Nación Low Cost: D (Dora)

por • 3 agosto, 2011 • MISC., Nación Low Cost (la novela de BA)Comentarios (0)2215

La novela por entregas de BA

Una historia de ficción. Por Daniel Zimmermann

 

—Bienvenido a funnyJet, le atiende D…, ¿en qué le puedo ayudar hoy?
—Quería una factura.
—Indíqueme el localizador, por favor.
—FRE3TD2.
—Le debo hacer unas preguntas por motivos de seguridad. Dígame su nombre, por favor.
—Gemma.

—¿Apellido, por favor?

López.

—Indíqueme el itinerario de la reserva…
—De Madrid.
—De dónde a dónde, por favor…
—De Madrid a Ginebra.
—¿Fecha del vuelo?
—El día tres.
—De qué mes…
—¡Esto es un rollo! ¡Cada vez que tengo que pedir una factura tengo que llamar!
—Si lo desea, también puede solicitarla a través de la sección ‘contáctenos’ de nuestra página web, rellenando el formulario.
—¡A ver, ya estoy en contáctenos y aquí no pone nada de eso!
—Debe pulsar la opción ‘formular pregunta’.
—¡Vaya tela!,¡qué lentitud! Sólo espero que los aviones sean más rápidos…
—…
—¡Esto es súper complicado!
—¡Sobre todo para según qué tipo de personas! —Bip, bip, bip…

***

DEALER. En inglés en el original. Camello. Había varios en la plantilla. Un lujo, pues ni siquiera tenías que llamar, ni inventarte un sitio secreto donde quedar. Te llevaban la mercancía al trabajo. Todo bajo medidas extremas de seguridad. Llamar a tu dealer era lo mismo que jugar a Tabú: tenías que recurrir a astucias del lenguaje para que tu interlocutor captara lo que querías y las cantidades que querías sin mencionar unas cuantas palabras prohibidas. En funnyJet todo era tan sencillo como pedir un gramo de speed, dos pastillas, un gramo de keta, medio de cristal y una bellota de haschis que probablemente podía abastecértelo todo la misma persona.

La ventaja era que al ser unos cuantos en la plantilla, regatear en el precio y las cantidades no estaba vetado. Ya sabes, la ley de la oferta y la demanda. Sin embargo, fueron listos y agudos y pactaron: acordaron precios igualitarios para cada sustancia y el negocio quedaba así repartido e igualado. Como en la vida. Y si queremos revestirlo de elegancia y lavarnos las manos, si queremos pasarlo a limpio, digamos que funnyJet fomentaba el pluriempleo: debías encontrar otra fuente de ingresos si querías llegar con una discreta holgura en tu cuenta corriente a final de mes. Sustituye la palabra drogas por estados de ánimo y, ¿quién estaba entonces cometiendo ningún delito con aquellas transacciones? Hay diferentes maneras de ver las cosas y otras tantas de expresarlas.

DEFUNCIÓN. Preferíamos estar muertos a permanecer en funnyJet para el resto de nuestros días. Quizá lo estuviéramos ya. Lo triste —aunque escandalosamente divertido de puertas para adentro— era encontrarte con casos en que los clientes se morían sin realizar un viaje ya pagado con funnyJet o el finado era familiar directo de los futuros pasajeros. No es que nos alegrara la muerte del prójimo —aún no habíamos alcanzado esos niveles malévolos propios de un míster Hyde experimentado— sino que, en ocasiones, las tasas administrativas que debíamos cobrar por la cancelación de estos vuelos era superior al precio mismo de los billetes. Te encontrabas con casos en los que tenías que comunicar, reprimiendo una carcajada justo después de comentar lo mucho que sentías la pérdida:

—… Me temo que no es posible la anulación de los billetes. Las tasas de cancelación en este caso, cuarenta euros por cada trayecto, vuelven inviable la operación.
—No lo entiendo…
—Lo que quiero decir es que si quisiera anular estos billetes tendría que pagarnos usted a nosotros cincuenta euros…
—¿Qué?, ¿me está tomando usted el pelo?

No podíamos verlo, pero sí notar cómo hacían una mueca de verdadero fastidio como si se les hubieses abierto alguna vieja herida. Cuando era posible la cancelación después del tajo sangrante debido a las tasas de anulación, la cantidad, un tanto mermada, se devolvía en forma de bono para comprar vuelos de funnyJet en los próximos seis meses. Es decir, que visto de este modo, el dinero nunca abandonaba las cuentas de funnyJet. Y sí. Es eso precisamente lo que estipulan las normas y condiciones de la compañía que usted nunca leyó ni por encima, pero sí que aceptó automáticamente pinchando en la casilla correspondiente.

Compadecíamos a las víctimas en estos casos. Al difunto y a sus allegados. Y aunque nos daba cierto repelús toparnos con los certificados de defunción que evidenciaban todos los datos asociados a aquella gran pérdida, paradójicamente, este tipo de casos eran los que más carcajadas después de colgar suscitaban. También nos preguntábamos cómo era posible que después de la muerte de un ser hipotéticamente tan querido se reuniera la entereza para reclamar los 18,99€ de una reserva de avión sin haber transcurrido medio día desde el entierro. ¿Pagarían también esos sensibles allegados todas las deudas del finado con la misma diligencia y celeridad que reclamaban aquellos importes?

DELETREAR.
Existen dos maneras de entender este verbo. Una, la clásica de pronunciar aisladamente cada letra o vocal, y otra, la consistente en asociar la letra a una palabra que comienza con ella, lo más acertado si tenemos en cuenta que se está manteniendo una conversación telefónica cuya calidad de sonido no iba a pasar a la historia precisamente por su nivel de claridad. Requisito indispensable cuando no entendíamos un nombre, genuina y endemoniadamente, árabe o simplemente la referencia de la reserva —ese código alfanumérico de siete dígitos— en cristiano.

Al principio, solíamos explicar la diferencia. Después nos aburridos de que no hubiera nadie mínimamente audaz en el mundo capaz de entender lo que pedíamos. Por supuesto, siempre acababas encontrando la aguja en el pajar, esto es, aquella persona capaz de facilitarnos la referencia de la reserva del modo eficaz y sin solicitarlo por nuestra parte. Sin embargo, los había quienes se empeñaban, ya puestos, en deletrear lo innecesario: una jota, una equis, una hache, una zeta, una i griega; se hacen notar al primer golpe de voz.

Y detrás de la aguja en el pajar siempre había una mente creativa que te dejaba sin aliento cuando escuchabas cosas como t de tristeza y no de Toledo como cabría esperar, p de picnic y no de Pamplona, Portugal o Palencia que fácilmente podría confundirse con Valencia, o m de mamada, mucho más excitante que una m de Madrid.

DENIED BOARDING. En inglés en el original. Las denegaciones de embarque en funnyJet no eran muy frecuentes, dado el coste de las indemnizaciones asociadas a las mismas. Sin embargo, no todos los denied boarding eran provocados por motivos comerciales, es decir, overbooking. Estar borracho o colocado con notoriedad destacada, ser consignatario de un estado mental precario y peligroso en potencia, manifestar desobediencia ante el personal de tierra, proferir insultos y amenazas dirigidos a miembros de la compañía o de la empresa de handling y amenazas de bomba, eran considerados motivos justos y necesarios para impedir que un pasajero accediera a la aeronave.

Y no, no tiene usted derecho a recibir el reembolso del billete ni muchísimo menos al pago de una indemnización. Lo decimos nosotros y las condiciones de la compañía que usted aceptó en el momento de hacer la reserva, no lo olvide usted la próxima vez que esté tentado de montar un pollo en el mostrador de facturación o en plena puerta de embarque. Las imprudencias se pagan. La mala educación y la histeria, pues también.

DESCUENTO PARA ESPAÑOLES. Los descuentos españoles para residentes insulares —que dejaban el precio en la mitad— y miembros de familias numerosas eran muy bien considerados por sus agraciados. Eso sí, que nadie pretendiera beneficiarse de ellos para un viaje Mallorca-Berlín o un Tenerife Sur-Londres Gatwick, por favor. Porque sí. Haberlos con pretensiones tales, los había.

DESTINO. funnyJet no efectuaba vuelos transoceánicos. ¿Pero qué tenemos aquí?:

—Hola, buenos días. Quería saber cuánto me costaría volar de Madrid a New York.

Destino tiene otra acepción menos simple y algo más compleja si hablamos de nosotros mismos y de nuestras aspiraciones. No éramos muy dados a soñar despiertos, pero aquella vez caímos en la tentación. Se suponía que nuestro destino allí, en funnyJet-Cagator Services-Petersmann, era pasajero, otro de esos términos ambivalentes que un significado diferente podría tener en esta historia. Algunos nos dimos cuenta de que imaginación sin acción es fantasía y abandonamos el avión antes de que se estrellara cuando se desplegaron ante nosotros nuevos escenarios existenciales.

Si muchas de las utopías del pasado son hoy realidades concretas —entre ellas volar—, ¿por qué no íbamos nosotros a llevar a cabo nuestras empresas? Otros permanecieron allí. Aún pretendían atravesar el mar simplemente mirando el agua. Sin poner su destino en movimiento. No podían desear ya nada porque ya habían consumido su destino sin haber sacado nada de él. El destino, con frecuencia, termina mucho antes de la muerte.

DINERO. Generador de ansiedad de posesión. El dinero influye en el pensamiento y contribuye a la felicidad y permite la expansión del comercio hasta no se sabe dónde. Un nexo común que facilita el intercambio, las transacciones. De lo que sea. También sustancia de la que no estaban compuestas nuestras cuentas corrientes. Apenas podíamos recurrir a artículos de primera necesidad con lo que cobrábamos. Entendiendo por artículos de primera necesidad lo que cada cual determinara. Y aunque Berlín era una ciudad europea low cost en la que muchos deseos podían hacerse realidad con menos de cincuenta euros, queríamos hacer valer nuestros propios cachés a golpe de talonario en los que figuraran muchos nueves, porque, ¿quién quiere tener en las manos un cheque por valor de un importe de muchos ceros cuando los nueves abultan hasta nueve veces más?

DIVISA.

—La razón absoluta por la que a usted le parece que le hemos cobrado de más es sencillamente porque ha comprado usted su reserva en libras. (…) Sí señor, la moneda puede cambiarse en el paso número dos de los seis de los que consta la reserva. (…) Sí. El símbolo de cada divisa sí aparece. (…) Siempre junto a la cantidad y del mismo tamaño que la cifra. Bastante grande, si se fija usted bien…

Nunca fallaba.

DOCUMENTACIÓN. Aunque un ser de inteligencia no necesariamente por encima de la media atribuya al sentido común que no se puede viajar indocumentado ni dentro de las fronteras nacionales ni muchísimo menos fuera, había numerosos clientes que se quedaban en tierra por olvidarse el documento preciso en casa o lo que era peor, de renovarlo. No. Un documento caducado no está en vigor y por lo tanto no es válido para viajar —ni para nada, nos tememos—, exceptuando el pasaporte que sí tenía vigencia dentro de los límites de la nación una vez que éste había caducado. Marruecos, señores, ni era España ni formaba parte de la UE cuando trabajábamos para funnyJet. Es decir y simplificando, que o se viajaba con pasaporte a ese destino o se olvidaba usted de sus vacaciones en Casablanca.

Lo asombroso era que, para variar, en este caso concreto que salta a la vista quién es el causante de la situación, los clientes pretendieran hacer responsable del descalabro vacacional a funnyJet:

—A ver, ¿y dónde pone eso de que para viajar a Reino Unido necesito un documento que no esté caducado?

Y llegados al caso no podíamos argumentar:

—Señora, ¡eso es de sentido común! ¿Es usted tonta?

Porque resultaba más duro y despiadado que llamarle directamente idiota, resolvíamos el asunto indicando el sitio exacto de la web donde el requerimiento se especificaba. Sentido común; el menos común de los sentidos, por lo visto.

DOMINIK. Coach del equipo alemán cuyas facciones sólo podrían hacerle comparable a un personaje de cómic: Gárgamel. Nariz inmensa, pelo que envuelve, pero no cubre, cejas estilo Groucho Marx, voz de caricatura y cara y cuerpo rechonchos. Dominik mortificaba a los miembros de su equipo, como si en realidad fueran pitufos a sus órdenes, a los que torturaba para que produjeran más oro y de calidad superior. Era realmente desagradable, y no sólo su aspecto. Tenía cara de brujo y la verdad es que daba miedo. Risa también. Ya sabes, esa ambigüedad tan nuestra.

DÖRTHE. Era una de las mujeres más feas que ha parido la madre naturaleza. Y lo cierto es que costaba creer que dentro de ella hubiera un cisne. Fea de cojones. Cierto es que no era culpa suya que algunos tuviésemos esta opinión objetiva y unánime. Opinión que lejos de dulcificarse se intensificó virando hacia otros derroteros menos condescendientes cuando la razón por la que Dörthe había sido contratada empezó a hacer mella entre nosotros.

Dörthe era la encargada de elaborar los turnos de trabajo hasta que tuvo que dejar de hacerlo: en cuanto los nuevos horarios del mes siguiente eran entregados el día veinte del mes anterior, digamos que no había muchos trabajadores contentos con el planning que tenían en sus manos y casi todos acudían en tropel hasta Dörthe con la intención de solventar aquel descalabro que se repetía con una periodicidad mensual.

No sé quién comentó que la madre de uno de las chicas del equipo español realizaba la misma función para otra empresa y que casi todo lo que había que hacer era dar las coordenadas precisas a un programa informático que se encargaba de que todos los turnos y todas las franjas horarias quedaran cubiertos por suficientes trabajadores en la empresa. Así que no entendíamos por qué Dörthe resultaba tan inepta y nadie hacía nada al respecto. No es que todos fuéramos unos caprichosos; habría bastado con dar a los trabajadores los turnos solicitados en la medida de lo posible que nunca, jamás, era capaz de alcanzar ni de lejos. Dörthe acabó desertando abrumada por el éxito al frente de esta función. Y suponemos que no hará falta aclarar que estamos siendo irónicos.

DPA. Data Protection Act. En inglés en el original. Curiosamente, debíamos proteger con celosía los datos de una reserva frente a terceras partes no involucradas en la misma, ¿pero quién protegía nuestra identidad de los clientes?, ¿quién evitaría que nuestros nombres y apellidos (pues al principio debíamos dar los reales) figuraran en foros de desacreditación?, ¿quién velaba por nuestra intimidad y derecho a la imagen? Nuestra reputación estaba perdida desde el principio en funnyJet. Y no sólo por el hecho en sí mismo de trabajar directamente para Cagator Services. Sólo se nos exigía confidencialidad y protección de datos sensibles en una única dirección de índole no muy democrática.

Si conocías los datos personales asociados a una reserva, si sabías los detalles del vuelo, podías hacer los cambios que quisieras si estabas dispuesto a pagar por ello. No nos referimos a sobornos sino a las tasas reglamentarias. Algo que ni los propios interesados directos estaban muy dispuestos a pagar. Chocábamos aquí con casos de paranoicas esquizoides que jugaban a la simulación. Después de haber pasado las preguntas de seguridad, después de haber aceptado un cambio de vuelo en la reserva, después de haber proporcionado todos los datos de la tarjeta de crédito, una de estas señoritas se paraba en seco un segundo antes de validar la compra para gritar:

—¡Pero bueno, es que me parece increíble! ¿Cómo sabes que soy yo el pasajero?
—Pues porque usted me lo ha dicho.
—¡¿Y qué pasa si te estuviera engañando?!
—Pues que estaría cometiendo usted un delito por suplantación de personalidad.
—¡Pero bueno, esto no puede ser! ¡Es que es alucinante!
—Mire, usted ha llamado para realizar un cambio, ha respondido correctamente a las preguntas de seguridad que le he hecho y posee todos los datos de la tarjeta de crédito del titular.
—¿Y si es alguien que tiene todos esos datos y quiere hacerme una putada?
—Pues muy mal hecho por su parte el desvelar a cualquiera todos sus datos sensibles y personales. Nos limitamos a cumplir con nuestro trabajo y en este caso se han seguido todos los pasos pertinentes para llevar a cabo un cambio de vuelo.
—¡Bueno, es que lo flipo a muerte! ¡Dime tu nombre que voy a poner ahora mismo una reclamación!

DROGAS. ¿Quién consume a quién?

Para muchas personas, las drogas eran como un botiquín o un extintor: aunque la mayoría del tiempo esperaban no tener que usarlas, era bueno tenerlas muy a mano. Sólo para casos de extrema necesidad. Y había que ser muy ingenuo para pretender luchar contra las drogas con una única palabra que solamente requería una fracción de segundo: ¡no!

Las drogas, como el trabajo, no eran más que un hábito. Y como tal, exigían grandes dosis de voluntad. Tal vez sólo fueran un factor cultural más. Nos encantaba dejar que las noches pasasen por encima de nosotros. Las cosas más seductoras tenían que ser, a la fuerza, las más peligrosas. Todas las adicciones no eran más que formas de tratar un mismo problema. Las drogas, la comida, el sexo: una simple forma de encontrar la paz. De escapar de lo que conocemos. De nuestra educación. Eran nuestros mordiscos a la manzana.

Las drogas nos conferían una honda satisfacción en cuerpo y mente que podría ser reconocida en cualquier lengua internacional sin necesidad de traducción simultánea. El día que empecé a volver a casa con drogas en el bolsillo me di cuenta de que ya había rebajado en algunos puntos mis grados de adicción. Y el día que conseguí atesorar esos mismos restos durante más de dos semanas, constaté que era un adicto social más que un adicto-adicto-adicto.

Decía el mismo médico de la Oppelner Strasse, en una de mis visitas regulares, que los artistas y los emigrantes eran target hipersensible para convertirse en carne de todas las adicciones, aunque él las reducía a drogas y alcohol. Requerimientos básicos de los que éramos por partida doble acreedores.

—¿Qué opinas de las drogas?
—Las drogas vuelven borrosas las relaciones con los demás; se hacen tan omnipresentes que impiden que crezcan otras cosas en su lugar. Llamémoslo falso ocio. Aunque ocio al fin y al cabo.
—Entonces, tu cuerpo debe inspirarte cierta ambivalencia porque lo llevas alimentando con veneno durante años. Y ten en cuenta que aunque tengas tus planes, tus sueños, las drogas tienen los suyos…
—¡Por favor! Las drogas dan acceso a un mundo secreto que, como todos los mundos secretos, te proporciona sensación de integración y complicidad. Además, estar colocado constituye realmente una experiencia estética de vanguardia. Las drogas envuelven con una capa, por delgada que sea, de sofisticación trasgresora. Estar colocado me permite disfrutar de la soledad sin sentirme solo. Recuerde que cuando adquieres drogas simplemente estás comprando un estado de ánimo, una sensación.
—Bonito eufemismo.
—A veces los eufemismos arrojan más luz y verdad sobre la realidad que pretenden disimular, ¿sabe?

DUPLICATE BOOKING. En inglés en el original. En cristiano, reserva duplicada. Sí, ya sabemos lo que está pensando y lo ratificamos: hay que ser gilipollas para duplicar una reserva. Cuando el sentido común universal apela al raciocinio, como era de esperar, y activa un sensor en el cerebro que empuja a su afortunado acreedor a comprobar si efectivamente ha efectuado con éxito una reserva de la que nunca tuvo confirmación, los clientes de funnyJet se dedicaban a realizar la compra una y otra vez, como catetos irredimibles. Lo malo de este asunto es que no siempre nos era posible devolver el importe tal cual sino en forma de credit file, esto es, el consabido bono del que ya hemos hablado en severas ocasiones. La guerra verbal y psicológica estaba garantizada.

Y no podíamos devolver el dinero en aquellos casos en que las reservas habían sido tramitadas a través de un buscador de vuelos ajeno a nuestra página web. Atribuíamos entonces el error a esos servidores por mucho que los pasajeros, los destinos y las fechas fueran idénticos, requisito indispensable para poder acceder al bono. Al dinero se tenía legitimidad cuando las dos o múltiples reservas habían sido gestionadas a través de nuestra web. En caso contrario, ofrecíamos una cuenta de abono o la posibilidad de reclamar el dinero directamente al buscador de vuelos. Deshacer este tipo de entuertos bien valía más de quince minutos de charla telefónica y una tila o un Lexatin una vez que la llamada había culminado.

***

 

Hola,

Tenía una duda. Antes de reservar mi vuelo quisiera saber si las 00:50 del lunes 7 de septiembre corresponde a la noche del domingo 6 al lunes 7 o a la noche del lunes 7 al martes 8.

Gracias

***

Estimada Sra. Domínguez:

Gracias por contactar con nosotros.

Las 00:50 horas del lunes día 7 de septiembre, se refiere al día lunes 7 de septiembre. Cada nuevo día comienza a las 00:00 horas, por si no lo sabe usted todavía.

Le agradecemos una vez más que se haya puesto en contacto con nosotros y quedamos a su entera disposición para cualquier consulta adicional. En caso de necesitar nuestra ayuda de nuevo, utilice la sección ‘Ayuda’ en nuestro sitio Web.

Atentamente

Evelyn Pérez
funnyJet Atención al Cliente

Una historia de ficción que podría ser increíblemente real.

CONTINUARÁ…

 

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