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Bayerisches Viertel: el barrio bávaro de Berlín

por • 25 mayo, 2012 • Aire libre, Barrios, Historia, OCIOComentarios (0)7323

 Hay vida más allá de Mitte, Charlottenburg, Kreuzberg, Prenzlauer Berg y Friedrichshain. Aunque quizá no comercial ni la que en Berlín suele hipnotizar y enganchar a los canallas o a los turistas. No es un lugar al que se vaya cuando alguien quiere gastar dinero o pretenda bebérselo. Tampoco se trata de una zona urbana multitudinaria ni leve: ya existen demasiadas. En Bayerisches Viertel a la imaginación le cuesta evocar escenas, quizá porque haya pocas cosas o personas a la vista que puedan inspirarlas. De vez en cuando alguien descorre las cortinas de un gran ventanal, pero en lugar de mirar melancólica e inquisitivamente a través de los cristales, se dedica a limpiarlos con desdén aplicando el producto con el pulverizador como quien dispara en un duelo a muerte a alguien a quien una vez se tuvo aprecio. Solo hay silencio, el lugar ideal para los que buscan intimidad. Entre enormes cubos de hormigón con balcones prefabricados o entre edificios de fachada embellecida a golpe de filigranas vegetales, a veces de yeso a veces de verdad, que coronan marcos de ventanas.

Apodado despectivamente como la Suiza judía, el núcleo del barrio bávaro se sitúa en torno a Bayerischer Platz y pertenece al distrito de Schöneberg. Sus calles, apenas ocho, tienen nombres de ciudades de Baviera, de ahí el nombre, y todas confluyen en la plaza: Münchener Strasse, Salzburger Strasse o Innsbrucker Strasse. Un ambiente acomodado que todavía conserva algunas casas jugendstil construidas a principios del siglo XX. Barrio históricamente vinculado a los judíos, aquí llegaron a residir unos 16 mil en los años 20. En 1943 apenas quedaban 6 mil. Los nazis se ensañaron en esta parte de la ciudad con sus particularidades racistas.

Carteles que no olvidan el pasado

Un memorial que recorre sus calles deja constancia de la persecución y deportación de judíos a partir de 1933. 80 placas colocadas en 1993 en las farolas, obra de los artistas Renata Stih y Frieder Schnock denominada Orte des Erinnerns. Cada placa reproduce por un lado el texto de una ley antisemita a través de una frase a la que se suma la fecha de su promulgación y por el otro una ilustración alusiva que actúa como reclamo ante el sentimentalismo del transeúnte. Cosas como ‘Nada de leche fresca para los judíos. 10-7-1942’, ‘En Bayerischer Platz los judíos sólo pueden sentarse en los bancos pintados de amarillo. 1939’, ‘Judíos y polacos no serán oídos como testigos en juicios contra alemanes. 7-8-1942’, ‘Los judíos sólo pueden usar el transporte público de camino al trabajo 13.9.1941’ o ‘Los judíos no pueden salir de sus casas después de las 8 de la tarde (las 9 en verano) 1-9-1939’.

Este Kiez queda delimitado entre las calles Hohenstaufenstrasse y Badenscher Str., cerca del centro oeste de la ciudad. El barrio surgió a principio del siglo XX como parte predilecta de una alta burguesía emergente a la que se fueron sumando otros gremios más o menos acaudalados. Área preferida de médicos, abogados, altos mandos funcionarios, artistas e intelectuales: Albert Einstein, Erich Fromm, Eduard Bernstein vivieron aquí. Con sus fachadas elegantes, edificios con jardín delantero, casas que alcanzaban fácilmente los 250m2 y su propia línea de U-Bahn (la U4), pronto se convirtió en foco de atracción para los judíos establecidos, para tornarse foco de dispersión a partir de 1933.

Destruido en un 60% llegados a 1943 y reconstruido entre 1955 y 1959, a pesar de los contrastes a ratos intensificados entre viejos edificios elegantes y nuevas construcciones sin sensibilidad que rescataban el espíritu funcional de la época (los 60), muchos de sus inmuebles están protegidos como piezas de interés cultural. Cuando uno pasea por sus calles, tiene la extraña sensación de integración arquitectónica no lograda. Es lo que ocurre cuando hay que rellenar los socavones y construir donde sólo quedaba montañas de escombros, la especialidad de las guerras.

Vecindario

Las arterias comerciales de este barrio son Grunewaldstrasse y Martin-Luther-Strasse. Un ángulo de noventa grados en el que se condesa todo lo que da de sí para gastar el dinero o para almacenarlo si se es cauto. Bancos, supermercados, Kneipen, droguerías, Imbisse, alguna panadería y casi ningún local fuera de lo común que acapare con su encanto la atención y avidez por lo singular, si obviamos la tienda-restaurante de delicatessen italianas ‘Vino Toscano’ (Grunewaldstrasse, 45) o el Tomasa Café de Salzburgerstrasse esquina Wartburgstrasse. La típica mezcla irreconciliable de establecimientos que vuelve la vida práctica, pero la estética nula en según qué zonas de las ciudades. Cuando uno llega a Bayerischer Platz irremediablemente piensa: ‘Parece que alguien se ha olvidado de meter a esta plaza en el plan de saneamiento mensual del departamento de jardinería del Bezirk.’ Sobre todo si uno inicia el paseo a través de Münchener Strasse, desde la impecable Viktoria-Luise-Platz. En hermosura y cotejo de lo verde no hay comparación. Las comparaciones serán odiosas, pero indiscutiblemente útiles y necesarias.

Las aceras están ribeteadas de jardines que se extienden hasta la fachada principal de cada edificio. Algo que la vista y el estado de ánimo agradecen cuando uno viaja en el tiempo desde la parte este de la ciudad hasta este lugar. Unos más cuidados y frondosos que otros. Aquí los vecinos no compiten para ver quién se lleva el premio anual imaginario al mejor jardín. Una casa con jardín siempre es sinónimo del tópico del hogar familiar apacible y convencional, de los matrimonios que no se rompen y que permanecen unidos y felices para siempre. Una zona residencial tomada por familias donde la tranquilidad hace pronosticar melancolía o tristeza en una tarde cualquiera de invierno. Aquí no llega el turismo ni las malas noticias. En las calles, niños volviendo del colegio -o en camino hacia sus actividades extraescolares- y gente a la que yo denominaría mayor. Se echa de menos la clásica Getränke Laden.

CAI ©

Redacción Berlín Amateurs © mayo 2011

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