Beelitz Heilstätten - Hospital abandonado © Maie Escorial

Beelitz – Heilstätten: hospital abandonado

por • 6 julio, 2010 • Aire libre, Alemania, Escapadas, FOTOGALERÍAS, Historia, Lugares abandonadosComentarios (0)8013

Decadencia romántica con denominación de origen

Al sur de Potsdam, aproximadamente a una hora de Berlín, se encuentra Beelitz, lugar conocido por sus famosos espárragos –Beelitzer Spargel–, cuya temporada cubre los meses entre abril y junio y que se convierten en el epicentro de la oferta gastronómica alemana durantes esos meses. En Beelitz también se encuentra el conjunto de edificios que, con una superficie de cerca de 200 hectáreas, fue una vez un moderno complejo hospitalario para el tratamiento de la tuberculosis, modelo de otros similares y que hoy, en su segunda vida, dedica una parte de sus edificios, la restaurada, a enfermedades neurológicas. La otra sigue deshabitada desde hace medio centenar de años.

En el fondo somos unos románticos. Lo que nos gusta una ruina, unas piedras dejadas de la mano de cualquier dios –como si los dioses no tuvieran otra cosa que hacer que ocuparse de nuestras piedras–, las huellas del paso del tiempo –aunque no sobre nuestra piel–, las historias de fantasmas. O al menos a mí. Reconozco ser una de esas personas. En el fondo sigo siendo la niña fascinada por la casa encantada que su pueblo, como todos los pueblos del mundo, siempre tuvo.

Beelitz es uno de esos lugares, como los parques de atracciones abandonados, en el que algunos se cuelan y otros pasan por la casilla de taquilla. Quizá a partir de ahora sólo será posible entrar con ticket y guía, si es verdad que han reforzado la vigilancia para evitar la degradación producida por embobados caza-fantasmas, góticos iluminados y vándalos a secas en unos edificios al amparo de la ley de protección de monumentos desde el 95. Poner Beelitz-Heilstätten en el buscador de Google es una experiencia altamente reveladora, pero con su permiso nos vamos a saltar esa parte, lo dejamos al lector curioso.

La historia de tan inspirador lugar comienza en 1894, cuando el Landesversicherungsanstalt Berlin (LVA), algo así como la compañía de la seguridad social, concluye que invertir en la construcción de modernas instalaciones hospitalarias para combatir la tuberculosis con los medios más modernos por entonces podría aliviar las arcas de la renta de los tremendos gastos futuros que iba a tener que afrontar dada la gran cantidad de afectados, incapacitados para trabajar. No hay que olvidar que hacia el cambio de siglo la cantidad de enfermos en Alemania alcanzó el millón, la mayoría trabajadores y trabajadoras de fábricas infames que además habitaban casas insalubres en ciudades, como Berlín, superpobladas y poco higienizadas. Por aquel entonces, un tercio de las muertes y la mitad de las bajas laborales eran debidas a esta enfermedad. El complejo sanatorio de Beelitz se construye siguiendo al pie de la letra las últimas conclusiones de las investigaciones médicas en este campo. Alemania alcanza en el 1928 el punto más alto en su programa de construcción de clínicas con 60 en todo su territorio. Beelitz era el más grande de todos ellos.

Bien comunicado por tren y carretera, contaba con una moderna central eléctrica y de calefacción que, por medio de un canal de túneles subterráneos de más de 10 km, garantizaba el bienestar en todos los edificios sin tener que acudir a las viejas y nada salubres calderas y estufas. Esta central, que combina energía eléctrica y calor, vale aún hoy como una de las más antiguas conservadas de su clase. La separación de géneros fue la prerrogativa, así que contaba con dos hospitales, uno para enfermos y otro para enfermas, y sus respectivos sanatorios y solariums, como los llamaríamos ahora. Talleres, las casas de los médicos y empleados, una iglesia, carnicería, matadero, central de correos…el centro hospitalario se convirtió en una pequeña ciudad.

Las guerras lo convierten en hospital de la Cruz Roja y tras su paso muchas edificaciones ya no están en pie o, si lo están, muy dañadas. Los rusos se instalan en el 45, convirtiéndolo en el más grande Hospital Militar Soviético fuera de su territorio, hasta que se retiran en el 94 para dejarlo en manos de su antiguo propietario, el LVA. Por falta de medios pasa a manos del grupo Roland Ernst, un grupo empresarial con un ambicioso pero aún no realizado proyecto –insolvencia otra vez– que ha dejado el complejo al amparo de las estaciones.

Lo que hoy es un fascinante edificio desconchado y decrépito fue en su día la clínica femenina, construida en el 1907 –la masculina fue renovada y acoge hoy el centro de enfermedades neurológicas–. Pasillos interminables, ventanales rotos, palabras rusas en las paredes, el lugar ha sido escenario de varias películas –El Pianista de Polanski por nombrar sólo una– y de festivales, además de otras historias escabrosas que prefiero ahorrarle al lector. Como se dijo antes, todas las respuestas están en los buscadores. Los planes de futuro que alguna vez se imaginaron para esta novia abandonada ahí se quedaron. La insolvencia parece ser la maldición particular de este lugar. Nosotros seguiremos colándonos por las puertas que nos deje abiertas para acompañar su lenta degradación, como se acompaña a una enferma.

www.heilstaetten.beelitz-online.de

Texto: Susana Panea. Fotos: Maie Escorial
Berlin Amateurs © julio 2010

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