Crónicas maricas #14: LAB.ORATORY

por • 20 mayo, 2019 • Actualidad, Crónicas maricas, De noche, Imprescindibles, Internet, Salir, Sexualidad, SociedadComentarios (1)1546

Durante mi niñez, mis padres me llevaron de peregrinación a Lourdes, la ciudad que creció en torno a una cueva donde, según cuenta la leyenda, la virgen María se apareció a una pastorcilla. De aquel viaje recuerdo la sensación de recogimiento, nervios y curiosidad que me produjo ver el famoso oratorio donde se arrodillaba la santa a rezar a la virgen aparecida. Años después, ya en Berlín, fue esa misma sensación la que recorrió todo mi cuerpo la primera vez que traspasé la puerta de un templo de obligadísima peregrinación mariquita en la ciudad. Un lugar en el que el ambiente, cargado de olor a pis, sudor y tabaco, produce sin duda alguna el mismo éxtasis que probablemente experimentó la santa entre las oscuras paredes de aquella fría gruta.

Mi primera aparición en el Lab.Oratorio fue en una naked party, una de las fiestas, que, por lo surtido de sus personajes, resulta incluso más plural y tolerante que las piscinas de agua bendita del santuario lourdiano en temporada alta. La dinámica de la fiesta es muy sencilla: te desnudas, pones todas tus pertenencias en una bolsa de plástico y a continuación te marcan en el brazo el que será tu número de la noche. La numeración empieza por el 1 y alcanza valores que llegan hasta el 700 u 800 (incluso a veces más), siendo ese el número de maricones concentrado en la sala.

Tener un número bajo y quedarte allí rezando el rosario hasta las tres de la mañana es sinónimo de que te lo has pasado muy bien y has compartido flujos con una buena cantidad de gente, lo cual aumenta las probabilidades de que te toque una buena infección en la rifa de las ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual). Ya sea el gordo o la pedrea, es raro salir de allí sin premio.

Recomiendo que, una vez en casa y tras un baño con algún jabón desinfectante, nos borremos el número marcado con unos buenos restregones de lejía, pues alguna amiga mía que iba de monja se ha ido al día siguiente a tomar el sol al Badeschiff con el número aún marcado, y queridas… ante semejante evidencia no valen excusas.

Una de las cosas que siempre me ha fascinado en el Lab.Oratorio es la capacidad anal de la gente que frecuenta el lugar. Resulta milagrosa la maña con la que algunas se meten puños, brazos incorruptos y toda la sección de verdulería del Mercadona casi sin inmutarse ni soltar una sola lágrima. Prodigioso.

Fue así como en una de mis apariciones en la fiesta Fausthouse (fist-fucking) perdí, con muy mala pata, además de la virginidad la poca dignidad que me quedaba. Aquella madrugada hubiese podido, como en otras ocasiones, observar desde la seguridad de la distancia, pero me pudo la curiosidad, y sin ningún tipo de preparación formé parte de la revelación multitudinaria que allí se daba. Un señor que sufría de lipodistrofia facial y vestía una camiseta en la que ponía FIST se me acercó.
—Hola, ¿quieres probar?
—¡Hola!, ¿Y por qué no? —Le respondí con total descaro.

Y allí en un discretísimo sling situado junto a la barra, y como si de un conejo espatarrado se tratara, empezó aquel señor a embadurnarme las nalgas como el que pasta sobrasada un día de matanzas.
—Está muy cerrado…, ¿es tu primera vez?
—No. —Yo mentía como un bellaco.
—Toma un poco de poppers y verás cómo dilatas.
—Ten cuidado porque sí que parece que esté muy cerra-¡DO!

¡Se obró el milagro, había entrado! y yo… me retorcía. No de dolor, sino de imaginar que tenía una mano en mi recto y que aquello tenía el diámetro de su muñeca. El olor a poppers que impregnaba el lugar hizo que por un momento me desmayara. El señor, con la otra mano que le quedaba libre, empezó a abofetearme para que despertara mientras me pedía que me tranquilizara.

Mi reacción fue totalmente la contraria y con su mano metida aún en mi trasero, empecé a darle patadas en el pecho y la cara. No podía soportar semejante visión.
—¡Quítamelo! —le grité.— ¡Quítamelo!
—¡Te va a doler… —me respondió.
—¡Te he dicho que me lo quites!

Aquello fue como el desbordamiento del Gave de Pau a su paso por Lourdes, una lengua de lodo tóxico se apoderó del lugar. El descorche de una botella picada de espumoso francés. No hubo palabras, solo vergüenza. Tras recomponerme, me marché de allí por donde había llegado. Nunca más Fausthouse. ¡Jamás!

En el Lab.Oratorio he conocido leyendas vivas del Berlín nocturno, como a René, el de los baños de Berghain, que una fiesta Yellow Facts (lluvia dorada) me lo encontré tirado en una bañera mendigando que le mearan. Me dio tanta pena que le hice pis y le invité a una copa. Lourdes tiene a Bernadette y Berlín a René, asombroso ser.

Sin duda los peores días para ir de peregrinación son los viernes de fiesta 2×1. El 2×1 no hace referencia a ningún juego sexual, malpensadas; simplemente pagas una copa y te dan dos. El caso es que el recinto se pone que no cabe ni un alfiler, los pasivos se roban entre ellos a los pocos activos y en el glory hole, como en los grifos de las fuentes de Lourdes, siempre hay alguna pesada que copa todo lo que salga por ellos. Recuerdo una noche a una asiática que abarcaba hasta cuatro miembros al mismo tiempo. Todo muy violento y horrible.

También resulta muy penoso colapsar en el Lab. Querida amiga marica, al Lab.Oratorio se va a lo que va, y drogarse e ir tambaleándose por en medio de la pista es lo peor que una puede hacer si quiere atraer a algún macho. Es como colapsar en Berghain, algo imperdonable y totalmente prohibitivo. Una tontería así puede costarte un Hausverbot en ambos clubs de por vida.

Debo reconocer que, una vez vistas todas las fiestas y después de múltiples apariciones, he ido allí más por el cachondeo y aburrimiento que otra cosa. Tras un rápido desfogue, me dedico a pasearme entre los pasillos y a cantar salves a la gente que, subida en el sling, está al borde del orgasmo.

Lo sé, todo muy fuera de lugar y de una falta de respeto y educación tremebunda. Pero al final la gente hace como que le da igual o se ríe. Signo de que, al igual que en Lourdes, también en el Lab hay espacio para la convivencia, la tolerancia, el humor y la amistad.

NO PREJUDICES AND LOVE LAB.

Pepe Müller para Berlín Amateurs © mayo 2019

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One Response to Crónicas maricas #14: LAB.ORATORY

  1. Macarena dice:

    Otro texto más cargado de homofobia, racismo y slutshaming, nada de esto es bienvenido en la escena de Berlín.
    Vuélvete a rezar a la provincia de la que hayas salido.

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