Crónicas maricas #11: Abierto o cerrado

por • 20 febrero, 2019 • Actualidad, Crónicas maricas, INSIDE BERLIN, SociedadComentarios (0)1529

¿Monogamia o poligamia?, ¿relación abierta o cerrada? Esta es la pregunta que cientos de parejas homosexuales se plantean a lo largo de la relación. ¿Existe quizás una predisposición genética a la monogamia?, ¿o quizás simple y llanamente las parejas homosexuales nos dedicamos a copiar estos patrones de las parejas heterosexuales? Entre mi grupo de amigos berlineses nos hemos planteado en más de una ocasión lo difícil que resulta mantener una relación de pareja y cómo ciertos factores externos nos afectan de forma negativa.

¿Es Berlín una ciudad propicia para tener una relación monógama?

Recientemente se ha publicado en la revista científica PNAS un estudio realizado por la Universidad de Texas en el cual diferentes experimentos con dos tipos de ratones, entre otros vertebrados, tuvieron como objetivo demostrar que existe una relación genética con ciertos comportamientos sociales como la creación de vínculos de pareja (monogamia).

Tras una serie de ensayos, los investigadores descubrieron hasta 24 genes cuya actividad en el cerebro tienen una relación más intensa con el comportamiento monógamo. Estando a su vez estos 24 genes curiosamente relacionados con el aprendizaje y la memoria, por lo que los investigadores especularon que es posible crear un vínculo de pareja mediante cambios en los procesos de aprendizaje que están detrás de este comportamiento social (monogamia).

El experimento demostró que el cerebro de ciertos tipos de ratones monógamos encontraba placentera la presencia de una pareja en particular (creación de vínculo afectivo), produciendo oxitocina y vasopresina. Ante esto, los investigadores decidieron proporcionar estas hormonas a otro tipo de ratones más promiscuos, con la sorpresa de que estos se volvían monógamos.

Análisis posteriores dejaron patente que los ratones promiscuos tienen una versión más larga del gen receptor de la vasopresina que los ratones monógamos, que son más perceptibles a esta hormona responsable de favorecer la creación de vínculos. Demostrando, pues, que ciertos ratones tienen una predisposición genética a la monogamia, así como la relación entre estos genes y las pautas de aprendizaje.

Preguntados los investigadores si estos resultados son extrapolables a los humanos, respondieron que no se puede analizar un cerebro humano de igual forma como se hace con el de los ratones, y en el caso de que se pudiera se demostraría que el ser humano, al igual que el ratón, no sigue una pauta única. Pues incluso a veces estos ratones monógamos no eran del todo fieles, ya que durante el experimento se detectó que, en función de ciertos factores externos, los ratones eran proclives a tener alguna que otra aventura sexual fuera de la pareja pero, que por lo general, no era más del 10 % de sus relaciones sexuales.

A lo largo de la historia se ha educado al hombre para presumir de su apetito sexual como muestra de masculinidad. Algo que a los gais nos encanta. Una pauta en nuestro aprendizaje que puede que haya dejado mella en nuestro material genético a lo largo de la evolución. Un paradigma social intensificado actualmente por factores externos como la pornografía, la cual en muchos casos crea una imagen distorsionada del sexo. Las redes sociales con su oferta ilimitada de parejas sexuales y, cómo no, la oferta sexual que ya de por si Berlín nos ofrece (sex-parties, pornokinos, chemsex, etc.), provocan que un individuo con poca predisposición genética a la monogamia se vuelva un promiscuo empedernido.

Es evidente pues, que debido a tantos factores externos y a pautas de aprendizaje sexistas, nos sea tan difícil encontrar pareja seria en Berlín. Ya no hablamos solo de enamorarse, sino también incluso del hecho de gestionar una relación de pareja. Resultando a veces tan complicado que las parejas ya establecidas se ven en la necesidad de, una vez creado el vínculo, abrir la pareja. Pero ¿hasta qué punto puede resistir el vínculo el ataque de los factores externos?, ¿es la poligamia la solución a nuestros problemas?, ¿es la poligamia la solución a Berlín?

Sin duda, sería interesante poder modificar nuestros receptores de oxitocina y vasopresina, y cambiar de promiscuo a monógamo según nos plazca, pero como dicen los investigadores de la Universidad de Texas: «El ser humano, como el ratón, no sigue unas pautas totalmente fijas, todo depende de los factores externos». Muchos de mis amigos afirman que viven mejor en pareja abierta; otros prefieren tenerla cerrada. Y estos, al igual que los ratones monógamos, también optan por tener un escarceo cuando se tercie.

Berlín, la ciudad de los factores.

Pepe Müller para BA © febrero 2019

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