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Crónicas maricas #18: REC

por • 11 septiembre, 2019 • Actualidad, Crónicas maricas, Imprescindibles, INSIDE BERLIN, Salir, Sexualidad, WeekendComentarios (0)1104

Hace unos días recibí un mensaje de un viejo ligue de Madrid. Antonio (nombre real) decía que aún se masturba con los vídeos que, ya hace unos años, nos grabamos juntos en su ático de la Castellana. La verdad es que me dejó bastante desconcertado, pues lo menos que recordaba de aquella noche era el habernos grabado nada. Sí por el contrario venía a mi memoria la bolsa de ketamina que nos metimos entre todos los asistentes a aquella interminable orgía. Pero vídeos… sinceramente no me acuerdo. ¿QUÉ VíDEOS?

Es el problema que muchos de nosotros tenemos. Nos da por mezclar sexo y química y la cosa acaba en reportajes en los que hacemos cosas de las que muy probablemente nos arrepentiremos al día siguiente (incluso quizás a las pocas horas). Un contratiempo fácil de solventar si el documento está bajo nuestra custodia. La complicación viene cuando no somos los poseedores de este, y a uno de los protagonistas del cameo le da por colgarlo en redes sociales sin tu consentimiento. Famosa por sorpresa.

Fue lo que le pasó a mi amigo Pablo (nombre ficticio), el que, tras una noche de bares, acabó en una orgía en un piso de Schöneberg, Berlín. El grupo, de lo más surtido, intentó imitar los conjuntos escultóricos de las fuentes de la Piazza Navona. Pero la metanfetamina y el GHB provocaron que la performance acabara pareciéndose más a un churro de un señor vestido en plásticos realizando una lluvia dorada a cuatro seres de mediana/avanzada edad en una bañera. Una versión decadente de la barroca Fontana dei Quattro Fiumi.

Encima, mi amiga, que no se acuerda de nada porque también llevaba lo suyo (venía del Bull), no se dio cuenta hasta pasadas unas semanas de que uno de los protagonistas había colgado en una conocida web de sexo amateur ese y otros documentos grabados aquella velada. El vídeo es malo, ya no por las mandíbulas desencajadas, ni los orines… sino porque al editor le dio por poner música de Café del Mar como banda sonora. Todo un despropósito.

—¡Hombre!… ¡Podría haber sido peor! —le dije. —Imagina que te graban metiéndote una raya sobre el pito de alguien en pleno Oktoberfest con posterior felación—.

Fue lo que le ocurrió a mi amigo Alexander (nombre real), arquitecta politoxicómana natural de Stuttgart y residente en Múnich. El pobre tuvo la mala suerte de que el vídeo se hizo viral y acabó en un grupo de WhatsApp en el que participaba su padre.

—Ya… entiendo—comentó Pablo. —Un vídeo de pipí aún se le puede explicar a una madre, pero uno de drogas… como que no. —Pues no querida, no.

Es que, en esos momentos, llevado por la euforia del alcohol y las “magias”, una se siente la actriz de una película porno. Lo quieres hacer y te lo quieres comer todo. Sin freno ni miramientos. Como cuando entras al bufé libre de un hotel de Magaluf. Una mezcla de exceso y barriobajerismo. Un motor fueraborda a velocidad máxima alimentado por el afrodisiaco químico instantáneo. Un me da igual subido a la cresta de una ola, seguido de un temporal y una resaca infernal.

Otras veces no hace falta ni que haya estimulantes de por medio. Sobra con las fotos que, TODAS en estado de completa sobriedad, nos hemos hecho y compartido a través de las apps de ligue… “¡No es lo mismo!”, diría alguna. Evidentemente, no. Pero la competencia es tan dura que provoca que enviemos nuestras imágenes más pícaras a personas totalmente desconocidas.

Y querida Piscis, tú no sabes quién está al otro lado, los pantallazos que puede hacer y cómo va a tratar ese material… y si es un pajillero que te va a robar las fotos y a suplantar la identidad y mañana apareces por arte de magia en Torrelodones. Y es que todo lo que concierne a internet, por desgracia, está fuera de nuestro control. Por muchas precauciones que pongamos.

Incluso la nube es peligrosa. Porque chica, aun no enviando tus fotos picantes a nadie, igual en un descuido acabas enseñando las tetas a toda una fiesta de alemanes. Esto le pasó a mi amiga Fuensanta (nombre ficticio), profesora de salsa y natural de Mula (Murcia). Aquella noche, Fuensanta, un alma caritativa, decidió compartir su lista de reproducción “salsa MIX” y sus fotos en picardías al conectar su iPhone al Apple TV de la casa en la que se celebraba el guateque. Con la mala pata que en el televisor (en modo salvapantallas) empezaron a desfilar fotografías erótico-festivas con Marc Anthony de fondo. Chica, cosas que pasan y ya está. No hay que darle vueltas.

Y si no, como zanjaba el tema mi amigo Pablo (el de nombre ficticio):

“Mira, yo tengo la esperanza, de que esos vídeos y esas fotos se queden olvidadas en esos carretes interminables de 10 000 fotos que la gente acumula en sus teléfonos… y algún día ese teléfono sea robado, formateado y revendido en algún lugar perdido de Marruecos… o que se rompa. Se que no va a pasar así, pero oye, habrá que vivir, ¿no?”.

Pues sí, chica, pues sí.

Pepe Müller | Crónicas maricas para Berlín Amateurs © septiembre 2019

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