Gartenstadt-Bruno-Taut

Arquitectos alemanes de culto

por • 30 septiembre, 2017 • Actualidad, Alemania, Arquitectura, ImprescindiblesComentarios (0)6888

A lo largo de la historia de la arquitectura, los arquitectos alemanes se han distinguido por su espíritu de innovación, dando lugar a obras que sobresalen por sus cualidades formales y la sintonía de los materiales que las conforman. Sus edificios conjugaron adecuadamente forma y materia, a pesar de que su concepción a veces no solo obedeciera a meros caprichos de autor. En el Día Internacional de la Arquitectura rendimos homenaje a algunos de los arquitectos alemanes imprescindibles del siglo XX.

Otto Bartning (1883-1959)

Formado entre Berlín y Karlsruhe, este arquitecto y teórico de la arquitectura se hizo popular gracias al diseño y construcción de iglesias. La mayoría de los edificios que planificó están en la actualidad protegidos como monumentos. Hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial edificó 18 iglesias evangélicas. La originalidad de sus templos caracterizados por el uso de estructuras metálicas es fruto del influjo expresionista. Junto a Walter Gropius, a finales de 1918 Bartning fue uno de los artífices de las ideas y el programa de la Bauhaus, aunque no tomó parte en la fundación del centro de estudios. Sin embargo, sí cofundó el colectivo Der Ring, un grupo de arquitectos vanguardistas de la Alemania de entreguerras.

Coincidiendo con el traslado de la Bauhaus a Dessau, trabajó como director en la recién inaugurada Bauhochschule de Weimar entre 1926-1930. Además de dirigir la reconstrucción de Berlín-Hansaviertel, donde una avenida lleva su nombre (Bartningallee), entre otros proyectos, tomó parte en la planificación de edificios residenciales de Berlín-Siemensstadt. Otto Bartning fue uno de los pocos arquitectos que no exilió durante el nacionalsocialismo y se mantuvo activo en la profesión.

Bruno Taut (1880-1938)

Hermano de Max Taut, otro arquitecto célebre, Bruno fue arquitecto prolífico, clave en el Expresionismo y el Modernismo. Destacó por sus trabajos teóricos. Tras conocer el prototipo de la ciudad-jardín inglesa a principios del siglo XX, que marcaría sus proyectos a partir de 1910, diseñó con notoriedad diversos barrios residenciales de Berlín como La Herradura en Britz-Neukölln en 1925 (Hufeisensiedlung), de casas bajas, techos planos, color y mucho verde. Hasta 1930 realizó más de 12 000 viviendas de este tipo. A partir de entonces, y huyendo del régimen, viajó por Rusia, Suiza, Japón o Turquía, donde ejerció como profesor universitario. Su devoción por el color queda de manifiesto en proyectos como la urbanización Falckenberg (1912) o Wohnstadt Carl Legien, ambas en Berlín.

Walter Gropius (1883-1969)

Figura clave en la renovación arquitectónica del siglo XX y mito de la arquitectura moderna, Walter Gropius emergió desde el Modernismo para instalarse en la modernidad. Hijo y nieto de arquitectos, los genes de la arquitectura eran parte fundamental de su ADN. Arquitecto, urbanista, profesor y diseñador alemán de mentalidad e ideología socialista, fundó la escuela de diseño Bauhaus, precursora del uso de materiales modernos y novedosos en la creación original de edificios, muebles y objetos funcionales.

La primera escuela de diseño del mundo incorporó una nueva estética y desarrolló los fundamentos académicos de la arquitectura moderna. Gropius pretendió, consiguiéndolo, que las manualidades y oficios fueran concebidos también como arte en beneficio de una máxima eficiencia entre estética y materiales. En la Bauhaus desempeñó labores de docencia y dirección entre 1919 y 1928, primero en Weimar y posteriormente en Dessau, segunda sede de la institución. En 1930 la escuela se trasladó a Berlín bajo la tutela de Mies van der Rohe, quien transformó por completo el programa académico.

Desde finales de los años veinte, Gropius centró su actividad en los grandes bloques de viviendas —con devoción intensa e imparable— en los que plasmó sus ideas a través de complejos de apartamentos que permitían una construcción rápida que reducía costes y solucionaba problemas urbanísticos y sociales. En 1934 inició el exilio forzado por las inclemencias e intromisiones nazis hacia su trabajo y en la Bauhaus, que terminó cerrándose en 1933.

Tras una corta estancia en Reino Unido, se trasladó a Estados Unidos donde fue catedrático de arquitectura en la escuela de diseño de Harvard. En 1946 fundó The Architects Collaborative, Inc. (TAC), empresa desde la que formó a un grupo de jóvenes arquitectos talentosos y audaces que llevaron a cabo proyectos de gran envergadura como Berlín-Gropiusstadt. A Walter Gropius se le considera el padre del estilo internacional en arquitectura. Sus edificios actúan como imagen especular del estilo de la Bauhaus: simplicidad formal de fachadas lisas y líneas austeras desprovistas de cualquier atisbo de ornamentación. Una combinación de ladrillo, acero y vidrio que otorga contenido estético a la construcción funcional.

Hugo Häring (1882-1958)

Aunque pocos proyectos suyos fueron construidos, Häring destacó como teórico con sus contribuciones sobre la arquitectura orgánica, filosofía de la arquitectura —derivada del funcionalismo y racionalismo— que promueve la armonía, el mimetismo y la integración entre el hábitat urbano y el natural, cuya intención es preservar el orden natural del lugar. Antes de que Mies van der Rohe fuera mundialmente conocido, compartieron estudio de arquitectura. También fue otro de los fundadores de Der Ring.

Además promovió con vehemencia el Neues Bauen, Movimiento Moderno del periodo de entreguerras marcado por la funcionalidad y el uso de nuevos materiales industriales (hormigón, acero y vidrio), que a mediados de los treinta derivaría en el estilo internacional. Entre sus obras destacan las viviendas sociales de Grosssiedlung Siemenstadt (1929-1930) o la urbanización Tío Tom en Berlín–Zehlendorf (1925-1927), en la que se siguieron los preceptos de la arquitectura orgánica. Gran parte de su carrera la dedicó a la docencia.

Erich Mendelsohn (1887-1953)

Tras la Primera Guerra Mundial, este reputado arquitecto alemán se estableció en Berlín-Charlottenburg, am Rupenhorn 6, donde residió muy poco tiempo en su lujosa villa de 4000 metros cuadrados: como arquitecto judío que era, no vio prosperar su carrera en Alemania dado el cariz virulento que tomaron las tendencias antisemitas hacia 1933. Tras el ascenso nazi, su fortuna fue confiscada. Siempre ha sido reconocido por su elegancia estética impactante y por su obra cumbre: el observatorio astrofísico Einsteinturm (1921, Torre Einstein, Potsdam), considerada obra maestra del Expresionismo arquitectónico.

Aunque desde su punto de vista, el empleo del hormigón permitía moldear las estructuras arquitectónicas como si fuesen esculturas, esta torre está hecha de ladrillo y recubierta con estuco. Einsteinturm le procuró éxito, fama y encargos. Mendelsohn fue uno de los grandes arquitectos avant-garde de la República de Weimar. El color blanco, techos planos y lisos, grandes ventanales alargados han sido constantes en su trayectoria. Este máximo exponente de la arquitectura expresionista, con influencias neoclásicas y Jugendstil, emigró a Reino Unido, Palestina y Estados Unidos. Admirador de Frank Lloyd Wright, fue otro de los fundadores de Der Ring en los años veinte en Berlín, adonde se había trasladado en sus comienzos después de vivir algunos años en Múnich.

Egon Eiermann (194-1970)

Este arquitecto, profesor y diseñador de muebles destacó en la segunda mitad del siglo XX. Su corriente y obras confluyen en el Funcionalismo. Formado en la TU de Berlín (1923-1927), trabajó algunos años en Hamburgo antes de asentarse nuevamente en Berlín en 1931. De sus obras sobresalen el edificio Olivetti de Fráncfort del Meno, la iglesia Memorial Kaiser Wilhem de Berlín, así como un edificio de viviendas sociales de Hansaviertel. Entre sus muebles, la mítica silla SE 68 diseñada en 1951 goza de gran aceptación, de hecho Eiermann fue uno de los precursores del mobiliario en serie después de la Segunda Guerra Mundial.

Entre 1931 y 1945 pudo llevar a cabo su carrera de manera autónoma en Berlín, ya que se dedicó casi por completo a las edificaciones industriales que no molestaron a las sensibilidades nacionalsocialistas, con lo que pudo seguir desarrollando su estilo moderno. En 1947 se trasladó a Karlsruhe. Allí fue profesor en la escuela técnica de arquitectura y mantuvo su estudio hasta su muerte.

Mies van der Rohe (1886-1969)

Otro maestro de la arquitectura moderna que acuñó lo de “menos es más” y “Dios está en los detalles”. Incluso hay un premio bienal de arquitectura moderna promovido por la UE que lleva su nombre. Inicialmente, van der Rohe se orientó hacia la arquitectura neoclásica, pero un viaje a los Países Bajos en 1912 le llevó a cambiar de estilo, a raíz del descubrimiento de la obra de H. P. Berlage. Arquitecto y diseñador industrial de piezas de mobiliario de culto, dirigió la etapa final de la Bauhaus hasta su cierre, ocasionado por presiones políticas para que modificara el régimen de estudios de la escuela. Como Walter Gropius, también fue “discípulo” de Peter Behrens (figura indispensable del Movimiento Moderno que acercó el diseño a las masas a principios del siglo XX), en cuyo estudio trabajaron ambos.

En la innovación que caracteriza su estilo arquitectónico predominan el uso de acero y cristal, y ese “horizontalismo” al que tienden sus obras, sobre todo las europeas. Van der Rohe tuvo estudio propio desde 1912, mantenido al principio a duras penas. Centrado en la construcción de residencias de particulares, sus casas revolucionaron el concepto de vivienda; en algunos casos, hoy en día son iconos mundiales de la arquitectura residencial. De sus obras sobresalen el pabellón de Alemania de la Exposición Universal de Barcelona en 1929 —con motivo de la cual también diseñó la popular silla Barcelona—, la casa Farnsworth en Illinois, la Neue Nationalgalerie de Berlín o las Oficinas Bacardi en México. Emigró a Estados Unidos en 1937 huyendo del nacionalsocialismo; allí se dedicó a la docencia. Mies van der Rohe persiguió durante toda su vida la elegancia mediante la simplicidad conceptual y constructiva.

Ulrich Müther (1934-2007)

Hijo de propietario de una empresa constructora, este “maestro constructor de Rügen” —como él mismo se autodenominaba— se graduó como ingeniero civil por la Universidad Técnica de Dresde en 1963. Su prolífica obra pasó desapercibida en occidente hasta que en el año 2000 se anunció la demolición de la Hoja de Arce (Ahornblatt) en Berlín-Alexanderplatz. Fue entonces cuando se desempolvó su legado tecnológico y artístico. Genio del diseño de membranas colgantes y cascarones de hormigón en la antigua RDA, concibió más de cincuenta planetarios, embarcaderos, piscinas o iglesias. Gran aportador al mundo del diseño estructural, Müther además fue uno de los pocos arquitectos de la RDA a los que se le permitió trabajar en el extranjero, en países como Finlandia o Cuba.

En sus formas geométricas prevalecen los cascarones de cemento con un mínimo de espesor, muchas veces ideados como cubiertas aisladas. Müther usó magistralmente el Hyperschale o paraboloide hiperbólico, una superficie alabeada, cuyas secciones planas son todas parábolas, hipérbolas o rectas. Durante toda su vida su mentor fue el arquitecto español nacionalizado mexicano Félix Candela, pionero en este tipo de estructuras. Gran parte de su legado se encuentra en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, estado alemán en el que nació. Su obra es símbolo del progreso del régimen socialista, aunque la unificación alemana supusiera la demolición o el abandono de muchos edificios levantados durante la RDA.

No están todos los que son…

Íntimamente relacionada con la tecnología, la arquitectura, como señaló van der Rohe, depende de su época y ha de ser siempre un símbolo de nuestro tiempo; de todos los tiempos. Es por ello que en el pasado y presente de la historia de la arquitectura de Alemania no podemos ignorar a Friedrich Schinkel (1781-1841), estandarte del neoclasicismo en Alemania y arquitecto estrella del Berlín prusiano y de la familia real; o a Albert Speer (1905-1981), el arquitecto todoterreno de Hitler, quien quiso convertir Berlín en Germania, la capital de edificios, monumentos y avenidas colosales del Tercer Reich. De la tecnología del presente se vale en la actualidad Jürgen Mayer (1965), creador de nuevas formas, como muestra su controvertida obra Metropol Parasol de la plaza de la Encarnación en Sevilla, o Axel Schultes (1943) y Charlotte Frank (1959), artífices de la Cancillería alemana o del —popularizado por las guías de viajes— Crematorio de Berlín-Treptow.

Artículo y fotos de Paco Arteaga publicados previamente en CAI © octubre 2014, revisado 2017

Comments

comments

Pin It

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>