los actuales problemas de nuestra sociedad desde la crisis económica a la carencia de valores tradicionales y medioambientales. Hace unas semanas, justo después de las elecciones españolas, Bollaín visitó Berlín y tuvimos la posibilidad de charlar con ella.

Berlín Amateurs: La película gira en torno a un olivo milenario. ¿Qué metáfora encierra este árbol?

Icíar Bollaín: Muchas. Es el icono del Mediterráneo, es ramita de olivo de la paloma de Picasso. El olivo es parte de nuestro paisaje, de nuestra cultura.

BA: Un icono que no valoramos…

IB: Creo que eso es lo que le llamó la atención a Paul, que es quien empezó esta historia. Vio un artículo que hablaba de uno de estos olivos milenarios que eran vendidos como decoración. Le llamó la atención que llegase gente con dinero y porque le gusta y quiere plantarlo en su jardín o en su empresa compre un árbol que lleva dos mil años en una comunidad y que esta comunidad, que lo estuvo cuidando, no tuviese problemas en venderlo, en desprenderse de él. Le pareció que vendemos lo que sea. Hemos expoliado nuestros olivos, nuestro paisajes. Lo despilfarramos todo. Y por supuesto, el olivo es una metáfora de la crisis.

BA: ¿Cuál es su mensaje?

IB: Es una película con una apariencia muy sencilla, cuenta una especie de cuento en el que cada uno interpreta su propio mensaje final. Hay uno muy claro sobre nuestros valores, sobre qué valoramos y la importancia de valorar lo que vale la pena. Pero hay más mensajes. A mí me gusta mucho el viaje interior de la chica. La película trata de un viaje exterior, pero también del viaje interior de ella: necesita un poco de paz, y el viaje le ayuda a pasar página.

BA: La película ya ha visitado varios festivales internacionales. Al tratar de un problema español, ¿se entendía su mensaje?

IB: La película tiene cosas muy concretas que han pasado en España, pero que también son muy universales. El tema de la relación con la familia, por ejemplo. Cada uno elige un poco qué es lo que le llama la atención, lo que le llega. Al tratar de tantos temas a la vez, consigue llegar a gente muy distinta. Por ejemplo, hay gente joven que le gusta mucho la relación con el abuelo, a otros les mueve más por la parte del medio ambiente, a otros por el relato de la crisis…

BA: Personalmente, a mí me llamó la atención que la película trata mucho el tema del silencio…

IB: No lo había pensado, pero sí que es cierto que lo trata. Hay una frase que no está en la película porque a mí me parecía demasiado explicativa y creo que la película ya lo comunica. Y es una frase que Alma le decía a su padre al final: “A lo mejor el abuelo se calló para que nosotros pudiésemos hablar”. Hay algo del silencio que infravaloramos y es que cuando uno se calla, escucha. Y eso es algo que nos cuesta.

BA: Tus obras tratan todas de temas sociales de actualidad. Y con esta, entras de lleno en el problema de la concienciación ecológica y ambiental…

IB: Ahí entra más la sensibilidad de Paul. Tengo que reconocer que yo he visto esos olivos en muchas rotondas en España y he pensado: qué olivo más bonito. Pero no se me había ocurrido pensar: qué demonios hace un olivo ahí, fuera de su olivar. Fue Paul al leer ese artículo y al estar tan asombrado sobre ello el que de alguna manera me abrió los ojos, aunque cuando me dijo que quería hacer una película sobre el tema, lo primero que pensé fue: ¿Y la gente irá al cine a ver una película sobre un olivo? Mi reto ha sido comunicarlo y veo que lo he conseguido.

En España no tenemos tanta sensibilidad, yo la primera. Hay gente que lleva años luchando sobre ello pero es una minoría. De la misma forma que no tenemos sensibilidad hacia los animales, tampoco con la naturaleza. Si no, hubiéramos cuidado bastante más nuestro entorno. Estoy orgullosa de esta película, pero sé que yo no hubiera contado una historia sobre un olivo, no habría escrito un guion sobre un olivo. Y esta sensibilidad se la tengo que agradecer un poco a Paul. Él me lleva a lugares que yo no me había planteado en un principio, como Bolivia. Y esas conexiones las acabo haciendo mías.

BA: Los protagonistas se van a buscar el olivo a Düsseldorf. ¿Por qué se eligió esta ciudad y no Fráncfort del Meno, que tiene más relación con la crisis?

IB: De hecho, en la primera versión del guion, viajaban a Fráncfort, al corazón de la economía europea. Pero luego descubrimos que en la región de Düsseldorf había mucha minería y que por ello hay un llamamiento potente hacia el cuidado del medio ambiente. Y tenía más sentido si conectaba con algo que la gente estuviera haciendo allí. Además, Düsseldorf suena como muy lejos, muy exótico.

BA: Ya habías tocado el tema de la crisis con tu documental sobre los jóvenes exiliados en Edimburgo y lo duro que es emigrar. ¿Cómo fue su repercusión?

IB: Me he encontrado con gente que no le gustaba. Hubo gente que me dijo que hacía de ellos víctimas. Otros me decían que hay gente a la que no le va mal, y yo todo el rato les contestaba que para eso ya está Españoles por el mundo. Exiliar tiene un lado positivo en el que creces, en el que aprendes… pero es muy duro.

BA: ¿Cuál es el papel de la mujer en el cine?

IB: Hay dos papeles. Uno, el que está delante de la pantalla, y otro, el que está detrás. En este hay muy pocas, como un 7 %. Quizá un poco más de guionistas y de productoras que de directoras. Aparte de una obvia desigualdad y desequilibrio, tiene consecuencias en lo que vemos. Hay muy poca diversidad. En la Unión Europea hay directivas pro diversidad, pero actualmente sigue siendo un cine poco diverso al estar contado mayoritariamente por hombres. ¿Una mujer detrás de la cámara va a contar las cosas muy diferentes? No necesariamente, pero lo que sabemos es que tenemos que contar cómo es el mundo, y eso incluye que haya mujeres directoras.

En CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) quisimos poner en común qué pasa, si era una realidad la sensación que teníamos de que no solo éramos pocas mujeres, sino que también lo que vemos es poco representativo. Desde la asociación encargamos varios estudios y aquello que intuíamos se convirtió en datos y en cifras.

El protagonista universal es un hombre de 30 años, blanco, heterosexual. Esto lo pobla el 80 % de la cinematografía mundial. Y si hay algo que el mundo no es es eso: blanco heteroseuxal y de 30 años. El mundo es infinitamente más diverso. Y tiene importancia porque es desigual, y lo que vemos crea modelos. Las mujeres tenemos una participación activa muy interesante, y eso no lo recoge el cine. Y yo no veo en el cine modelos femeninos representativos. Eso también, en parte, es porque no hay.

BA: ¿Cómo se ha vivido el Brexit desde Edimburgo?

IB: Un horror. Ha sido una campaña horrible, de xenofobia, de culpar de todo lo que pasa en el Reino Unido a la clase trabajadora, más castigada. Ha sido una campaña de mentiras, de buscar un chivo expiatorio, de culpar a los extranjeros. En vez de preguntarle a tu gobierno por qué no construyes más casas, se decía que “no tenemos casas porque los extranjeros…». En vez de cuestionarle por qué no construyen más colegios , lo que se oía es “los colegios están llenos porque hay extranjeros”. La campaña empezó siendo más diversa, pero vieron ahí la veta y se centraron en ellos.

Y han votado por el Brexit dando así su apoyo a dirigentes conservadores que lo que les van a dar no es la Gran Bretaña que echan de menos, sino más recortes y más ajustes. Lo más triste es que probablemente ni ellos pensaban que iban a ganar. Y entonces hay un desconcierto ahora mismo. No tienen un plan.

El aftermath que ha habido es tremendo. Otra cosa que ha pasado es que la gente más joven ha votado quedarse y los mayores irse. Hay divisiones entre las familias, enfado en la gente joven que pregunta al abuelo: “¿Qué has hecho? Tú, además, vas a estar muy poco tiempo aquí y yo voy a estar mucho más”. O en las ciudades donde hay más inmigración, que han ganado los votos de los que quieren permanecer en la UE, por ejemplo en Londres. Llama mucho la atención y pone en evidencia toda esa campaña xenófoba y engañosa.

BA: ¿Y Edimburgo?

IB: El referéndum escocés no es una cosa identitaria como en España. Es más bien que ya está bien de que nos gobierne un gobierno Tory que no hemos votado. Porque solo hay un representante escocés, ellos no votan a los Tory. Y ellos habían votado permanecer en la UE y ahora los Tory les sacan.

BA: ¿Y las elecciones en España?

IB: No nos falta de nada. No hay palabras. Tenemos tolerancia a la mentira. No lo entiendo. Estoy aún en shock. Puedes ser conservador pero ¿puedes apoyar ese nivel de corrupción? Hay cosas que no se reclaman. Pensé que en eso ya algo había cambiado. Parte de lo que cuenta la película es el desprecio por el campo, por el paisaje: lo que es de todos no es de nadie. En el Reino Unido lo que está ahí es de todos y es tuyo. Lo público no es de nadie. Cuando lo primero sería no robarlo y lo segundo, utilizarlo bien.

BA: Hace algo más de un año Pablo Iglesias te entrevistó en su programa Otra vuelta de tuerka. Al final del programa, brindaste porque no se firmase el TTIP y porque las cosas cambiasen en España. ¿Volverías a brindar por lo mismo?

IB: Volvería a pedir lo mismo. Pero también que no se desmonte la Unión Europea. Creo que por menos se han desatado guerras y además me parece muy peligroso. Está el terrorismo que es un gran problema. Y otro la xenofobia, desarticulador de una sociedad.

Entrevista: Ana Galán para BA © julio 2016
Foto: Diego Aracil para BA © julio 2016

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